Obama deja la censura de Bush y recibe a los caídos en la guerra

Su antecesor prohibía a los medios de comunicación mostrar la llegada de ataúdes.
En un giro enorme respecto de la política de su predecesor George Bush, y en un acto conmovedor ante cámaras de TV y prensa gráfica, el presidente estadounidense Barack Obama rindió en la noche del miércoles un último homenaje a 18 soldados caídos en Afganistán desde la base aérea de Dover, en el estado de Delaware.

El acto no se había anunciado previamente y los periodistas fueron informados al respecto poco antes de que Obama volara hasta la base militar en la que tuvo lugar.

El gesto está cargado de simbolismo ya que en marzo su gobierno revocó una prohibición muy usada por Bush que impedía a los medios estadounidenses informar sobre la llegada de los cuerpos de soldados norteamericanos muertos en combate. En rigor, Bush siguió una medida tomada por su padre homónimo también presidente durante la primera guerra contra Irak.

Se temía el síndrome de Vietnam, cuando los miles de féretros de soldados regresados a los Estados Unidos aumentó la impopularidad de esa guerra.

En las invasiones a Irak y Afganistán han muerto decenas o centenas -según las fuentes- de miles de personas. EE. UU. cuenta puntillosamente sus propios caídos.

George Bush padre impuso la prohibición durante la primera guerra contra Irak, diciendo que protegía la esfera privada de los familiares de las víctimas.

Sin embargo los críticos de aquel gobierno, que tenía como secretario de Defensa a Dick Cheney, sospechaban que sólo se trataba de una maniobra para evitar las críticas.

Tras la supresión de la restricción dispuesta por Obama, los familiares pueden ahora decidir si quieren permitir o no el acceso a los medios de comunicación a la ceremonia de llegada.

Los 18 soldados a los que Obama rindió un último homenaje la noche del miércoles con honores militares murieron en dos accidentes: siete soldados y tres policías especializados en narcotráfico murieron cuando el lunes se estrelló en Afganistán el helicóptero en el que viajaban.

Otros ocho militares perdieron la vida cuando el vehículo en el que se desplazaban fue alcanzado por una bomba oculta en la carretera.

Bush, bajo cuyo mandato se ordenó invadir ese país asiático tras los atentados del 11-S, visitó a las familias de cientos de soldados que murieron en la guerra pero no presenció ningún funeral militar ni acudió a la base de Dover para recibir los ataúdes.

Se espera que próximamente Obama decida si envía a Afganistán los 40.000 soldados que ha solicitado el comandante al cargo de la misión de la OTAN en el país asiático, el general Stanley McChrystal.

Ayer, Obama dijo que el ser testigo de la repatriación de soldados muertos en Afganistán era aleccionador sobre el "sacrificio" que realizan las tropas estadounidenses. "Fue un aleccionador recordatorio de los extraordinarios sacrificios que nuestros jóvenes hombres y mujeres en uniforme realizan cada día", afirmó Obama. Agregó que la pérdida de soldados pesará en sus decisiones militares.

En Afganistán han muerto unos 1.500 soldados de la OTAN entre los años 2001 y 2009, de los cuales casi 1.000 han sido estadounidenses. Lejos, le siguen Gran Bretaña, Canadá, Francia y Alemania. También murieron decenas de miles de afganos, entre población civil, militar y militantes de los talibán a los que la OTAN combate.

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