Obama acelera el rescate económico.

Entre los republicanos y muchos demócratas centristas existen dudas sobre la efectividad del plan. Lo que se preguntan es si realmente es un plan de reactivación y no un simple plan de gasto público. Obama dijo que hay que actuar ya.
En su tercer día de gobierno, Barack Obama se dedicó a la economía. Ayer se reunió con los líderes parlamentarios demócratas y republicanos y les pidió apoyo para que el Congreso apruebe su paquete de medidas económicas contra la crisis a más tardar a mediados de febrero. Estaban Nancy Pelosi y Harry Reid, los líderes demócratas en Diputados y en el Senado, y sus pares republicanos John Boehner y Mitch McConnell. Obama también les anunció que para la misma fecha hablará ante el pleno del Senado y la Cámara, en lugar de realizar el habitual discurso del Estado de la Unión con que los presidentes comienzan el año.

“Sé que es difícil hacer algo tan sustancial como lo que estamos haciendo ahora –dijo Obama durante la reunión en la Casa Blanca–. Reconozco que hay sobre la mesa algunas diferencias entre la administración y los miembros del Congreso en torno de algunos detalles del plan (una manera minimalista de referirse a los cuestionamientos a su plan).” Entre los republicanos y entre muchos demócratas centristas existen visibles dudas sobre la efectividad del plan propuesto por Obama.

Básicamente, lo que se preguntan estos congresistas y senadores es si realmente es un plan de reactivación y no un simple plan de gasto público. El otro nivel de cuestionamiento es sobre cómo pagar los 825.000 millones de dólares que se propone invertir. El plan implica transferencias sustanciales a los estados –provincias– para reparar y ampliar infraestructuras, y para subvencionar sectores como la educación. En general, estos gastos se financian con la aplicación de bonos, es decir, con fondos prestados por extranjeros. Pero la globalidad de la crisis y la desconfianza hacia el dólar hacen más difícil que los clientes habituales –China y los países productores de petróleo– tomen los bonos.

Los republicanos en particular señalan que si no se pueden colocar bonos el déficit fiscal será inmenso, de un nivel nunca visto e imposible de sostener. Y que si se colocan los bonos, “no será nuestro dinero el que se gaste sino el de nuestros hijos, que tendrán que pagar esta deuda”.

Pero todos los bandos entienden la urgencia política de mostrar acciones, ya que el jueves el Departamento de Trabajo informó que la semana pasada se perdieron 62.000 puestos de trabajo en el país. Así, el desempleo en Estados Unidos ya empató al registrado en 1982, al fin de una recesión particularmente aguda. “Estamos experimentando una crisis económica quizá sin precedentes que debemos enfrentar y enfrentar rápidamente”, expresó Obama. El presidente pidió a los republicanos que le hicieran propuestas para incluir en el plan, y escuchó el pedido de cortes en los impuestos personales e incentivos fiscales para reanimar el mercado inmobiliario.

Obama explicó que su paquete de estímulo permitirá salvar o crear de tres a cuatro millones de puestos de trabajo con 275.000 millones de dólares en deducciones fiscales, más 550.000 millones en gastos en infraestructura y ayuda a gobiernos locales en programas de salud, entre otros.

El flamante vocero de la Casa Blanca, Robert Gibbs, dijo que en la reunión “hubo acuerdo en que tenemos que actuar rápidamente para estimular la economía (...) y hubo un compromiso para asegurar que los fondos apropiados para lograrlo se consigan rápidamente”. Gibbs también confirmó que ayer se realizó la primera reunión diaria del presidente con sus asesores económicos, una nueva modalidad creada por Obama. Los presidentes norteamericanos comienzan el día de trabajo con una reunión con sus asesores de inteligencia y seguridad. Obama, para remarcar la prioridad que le da a la crisis, le agregó otra sobre temas económicos.

La demócrata Nancy Pelosi, que preside la Cámara de Diputados, también aportó al sentido de urgencia del gobierno anunciando que la fecha tope para aprobar el plan es del 16 de febrero. “Si eso no ocurre, no habrá receso y la Cámara seguirá en sesiones para aprobarlo antes del 28”, dijo Pelosi. Pero los republicanos Boehner y McCo-nnell no parecían muy impresionados y explicaron que “nos preocupa el tamaño del plan... gastar casi un billón de dólares nos parece demasiado”.

Otro frente de posibles problemas económicos surgió durante la audiencia de confirmación de Timothy Geithner, candidato de Obama a secretario del Tesoro. Geithner, que se reunió ayer a puertas cerradas con el presidente después del encuentro con los congresales, realizó esta semana una declaración llamativa en el Congreso. “El presidente Obama, apoyándose en las conclusiones de un amplio conjunto de economistas, cree que China está manipulando su divisa”, dijo el candidato. Durante ocho años, el presidente George Bush evitó con gran cuidado el uso de la palabra “manipular”, con lo que los dichos de Geithner sonaron a una declaración de guerra.

Geithner agregó que Obama aboga “usar agresivamente todas las instancias diplomáticas disponibles para lograr que China altere sus prácticas monetarias”. Desde hace años Estados Unidos sostiene que China mantiene artificialmente subvaluado el yuan frente al dólar para hacer sus exportaciones más competitivas y baratas. Pero el gobierno de Bush nunca dijo abiertamente que esto se debiera a una política deliberada de los chinos, prefiriendo contactos privados para tratar de convencerlos de revaluar su moneda.

Para muchos observadores, la abierta observación de Geithner anuncia una nueva política de confrontaciones con China. Es que ya resulta evidente que el gobierno chino no va a intentar salir de la crisis cultivando su mercado interno sino exportando aún más, exactamente lo contrario que esperaría Estados Unidos.

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