Obama, ante su prueba de fuego regional.

Esta semana se encontrará con los mandatarios de los países de América para tratar la crisis económica y la política hacia Cuba.
Uno de los indicadores que se usan para medir el interés por un tema es la cantidad de seminarios que se organizan alrededor suyo. Y en esta ciudad no pasa un día sin que se abra un nuevo foro de debate sobre la Cumbre de las Américas, que comenzará el viernes próximo en Trinidad y Tobago y que será escenario del primer encuentro del presidente Barack Obama con los líderes de la región, incluida Cristina Kirchner.

Será una prueba de fuego crucial para ver el tono que le impondrá la nueva administración norteamericana a las relaciones con América latina. Durante el encuentro habrá seis grandes temas en la agenda: economía, energía, seguridad pública, gobernabilidad democrática, medio ambiente sustentable y reafirmación del proceso político que implica el sistema de Cumbres de las Américas.

"Yo no se si tanta expectativa, al final, es buena o mala", bromeó Peter Hakim, presidente del Inter American Dialogue, un "think tank" que ha tomado el tema como bandera.

Su ironía aludió a lo que suele latir bajo estos foros: el miedo a que descarrilen entre un escándalo político saturado de exabruptos, como queda el recuerdo de lo ocurrido en Mar del Plata. O, en el extremo opuesto, que languidezcan con el sopor de un brindis al sol.

La cumbre posee todos los elementos para quebrar ambas normas. Tiene a favor la presencia de un nuevo presidente de los Estados Unidos "que habla un idioma distinto, que ha despertado enormes expectativas y que es querido por todo el mundo", según sintetizó ante La Nacion el ex mandatario chileno Ricardo Lagos, de paso por esta ciudad.

Y tiene en contra una fuerte dosis de ansiedad para que ese cambio se traduzca en hechos concretos. Por un lado, en un nuevo tono en la relación de Washington con América latina.

"El presidente Obama no trae un gran plan armado. No tiene intención de hacer política para la región sino con la región. Viene más a escuchar que a hablar", anticipó el consejero especial para la Casa Blanca en la Cumbre, Jeffrey Davidow.

El nuevo funcionario es un conocedor de la región: fue embajador en México y en Venezuela. Y, estudioso de las relaciones políticas dentro del bloque, es quien viene trabajando en determinar la posición de Estados Unidos en lo que, posiblemente, sea la principal y ?tal vez? única posibilidad de interacción con Obama para el conjunto de sus líderes.

El otro gran tema

Cuba no integra la agenda de modo formal, pero es el otro gran tema. "Hace mucho que no había tanta expectativa con Cuba en una cumbre" admitió Hakim. La ansiedad viene alimentada por las reiteradas señales de la Casa Blanca de que espera flexibilizar el bloqueo que, desde hace cuatro décadas, mantiene sobre la isla.

Todo, con el desafío de buscar soluciones conjuntas para una crisis económica global, que tarde o temprano alcanzará a todos y que, a diferencia de cualquier otra que envolvió a la región, esta vez fue "importada" y no hecha en casa.

La cuestión de hasta dónde se llegará con Cuba es un misterio. Si se sabe hasta dónde no hay intención de llegar. Al menos, por el momento: "Cualquier flexibilización que se adopte no significa el levantamiento del embargo", subrayó el vicepresidente Joe Biden en su reciente viaje a Chile.

La expectativa por una modificación en el embargo comercial se generó hace cuatro semanas, cuando un informe del senador Richard Lugar señaló que esa política había sido no sólo "inútil" e "inadecuada" para minar el régimen de Fidel Castro, sino que, incluso haya tenido el efecto inverso. Lugar es el principal vocero republicano en materia de Relaciones Exteriores. Y su crítica posición fue un verdadero revulsivo en esta ciudad.

Desde entonces, todo pareció escalar en intensidad. Hubo viajes de senadores negros a la isla, discursos de buena voluntad, un listado de países y de organizaciones que ?sin que nadie se los pidiera? se ofrecían como "puentes" entre La Habana y Washington. Hubo medidas parlamentarias para flexibilizar el bloqueo. Todo parecía cobrar velocidad. Hasta que, de pronto, la Casa Blanca pareció poner en claro a qué velocidad quiere poner a prueba el expediente.

"Nuestra relación con Cuba es compleja. Nos gustaría ver una Cuba que permite a su gente la misma clase de derechos que reconocen los países democráticos que forman parte de la Cumbre", dijo el embajador Davidow.

Para el diplomático, sería "desafortunado" que Cuba se convirtiera en el tema central del encuentro. Y eso abre diferencias con algunos de los países asistentes, entre ellos, Brasil, donde el presidente Lula considera que el futuro de la relación con la isla será ?justamente? el "gran test" del encuentro regional.

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