Obama baraja los nombres de su equipo

Leales de su época de Chicago y representantes de la era Clinton formarán parte de su gabinete y de su círculo de confianza. Por Inés Capdevila
WASHINGTON.- Si hace ocho años Texas se apoderó de la capital norteamericana, ahora es el turno de la invasión que llega desde Chicago.

Con la transición en plena ebullición, el que sería el gobierno de la renovación, de la nueva manera de hacer política, toma forma. Y Barack Obama planea un gabinete integrado por sus leales amigos de Chicago y por experimentados funcionarios de la última administración demócrata, la de Bill Clinton.

El 20 de enero próximo, el primer presidente negro de Estados Unidos entrará a la Casa Blanca rodeado de los hombres y mujeres que lo acompañaron en los últimos 20 años.

Educados todos en el difícil mundo de la política y de los negocios de Chicago, ellos se preparan ahora para ser funcionarios del nuevo gobierno o, simplemente, para mudarse a Washington y estar cerca del próximo mandatario.

David Axelrod fue, de ellos, el que tuvo un rol más decisivo en la elección. Este ex periodista y jefe de la campaña de Obama fue el cerebro de la victoria sobre John McCain. Sin embargo, ni él ni su segundo, David Plouffe, se instalarían en Washington. Los demócratas temen que, si lo hacen, el próximo mandatario politizaría la Casa Blanca, como George W. Bush lo hizo al convertir a su estratego electoral, el polémico Karl Rove, en una figura determinante de su presidencia.

A diferencia de Axelrod y Plouffe, Valerie Jarrett sí encontrará lugar en la capital. Nacida en Irán, esta empresaria inmobiliaria comparte con Obama un origen multicultural y la pasión por la política.

Intima amiga de Michelle Obama, Jarrett es, además, la confidente más leal del senador. Conoció al presidente electo en 1991, cuando ella era la jefa de la futura primera dama en la alcaldía de Chicago. Hoy conduce la transición con John Podesta y en la Casa Blanca podría ser una de las principales consejeras de Obama. Ocuparía la Secretaría de Vivienda, aunque el proceso de aceptación legislativa de su nominación podría encontrar trabas. Jarrett hoy dirige una empresa acusada de descuidar los edificios públicos que administra en Chicago.

En el círculo de extrema confianza de Obama, una mezcla de amigos de siempre, y empresarios y políticos poderosos, otra mujer sobresale.

Heredera de la cadena de hoteles Hyatt, Penny Pritzker fue una de las primeras donantes que tuvo el futuro presidente cuando se lanzó su candidatura al Senado, en 2002.

Seis años después, ella fue la responsable de dirigir la revolucionaria y exitosa campaña de recaudación de fondos que le permitió a Obama derrotar a McCain. Pocos creen que Pritzker abandone sus empresas, pero muchos estiman que, aun así, no perderá su puesto de asesora privilegiada del futuro mandatario.

En Washington, Jarrett liderará el grupo llegado de Chicago junto con Rahm Emanuel, el próximo jefe de gabinete. Millonario inversor y curtido miembro de la Cámara de Representantes, Emanuel es conocido por su carácter irascible y confrontativo.

Aunque su designación le servirá a Obama para asegurarse una relación efectiva con el Congreso, ya le ganó críticas. Dirigentes republicanos acusaron al presidente electo de quebrar su promesa de una nueva política bipartidista al seleccionar a Emanuel.

El futuro mandatario, sin embargo, buscaría mantener esa bandera de campaña en otras carteras.

Robert Gates, actual secretario de Defensa, podría mantener su cargo después del 20 de enero. De no ser él, el responsable de la cartera que debe manejar las guerras de Irak y de Afganistán sería el senador republicano Chuck Hagel.

Incluso Obama podría dar un golpe de efecto si, como especula la prensa local, designa al gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, secretario de Energía.

Obama tiene buenos lazos con varios republicanos, entre ellos el senador por Indiana Richard Lugar, a quien ha reconocido como uno de los hombres que "formó" sus ideas y que estará cerca de él en la Casa Blanca.

Varios colegas de Schwarzenegger encontrarían también lugar en la Casa Blanca: Janet Napolitano y Deval Patrick, gobernadores de Arizona y de Massachusetts, respectivamente, competirían por la Secretaría de Justicia. Y Kathleen Sebelius, gobernadora de Kansas, podría comandar el Departamento de Salud.

Por su parte, Bill Richardson, gobernador de Nuevo México es uno de los candidatos a suceder a Condoleezza Rice, en el Departamento de Estado, junto con el senador y ex candidato presidencial John Kerry y Richard Holbrooke, ex embajador norteamericano ante las Naciones Unidas.

Experiencia vs. renovación

Richardson y Holbrooke fueron funcionarios de Bill Clinton al igual que los dos principales contendientes al Departamento del Tesoro: Lawrence Summers, ex presidente de Harvard, y Timothy Geithner, presidente de la Reserva Federal de Nueva York.

Otro asesor del último presidente demócrata podría encontrar lugar en el futuro gobierno. Anthony Lake fue asesor de Seguridad Nacional de Clinton. Y ocuparía ese mismo cargo si Obama no elige, en cambio, a Susan Rice, ex subsecretaria de Estado para Africa y cabeza del equipo de la campaña que diseñó la política exterior.

Por un lado, apelar a ex funcionarios demócratas le da a Obama la experiencia que él no tiene y que va a necesitar, apenas asuma, para hacer frente a la peor crisis financiera en 80 años y a dos guerras.

Por el otro, debilita su gran bandera de campaña, la de la renovación, al punto de que muchos en Washington hablan ya de un tercer mandato de Clinton.

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