Obama anunció un vasto plan para regular los mercados financieros

Dijo que es la mayor reforma desde la Gran Depresión. Busca evitar los abusos.
Nadie está realmente contento. Para algunos la reforma del sistema financiero que anunció ayer el presidente Barack Obama es demasiado tímida. Para otros va demasiado lejos y la califican de "socialista".

Todos, sin embargo, reconocen que se trata de la reforma más ambiciosa desde la Gran Depresión.

El objetivo principal de la reforma es impedir mediante una nueva serie de regulaciones que los abusos y excesos que provocaron la crisis financiera en curso puedan repetirse.

"Los innovadores que buscaban una ventaja en los mercados crearon una gran variedad de instrumentos financieros" explicó Obama. Y el jefe de la Casa Blanca siguió: "Estos productos tenían como objetivo diluir el riesgo, pero en realidad lo concentraron". Luego explicó: "Se dieron préstamos a los bancos, estas entidades los convertían en valores y los inversionistas los compraron sin saber el riesgo que corrían.Fue dinero fácil mientras duró, pero todo esto fue construido sobre una montaña de arena".

Para terminar con ese tipo de operaciones, el plan de Obama gira en torno a tres ejes: la Reserva Federal tendrá más poder para regular el funcionamiento de los mercados. En segundo lugar, se crea una agencia de protección al consumidor para evitar los abusos de las tarjetas de crédito. Y, por último, mediante una serie de medidas, se buscar cerrar "las brechas" que existen en los mercados internacionales para eludir las nuevas regulaciones.

Anticipándose a las críticos que, tras escuchar el anuncio, caracterizaron a su plan de "socializante", Obama dejó bien en claro que los cambios que propone no van en contra de la libertad de mercado sino todo lo contrario. Busca que los mercados funcionen mejor. "Siempre he creído en el poder del mercado. Ha sido y seguirá siendo el motor del progreso de Estados Unidos, la fuente de prosperidad sin precedentes en la historia", enunció.

Según Obama, es necesario "restablecer un mercado donde se recompense el trabajo, la responsabilidad y la innovación", y "no, la irresponsabilidad y la codicia".

El presidente norteamericano considera que el nuevo sistema debe funcionar tanto para los empresarios como para los consumidores y debe reforzar la competencia vigorosa y honesta más que la viveza.

Obama también buscó anticiparse a las críticas de quienes piensan que debería haber ido mucho más lejos. El presidente explicó que, en vez de cambiar todo el sistema regulatorio, había optado por concentrarse fundamentalmente en "las debilidades estructurales que facilitaron la crisis".

Pese a sus esfuerzos, en cuanto terminó el discurso, llovieron las críticas de uno y otro lado. "Los republicanos están de acuerdo en que había que hacer algo para proteger al inversor promedio de la pérdida de sus ahorros al mismo tiempo que se asegura el libre fluir del crédito para mantener a las pequeñas empresas vivas a fin de crear empleos", se explayó el presidente del Partido Republicano, Michael Steele, en un comunicado. "Pero como ya lo hemos visto con las compañías de autos, los bancos, las firmas hipotecarias o con nuestro sistema de salud, la solución del presidente es darle al gobierno federal más poder para microadministrar la economía estadounidense", disparó.

Por su parte, el senador Bernard Sanders, un progresista independiente de Vermont, calificó al plan de Obama de "paso en la dirección correcta" pero insuficiente. "Para comenzar, deberíamos establecer una ley contra la usura de manera tal que los bancos no puedan cobrar esas increíbles tasas de intereses", opinó.

"También tenemos la responsabilidad de hacer algo ahora para impedir que los especuladores de Wall Street manipulen el precio del petróleo de manera tal que el precio de la nafta no aumente más de 3 ó 4 dólares por galón este verano", concluyó.

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