Obama defiende la reforma de salud

Mientras Obama vende su plan en el interior del país, una nueva sensación de urgencia se apoderó de los legisladores desde que el presidente dio su discurso, el miércoles pasado, en una sesión conjunta de las dos Cámaras.
Barack Obama llevó ayer el debate sobre la reforma del sistema de salud a una cancha de básquet en Main Street, en el centro de Minneapolis. Allí prometió que su plan terminará con un statu quo que, según las últimas estadísticas, dejará sin seguro médico en algún momento de su vida a la mitad de los norteamericanos de menos de 65 años en la próxima década.

"Me niego a permitir que ese futuro se haga realidad", aseguró el presidente Obama en su mensaje radial de los sábados, antes de dejar Washington para visitar Minnesota, el hogar de la famosa Clínica Mayo. "En Estados Unidos nadie debería preocuparse por quedarse sin seguro médico; ni durante un año, ni un mes, ni un solo día. Una vez que firme mi plan de reforma, nadie más tendrá que hacerlo", agregó, optimista.

Mientras tanto, en el Capitolio, donde las negociaciones para consensuar un proyecto de reforma único se encuentran en una etapa crucial, una nueva sensación de urgencia se apoderó de los legisladores desde que el presidente dio su discurso el miércoles pasado en una sesión conjunta de las dos Cámaras. El propio presidente no para ni un minuto desde entonces. Después del acto sobre la cancha de basquet ya tiene planeado hablar sobre la reforma de salud el próximo martes en un congreso sindical en Pittsburgh y anoche la cadena CBS tenía programado transmitir una entrevista con él en el programa 60 Minutos.

En Minneapolis, las emociones que desató el debate por la reforma estaban a la vista. y algunos forcejeos también. El detractor del plan presidencial intentaba copiar las palabras del congresista republicano que el miércoles acusó a Obama de ser un mentiroso en el medio de su discurso en el Capitolio.

La mayoría de los que ayer hicieron cola para ver a Obama eran simpatizantes suyos y de su plan para reformar el sistema de salud. Los militantes que apoyaban la planificación familiar usaban remeras rosas con la consigna "Asistencia médica para cada comunidad", un grupo de dirigentes sindicalistas vestía de naranja y la asociación de enfermeras eligió un rojo chillón y la frase "RX, Ejerciten sus derechos". Pero el cartel más grande era electrónico y publicitaba la radio que transmitía el evento: "AM 950, la Estación de Radio para la Generación Obama".

Yelva Lynfield, una médica jubilada de 76, estaba dentro de la pequeña multitud rosa. Quería que todos supieran que apoya el plan del presidente, aunque no todos sus aspectos. Rechaza algunos, entre ellos que los inmigrantes ilegales no reciban ninguno de los beneficios del nuevo sistema de salud. "Si a uno de ellos le agarra tuberculosis, no recibe tratamiento y luego me tose encima, tenemos un problema. Tendrían que tener derecho a recibir una cobertura como el resto", aseguró.

Había cientos de personas que habían elegido ser parte de ninguno de los grupos coloridos, sino que echaron mano de las camisetas de la campaña "Obama-Biden 2008" o del día de la victoria. "Necesita nuestra ayuda ahora", explicó Margaret Houlton, de 42 años, cuyo esposo es médico. "Obama está intentando cambiar las cosas y eso es difícil", agregó.

Después de varias semanas de ataques, amenazas y acusaciones del campo conservador, Obama está intentando parar la pelota y contraatacar desmintiendo cada uno de los argumentos de la oposición. Por ejemplo, la denuncia de algunos congresistas y periodistas que sostienen que el plan de la Casa Blanca creará "paneles de la muerte" que decidirán cuándo un anciano o cualquier enfermo grave debe morir. En todos sus discursos explica que eso no es cierto y asegura que no hacer nada y dejar a más de 50 millones de ciudadanos estadounidenses sin cobertura médica no es una opción.

Para mejorar sus argumentos ayer incluyó nuevas cifras de una investigación realizada por el Tesoro norteamericano, que demuestran que en los próximos diez años el 48 por ciento de los norteamericanos menores de 65 años perderán su cobertura médica en algún momento de su vida. Si esa predicción no termina de convencer, el presidente agregó que más de un tercio de la población se quedará sin seguro durante un año, al menos.

Pero los números no terminan de convencer a todos. "La opción pública es una gran idea, pero no una buena idea", insistió Doug Bass, un maestro desempleado de 52 años, que levantaba una pancarta contraria a la reforma a unos pasos de la multitud de simpatizantes de Obama. "No quiero faltarle el respeto a nadie, pero no me gusta eso del Sistema Nacional de Salud como en Inglaterra. Ted Kennedy no fue a Inglaterra para tratar su tumor cerebral", se quejó.

En la entrevista que CBS transmitió anoche, Obama intentó dejar en claro que no le está pidiendo al Congreso que apruebe la reforma tal cual la presentó. Prometió estar abierto a propuestas de sus legisladores y de la oposición. "No tengo ningún interés en aprobar una ley que luego fracase. Eso no sirve", dijo en la entrevista, según algunos extractos que fueron difundidos durante la tarde. "Tengo planeado ser presidente por un tiempo y una vez que la ley sea aprobada, yo seré el único responsable. Por eso tengo el incentivo necesario para que salga bien", explicó.

Después de su discurso en el Congreso, Obama empezó a presionar con más fuerza y retomó el liderazgo del debate. El viernes pasado, lleno de optimismo y con las últimas encuestas a favor, pronosticó que antes de fin de año tendría la reforma lista para firmarla y promulgarla.

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