Obama admite "fallas inaceptables" en la seguridad de Estados Unidos

Desde 2001, Washington invirtió 40.000 millones de dólares en controles aéreos. Pero el ataque frustrado en el vuelo de Navidad reveló que aún puede colarse un terrorista. El presidente habló de "deficiencias" en inteligencia interna y externa.
De poco han servido los 40.000 millones de dólares que EE. UU. invirtió en mejorar los controles de seguridad aérea desde el 11-S. El presidente estadounidense, Barack Obama, declaró ayer que el atentado fallido en un vuelo a Detroit en Navidad mostró "fallas sistemáticas" en el departamento de Seguridad Interior e inteligencia que consideró "totalmente inaceptables".

Algo ocurrió para que un joven nigeriano, que figuraba en la lista de sospechosos de terrorismo del Ejecutivo federal, obtuviera una visa de turista y se colara en un vuelo comercial con un dispositivo explosivo sin que saltaran las alarmas.

"Hubo una mezlca de fallas humanas y sistemáticas lo que contribuyó a este potencial atentado contra la seguridad", añadió Obama, en un alto en sus vacaciones en Hawai. El presidente exigió a sus funcionarios para mañana mismo un informe preliminar de los errores. El mandatario indicó que "es esencial que diagnostiquemos los problemas rápidamente''.

El ataque fallido expuso a la luz que el masivo impulso por la aplicación de nuevos sistemas de alta tecnología -que prometen en algunos casos una capacidad casi de ciencia ficción para detectar y comunicar amenazas- no ha resultado suficiente muchas veces y que se malgastaron miles de millones de dólares en equipos que no funcionan o están atrasados, señaló The Washington Post.

El Departamento de Seguridad Interior (DSI) y organismos de inteligencia gastaron miles de millones de dólares en la creación de sistemas de seguridad, incluidos más de 795 millones para investigación y desarrollo de equipos de control de alta tecnología.

Pero las listas "negras" del gobierno no lograron identificar al nigeriano Umar Farouk Abdulmutallab como un terrorista posible, a pesar de que su nombre había sido incluido en una de las bases de datos más importantes después de que su padre advirtió a los funcionarios que podía ser una amenaza. Y ninguno de los equipos de control de alta tecnología que estaba creando la Dirección de Ciencia y Tecnología de Seguridad Interior fueron utilizados.

Según informes oficiales, un manejo equivocado de las investigaciones, preocupaciones por la seguridad, los elevados costos de instalación y, en algunos casos, la oposición de la industria y del Congreso impidieron el despliegue generalizado de 10 sistemas en aeropuertos de EE. UU. y el extranjero. También hubo oposición de organizaciones de libertades civiles, que se oponían a algunos aparatos argumentando violación de la intimidad.

Tras los atentados del 11-S, el sistema de seguridad fue remodelado y se invirtieron, según The New York Times, 40.000 millones de dólares. En estos ocho años, se han incorporado a los aeropuertos 45.000 empleados para controlar los arcos de detección de metales y se han instalado 1.600 máquinas de rayos X para revisar las maletas facturadas.

En el año 2004, la Agencia de Seguridad en el Transporte apostó por la instalación de una nueva generación de máquinas, que costaba cada una unos 160.000 dólares y que expedía aire sobre el pasajero para detectar trazas de explosivos. El Times aseguró que se compraron algo más de 200 máquinas pero los aparatos se revelaron demasiado sensibles para el entorno de polvo de los aeropuertos y cayeron en desuso.

Los cambios que se han aplicado desde 2001 han sido obvios para los usuarios de los vuelos comerciales, que han tenido que descalzarse para pasar los controles, atravesar arcos adicionales de seguridad y desprenderse de todo tipo de líquidos y objetos punzantes antes de entrar en un avión.

Pero los expertos consideran que esas medidas de seguridad no han sido suficientes ante el desafío de Al Qaeda, en parte por problemas burocráticos, y también por las propias reticencias de las compañías aéreas, que no querían empeorar su propia crisis sectorial con medidas incómodas que disuadieran a los viajeros.

Una de las propuestas que ya se ha puesto en marcha a partir del atentado fallido en el vuelo de Navidad es la obligación de que los pasajeros no se puedan mover de sus asientos, ni acceder a su equipaje de mano ni a sus aparatos electrónicos, durante la primera y ultima hora de vuelo.

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