Obama cambia la estrategia

El hecho de que el presidente demócrata se dirija a una sesión conjunta en el Capitolio el próximo miércoles es indicador de lo complicado que resulta para la Casa Blanca lograr la aprobación de la reforma sanitaria.
Los asesores en la Casa Blanca están esforzándose por escribir lo que ellos esperan sea un discurso sobre el sistema de salud que dará el presidente Barack Obama que cambie el juego. Presentará las propuestas ante una excepcional sesión conjunta del Congreso el próximo miércoles en un discurso que será emitido en horario central por televisión. Mientras los funcionarios esperan que Obama consiga el tipo de triunfo de oratoria que la nación presenció en los momentos más críticos y precarios de su campaña electoral el año pasado, el impacto del discurso dependerá también de lo que elija decir –o no decir– sobre las posibles soluciones para que la ley sea aprobada.

Las primeras indicaciones parecen señalar una disposición de limitar la visión original del presidente para lograr un seguro para todos. Unos 45 millones de estadounidenses no tienen un seguro de salud. Pero la cobertura para todos significaría abandonar una serie de cláusulas que actualmente están incluidas en versiones del proyecto de ley que circula en el Congreso; éstas han provocado la furia de los republicanos y de algunos moderados en el propio partido de Obama.

El mayor interrogante es qué hacer sobre la cláusula más incendiaria en la mayoría de esos proyectos: la creación de una entidad gubernamental de seguros, que competiría con las aseguradoras privadas, ofreciéndoles cobertura a los consumidores. Los conservadores odian la sola mención, mientras que los progresistas lo ven como una condición sine qua non de un paquete total.

Por cierto, tantos como 80 miembros demócratas del Congreso podrían retirar su apoyo si la opción del seguro público no es parte del trato final. El mero hecho de que el presidente se dirija a una sesión conjunta en el Capitolio es una indicación de lo mal que le han ido las cosas a la Casa Blanca desde que comenzó el esfuerzo por la reforma a finales de abril. También demuestra que Obama se cuida de aquellos que lo han atacado por permanecer tan alejado del proceso y permitir que el Congreso esté atiborrado de propuestas de reforma.

Al apartarse, Obama y sus asesores pueden haberse excedido en el aprendizaje de las lecciones de hace 16 años, cuando el entonces presidente Bill Clinton y su mujer Hillary Clinton, trataron al comienzo de dictarle al Congreso lo que debía estar incluido en la ley, sólo para ver cómo terminaban sus esfuerzos en un total fracaso. Ahora parece que la Casa Blanca de Obama está cambiando de enfoque.

"Prepárese para el miércoles", le dijo el vicepresidente Joe Biden a un think tank en Washington anoche. "Va a ser un discurso importante, exponiendo en términos claros y entendibles lo que nuestra administración quiere que suceda con el sistema de salud y por lo que vamos a luchar". Pero hay riesgos para Obama también. Se dice que algunos dentro de la Casa Blanca estuvieron en contra de una aparición ante el Congreso, no sea cosa que la historia se repita. Clinton hizo lo mismo en una sesión conjunta en septiembre de 1993, cuando su reforma estaba en problemas. Un año más tarde, el paquete de Bill y Hillary Clinton fue declarado formalmente muerto.

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