Obama cambió la historia: será el primer presidente negro de Estados Unidos

A las 2.15 de hoy se imponía abrumadoramente a McCain, que aceptó su derrota; tendrá amplia mayoría en las dos cámaras del Congreso; multitudinario festejo en Chicago; asumirá el 20 de enero; masiva asistencia a las urnas
CHICAGO. El novato senador Barack Obama ya se ha asegurado un lugar grande en la historia: será el primer presidente negro de Estados Unidos.

Portador de un mensaje de cambio que resonó en todo el planeta, el candidato demócrata, de 47 años, logró una victoria abrumadora sobre su rival republicano, John McCain, que a las 2.20 aceptó su derrota y felicitó a Obama, al que llamó por teléfono. "El pueblo habló, y habló claramente", dijo McCain en un acto en Phoenix. Destacó, además, que un afroamericano llegara a la Casa Blanca.

A esa hora Obama ya había triunfado en los decisivos Pensilvania, Ohio, Nueva York, Nueva México y otros 16 estados (Connecticut, Nueva Jersey, Illinois y Massachusetts, entre otros), según informaron las cadenas de televisión locales.

Lograba así 220 de los 270 delegados que se necesitan para ganar en el Colegio Electoral. McCain obtenía 138. Varios cientos de miles de seguidores coparon anoche el centro de Chicago, cuna política de Obama, para festejar que Estados Unidos pudo dar vuelta una pesada página de su historia y elegir a un presidente negro, 44 años después del fin de la segregación racial.

El senador demócrata reemplazará el 20 de enero al impopular George W. Bush y se hará cargo de un país involucrado en dos guerras y golpeado por un huracán financiero que lo dejó en las puertas de la recesión. La economía fue, de hecho, la mayor preocupación de los votantes, según expresaron ayer en los sondeos en boca de urna.

Para guiar a Estados Unidos en uno de los momentos más delicados de su historia, Obama podría contar con un arma decisiva: un Congreso dominado, sin límites, por los demócratas.

Su partido ya contaba hasta ayer con mayorías en la Cámara de Representantes y en el Senado. Pero anoche los demócratas ganaban terreno y se acercaban a una gran victoria que les permitiría aprobar leyes sin que los republicanos puedan demorarlas.

Los comicios fueron el corolario de una campaña inusualmente larga, que entusiasmó y movilizó a los norteamericanos como nunca lo había hecho otra contienda en las últimas décadas.

El fervor cívico se plasmó ayer en las enormes colas que rodeaban los centros de votación de Nueva York a California y de Alaska a Florida.

En algunos estados, como el disputado y crítico Ohio, la participación habría alcanzado el 80% del padrón de votantes registrados, una cifra récord para Estados Unidos, donde el sufragio no es obligatorio.

Sin incidentes de dimensión, los comicios se desarrollaron con tranquilidad, aunque, por la gigantesca afluencia, muchos hicieron hasta cuatro horas de cola para poder votar.

Los norteamericanos, de hecho, habían comenzado a elegir a su presidente hace tres semanas, en los 30 estados donde el voto anticipado está permitido.

Angustiados por el destino de sus casas y de sus empleos, y temerosos del fantasma de un nuevo Florida, 40 de los 187 millones de estadounidenses empadronados votaron antes del día de las elecciones.

La movilización de los votantes fue, de hecho, una estrategia de las dos campañas, en especial de la demócrata.

Hasta último momento de ayer tanto Obama como McCain llamaron a los estadounidenses a que fueran a las urnas.

"Me gustaría recibir su voto. No se desaliente si las colas son largas y hay que esperar", dijo Obama por la mañana.

El pedido de McCain, rezagado en las encuestas desde septiembre, fue más bien una súplica. "Salgan ya y voten. Necesito su voto", dijo el senador republicano, por la tarde.

Ambos candidatos hicieron campaña hasta ayer mismo.

