Obama busca mantener su influencia en Asia

En la primera visita de Barack Obama a Asia como presidente figurará una serie familiar de temas que son pesos pesado: Corea del Norte y su amenaza nuclear; el cambio climático y el enorme desequilibrio comercial de Estados Unidos con China y Japón. Pero su mayor desafío es más fundamental: ¿cómo mantiene Estados Unidos su predominio en una región con la economía más dinámica del planeta?
No es que Washington esté siendo desplazado. Su presencia militar y el paraguas de seguridad cuya presencia se extiende a Japón, Corea del Sur y Taiwan son cruciales para la estabilidad regional, y eso seguirá así hasta que la península de Corea se una, Taiwan cese de ser una espina para Beijing y China y Japón –las dos mayores potencias de Asia– genuinamente se tengan confianza entre sí. En la lucha contra el terrorismo y en manejar desastres naturales como el tsunami de 2004, Estados Unidos juega un rol crucial. Pero otras realidades están cambiando rápidamente. Asia es ahora una superpotencia financiera y económica y está construyendo sus propias instituciones multilaterales. Los acuerdos financieros de China con Africa son una vívida señal de cómo la región se está convirtiendo en un actor global.

Hace una década, Estados Unidos estaba enseñando a los países del sudeste asiático cómo resolver las crisis financieras que casi arruinaron Tailandia e Indonesia. Mañana, Obama llegará a Tokio como líder del país más endeudado en la tierra, con el dólar como reserva internacional cada vez más cuestionado y cuyo propio sistema financiero se mantiene a flote por la disponibilidad de los países asiáticos de comprar bonos del gobierno de Estados Unidos. "Los asiáticos están redefiniendo su región", dice un informe del prestigioso Consejo de la Cancillería. Añade que Washington debe "adaptarse a los cambios en Asia, si Estados Unidos quiere permanecer vital y relevante aquí".

Hasta ahora hubo pocos indicios de lo que Obama va a hacer, aunque la infancia que pasó en Indonesia le da una perspectiva única sobre la región. El cambio principal es una tenue apertura al régimen represivo militar en Birmania. Para el resto, sin embargo, su administración sigue el mismo enfoque que George W. Bush y Bill Clinton. Todos los ojos estarán puestos en el importante discurso que dará Obama en Tokio, explicando su visión del rol de Estados Unidos en Asia. De alguna manera será un equivalente al discurso de junio en El Cairo, que intentó reformular las relaciones entre Washington y el mundo islámico. Nuevamente sus palabras serán sin duda optimistas. Lo que en la práctica cambiará es otro asunto. La desconexión entre las apariencias y la realidad estará totalmente expuesta durante el segundo tramo de su visita a Singapur, en la cumbre de las naciones asiáticas del Pacífico (Apec). Nominalmente, esta reunión es la más exaltada de los encuentros multilaterales que unen a los países asiáticos entre sí y con Estados Unidos y la otra gran potencia del Pacífico, Rusia. La verdad, sin embargo, es que las reuniones de las 21 naciones tienden a ser, en estos días, recordadas sólo por las fotos bizarras de los líderes reunidos vestidos con trajes locales.

Cada vez más, el cuerpo regional que importa es Asia-más-tres, que enlaza a los 10 miembros asiáticos con China, Japón y Corea del Sur, las tres potencias económicas. Ese cuerpo está ahora hablando con Rusia y con Estados Unidos. Con el peso de Asia reflejado en el G-20 –que efectivamente está reemplazando al G-8 dominado por Estados Unidos y Europa como el grupo que dirige la economía global–, algunos expertos dicen que el Apec simplemente debería desaparecer.

En realidad, la imagen más asombrosa de Singapur este fin de semana puede muy bien no tener nada que ver con el Apec, sino que mostrará a Obama en la mesa con sus contrapartes asiáticos –la primera vez que líderes de Estados Unidos y la junta birmana han estado en la misma habitación–.

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