Numerosos santarroseños disfrutaron el aire libre

Se habla del regreso de la canasta, los juegos de mesa y jornadas a pura película. Todo sea para sobrellevar la temporada de gripe, que dicen recién empieza. Los adolescentes son los que más se quejan y esperan ansiosos la tregua del "Día del Amigo".
"Nos acordamos de la gripe sólo cuando tenemos que salir porque no hay nada abierto", confiesan entre risas las chicas. Florencia y Brenda tienen catorce años y esperan a sus amigos en las escalinatas del monumento a San Martín, en la plaza del centro, unas de las pocas cosas que se pueden hacer por estos días en la ciudad, como explican.

Pese a los pronósticos de fríos tan severos, la tarde de sol de este sábado ha rescatado a muchos del encierro, en medio de la emergencia sanitaria. La mayoría habla de precauciones e incluso los más escépticos de esta pandemia admiten un poco de temor y algunos cuidados extra.

Como muchos chicos de su edad, las adolescentes sienten que estas vacaciones van a ser muy largas. "Es la primera vez que extrañamos el colegio", bromean. Reuniones con amigos en alguna casa y películas son la vuelta que le encontraron a la influenza, de la que se protegen lavándose las manos "como siempre" y saliendo abrigadas. "Nos gusta ir al cine, pero no así: te tenés que sentar separado y es preferible esperar que pase el peligro de la enfermedad porque da miedo".

A unos pocos metros, Jorge (19) toma un helado con su novia. "No he adoptado ninguna medida de seguridad excepcional porque estuve con gripe y ya está", relata el joven, que confía en la inmunidad ganada luego de la batalla contra el virus que libró durante dos semanas en cama. El único cambio que trajo la alerta por la enfermedad en su vida cotidiana viene de afuera. "Está todo cerrado, con fajas que hablan de la nueva disposición municipal".

Tendencias.

El centro vuelve a llenarse de peatones, aunque el viento cada vez más fresco, no se las hace tan fácil. "Se nota mucho que ha bajado la cantidad de gente circulando y los que vienen están muy atentos a los recaudos para no contagiarse", dice el mozo de uno de los bares cercanos a la plaza.

Igual que sus colegas de la zona, ha observado que las personas se sientan a cierta distancia, se lavan las manos más seguido y se ponen el brazo para toser. "En el negocio, lavamos la rejilla con más frecuencia, pero nosotros no usamos barbijo y eso que estamos bastante expuestos", señala.

En otro café, un grupo comparte una charla animada. Entre las tazas vacías, hay un frasquito del oro de esta fiebre de asepsia, alcohol en gel. "Es muy común que los clientes lo traigan o te pidan el dispenser que tenemos sobre el mostrador", explica Luciano (21), empleado del lugar, recién vuelto de una gripe, que lo tuvo al margen del mundo siete días.

Las personas van al baño mucho más que antes y el "jabón no dura". Otra moda que cambió la escena de su local son los clientes que se protegen con bufandas o pañuelitos. La separación de un metro, que respeta la mayoría de los que llegan, se vio reforzada por la ordenanza de sacar diez mesas, relata Jorge (47), que atiende en el bar y maneja sus propias estadísticas en todo este meollo, que junta ciencia, cifras, titulares y saber popular.

"La gente ha tomado conciencia, pero está incrédula porque, de diez que hablás, siete piensan que es mentira o que no es tan grave", apunta, mientras se toma un descanso. Las personas, dice, siguen saliendo y, a falta de otros sitios adonde entretenerse, se reúnen a tomar un café porque no les queda otra alternativa. "Esta semana nos fuimos todos los días a las tres o cuatro de la madrugada, aunque la cantidad de público, claro, no es ni cerca de lo que era antes".

La encargada de otro local del centro corrobora este cuadro de situación, pero dice que desde su bar no se han extremado las medidas porque se trata "de una gripe más". Salvo por una cuota de más de desinfectante líquido o en aerosol, el proceso de limpieza no se ha modificado. Tiene una botella de alcohol por si alguien lo pide. "Hay clientes que están obsesionados: te pagan y vuelven a pasarse el gel".

Al aire libre.

En la Laguna Don Tomás, estas cuestiones no preocupan tanto. La brisa, bien helada, barre con todo, salvo con algunas mini ruedas de mate, los devotos de las caminatas y algunos grupos de chicos, que han llegado para pasarla muy bien con sus perros.

Cecilia (23) está en plena charla con una amiga. Estudia en Córdoba y tenía miedo de viajar en colectivo. "Encontré que estaba todo parado en Santa Rosa, mientras que allá, si bien se adelantaron las vacaciones en los colegios, se mantuvo toda la actividad en la universidad y las fechas de examen".

La acompaña Paola, de su misma edad y profesora de Inglés en un instituto de la ciudad. "Apenas apareció la gripe, suspendimos las clases de los más chiquitos, los adolescentes tenían que ir con el consentimiento de los padres y los adultos prefirieron seguir yendo". Se ofrecieron horarios de consulta y se recomendó no asistir ante el menor síntoma.

En su casa, se adoptaron las medidas de higiene habituales, como desinfectar y ventilar. "Solo cambió la rutina de mi hermano adolescente, que no lo dejan ir a ninguna parte".

Daniel (42) eligió un espacio cerca del geiser para pasar el rato con su familia. Sus tres hijas estuvieron enfermas y, como muchos papás, trató de que no se reunieran con compañeros, ni fueran a ver espectáculos. Computadora, películas y juegos de mesa han dado alivio a estos días, como relatan varios de los que pasean en el parque. "Les encargaron bastante tarea para compensar este mes sin clases".

Lo mismo cuenta Santiago, de diez años, que salió a pescar con su papá y tiene unos cuantos deberes pendientes. "Cuando empezó la gripe, me enfermé y tuve que dejar de ir al colegio igual que la mitad de mis amigos". Ahora, se reúnen como antes.

Más estrategias.

"Nos acordamos tarde de la vacuna", dice Esteban (52), un docente que eligió la bici. No hay miedo posible, asegura, si las personas se cuidan y son responsables con los demás. "Mi vida cambió por la escuela, que está sin clases, pero sigo en actividad porque me junto a pintar el colegio con varios profesores para dejarla lista para el aniversario".

Janet, Sol, Luciana y Lourdes, todas de 16, recorren a pie el contorno de la laguna. "Seguimos saliendo, pero preferimos hacer cosas al aire libre o juntarnos en una casa en grupos chicos y sin ningún engripado", explican. Pizzas, empanadas, películas o un partido a la canasta las mantienen a salvo del aburrimiento. El chat es un aliado. "Está a full", dicen.

El primer viernes que abran las confiterías "van a estallar", aseguran. "Nos re perjudicó esto de la gripe a nosotros porque primero cerraron las escuelas, después los bares y los boliches: podrían haber hecho todo junto, así tal vez ya estaríamos haciendo una vida normal". El "Día del Amigo", en el Club de Caza el 20 de julio, aparece como una tregua ante tantos días entre cuatro paredes.

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