Más relajado por su ventaja en los sondeos, Obama votó en Chicago, estuvo en un acto en Indiana y luego volvió a su ciudad para descansar.

Más urgido, McCain, en cambio, apenas dedicó unos minutos a sufragar en Phoenix y luego voló a mitines en Colorado y Nuevo México, cuyo votos en el Colegio Electoral eran decisivos para mantenerlo en carrera.

En Estados Unidos, la elección presidencial es indirecta y se hace a través del Colegio Electoral. El ganador del voto popular de cada estado se lleva sus delegados, cuyo número es igual a la suma de sus representantes y senadores.

Para alcanzar la Casa Blanca, un candidato necesita 270 de los 538 delegados ante el Colegio Electoral.

En 2000, luego de semanas de incertidumbre por la disputada elección de Florida, Bush logró poco más de ese número de electores a pesar de haber perdido en el voto popular.

Indiana, Colorado y Nuevo México son tres de los estados más disputados de esta elección.

En 2004, fueron ganados por Bush. Sin embargo, a lo largo de esta carrera electoral, se alejaron de los republicanos, signo del descontento con la administración del actual presidente y del poder de movilización y organización del equipo de Obama.

El senador demócrata y su contrincante republicano protagonizaron, durante cinco meses, una campaña única por sus costos y sus métodos.

Obama aprovechó su enorme arraigo en Internet y la fervorosa lealtad de sus seguidores para recaudar 630 millones de dólares contra los 335 millones de McCain.

La ventaja económica le permitió al senador demócrata montar una campaña sin precedente, basada en la movilización de millones de voluntarios en todos los estados del país, incluso en aquellos que tradicionalmente habían votado por los republicanos.

De tensas relaciones con su propio partido, el candidato republicano fue sacudido en el último mes por el cataclismo financiero que comenzó en Wall Street y contagió al mundo.

Al comienzo de la campaña, el senador había logrado afianzarse en los sondeos por su experiencia militar y de seguridad nacional. Sin embargo, esa solidez flaqueó cuando el gobierno de Bush no pudo controlar el huracán económico.

La debilidad republicana en la carrera presidencial parecía anoche trasladarse a las campañas para el Congreso. En la Cámara de Representantes estaban en juego los 435 escaños y en el Senado 35 bancas ?20 de ellas republicanas? debían ser renovadas.

Ya con una mayoría, los demócratas esperaban ganar 20 nuevos asientos en la Cámara.

La oposición también domina el Senado y apuntaba a llegar a un total de 60 sobre 100 bancas, una cifra que la habilitaría a eludir las tácticas de dilación de leyes de los republicanos (ver Pág. 4).

Anoche, los demócratas alcanzaron dos victorias críticas en esa dirección.

Elizabeth Dole, ex precandidata presidencial republicana, perdió su banca por Carolina del Norte ante la demócrata Kay Hagan. Y Jeanne Shaheen venció al histórico senador republicano en New Hampshire.

El anuncio de esos triunfos provocó uno de los primeros festejos masivos en el parque Grant de Chicago anoche.

Allí convergieron, expectantes y ansiosos, cientos de miles de seguidores de Obama para celebrar con él la elección del primer presidente negro y el regreso de los demócratas al poder después de ocho años.

En la campaña de McCain, por su parte, el clima anoche era más cauteloso y hasta resignado.

LAS CLAVES DEL VOTO

Economía: seis de cada diez electores la consideraron el principal tema que debe enfrentar el país. El 70% eligió a Obama.

Nuevos votantes: uno de cada diez electores dijo que era la primera vez que votaba.

Petróleo: el 60% de los votantes favorece las perforaciones frente a las costas del país.

Salud: dos tercios de los que votaron están preocupados por los gastos que deben afrontar.

Terrorismo: el 70% que votó teme otro ataque terrorista.

Hillary: Obama se llevó el 90% de los votos que apoyaron a la senadora en las primarias.

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