Más que nunca, la "mesa chica" y bien radical

El ascenso de Rodríguez, acelerado el miércoles por el anticipo exclusivo de infoeme.com, estaba pensado para diciembre como parte de la oxigenación. Pero también marca la concentración de funciones en muy pocos. José puede manejar el Municipio con sólo reunirse con dos personas.
"José Eseverri, si quiere, hoy puede manejar el Municipio desde el quincho de su casa". La lectura no es académica, ni muy lucida, pero tiene un valor fundamental como gráfica del poder local: se la dijo a este cronista un militante peronista que, además, es asistente social. Es decir, conoce el paño de construcción de un Gobierno, pero aparte mide adecuadamente el alcance de las funciones, vastísimas, que acaba de encarar el futuro ex secretario de Cultura local, Eduardo Rodríguez.

Patricia Seijo, actual secretaria de Desarrollo Social y lista ya para dejarle el puesto, sabía desde hace rato que sus días al frente de la dependencia estaban contados y se enteró de la decisión tomada probablemente el martes por la noche. Horas después, infoeme.com adelantaba el cambio (*).

Rodríguez asume una cartera ampliada cuya llegada en el territorio es enorme. Tendrá a su caso la cultura, los centros de día pero también La Máxima, la educación local pero también el Consejo Económico, las fiestas públicas de miles de personas y los dramas privados de miles de familias. Incluso varios le preguntaron "¿no será mucho, Eduardo?", y él mismo contestó con una broma que no despejaba el interrogante.

De todos modos, no es eso lo importante. No la enumeración de cada cosa sino la cantidad total, abrumadora, que valida la frase que abre estas líneas: "puede manejar el Municipio desde su casa".

Le basta, para ello, juntar a su "mesa chica", más vigente que nunca. Con sólo reunir en su despacho a Vitale y a Rodríguez, el Intendente puede tomar definiciones políticas, presupuestarias (Vitale es interino de Hacienda) y sociales, a las que agregará las culturales y deportivas.

La salida de Seijo no fue equiparable a un reemplazo común y corriente. A su desplazamiento le sucedió un concentración de funciones en manos del funcionario que logró, sobre la base de la confianza del Intendente, hacer subir exponencialmente el presupuesto anual en Cultura. Y tal vez uno de los de mayor exposición política en los últimos tiempos.

Un primer cambio es ya evidente. Hasta el momento, el Ejecutivo había asegurado que la derrota del 28 de octubre se había producido, antes que nada, por "problemas de comunicación". En esa hipótesis, el trabajo político del Gobierno no había tenido fallas: sólo había que cambiar el modo de transmitir los logros.

La abrupta salida de Seijo y su reemplazo por Rodríguez marcan que, en el fondo, el intendente José Eseverri entiende que ha problemas más profundos. Y el hecho de que se sustituya a la responsable de las políticas sociales antes que a nadie más muestra que el Ejecutivo comienza a entender que en la elección del 28 de junio lo que quedó a la luz fue una considerable falta de dominio territorial.

Más allá aún, al colocar al mando de las políticas territoriales a un hombre de su extrema confianza, Eseverri detecta que el viejo modo de hacer política a través del clientelismo (Juan Aranzábal al frente del área en era Helios Eseverri es el máximo exponente de esa, para muchos reprobable, eficiencia electoralista) no ha sido reemplazado en su gestión por otra maquinaria del tipo que fuere pero con similar éxito a la hora del recuento de votos.

Aranzábal era el funcionario con el cual casi nadie quería fotografiarse, pero el que lograba la máxima eficacia de intercambio de favores políticos por votos. José no logró instalar allí al equivalente "progre", con rostro humano, de Aranzábal. Y perdió.

José ha sellado una "mesa chica" de neto corte radical, de origen en la Coordinadora (como el ahora un poco más alejado, tras las fallidas encuestas, Luis Mosquera), todos sin retorno posible a la UCR, todos empapados del estilo de conducción hermético y para pocos.

De todos modos, esa mesa íntima y cerrada que deberá demostrar su real capacidad para "vender" la imagen de José Eseverri y lograr que la gestión despierte amores en el electorado, no debe esconder su real condición: ahora Eseverri tiene bajo su mando a dos mariscales políticos. Todavía no se sabe si lo llevarán a la victoria o no, pero es ya un dato que compiten entre sí. Vitale y Rodríguez nunca fueron amigos entre sí.

El cambio de funcionarios, además, debe ser analizado en el contexto en el cual se produce.

Por un lado, el trío planta un cerco de confianza para el Intendente en un contexto político local para la desconfianza. Además de pobre en los resultados, el tratamiento del tema de las cámaras en el Concejo Deliberante le mostró al Ejecutivo la peor cara de la cambiante relación con Julio Alem.

Con el duro sermón que le dio a María Irene Blanco, Alem prácticamente dinamitó sus posibilidades de ser reelecto presidente del Concejo Deliberante a partir de diciembre. José está ahora en la disyuntiva de hacer regresar a José "Pepe" Valenza de Ioma (una alternativa muy complicada porque Valenza no quiere y porque para volver debe desplazar a Roberto D`Amico, una pata gremial) o cederle la presidencia a un curista, tal vez Ignacio "Nacho" Aramburu.

Como sea, necesita un Ejecutivo consolidado y de su máxima confianza, dispuesto a pelear el territorio palmo a palmo porque, precisamente, el contexto seccional tambiñen se modifica. Pero, además, se peroniza en extremo.

Al hecho de que tras el resultado del 28 de junio dejó a la Séptima Sección sin jefes políticos, el eseverrismo le agrega otro, que suma a sus previsiones para 2011: están volviendo a tener peso los viejos caudillos seccionales del PJ.

Como analizó el propietario de una banca K en la Legislatura provincial, "hace seis meses, arriba te decían `salí y pegale a Isidoro (Laso)´; hoy les pedís algo y te dicen `hablalo con Isidoro´". Y si el cacique bolivarense está de vuelta, el dato no es menor.

Y en ese caso conviene tener un Ejecutivo que marque territorio.

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