Los nuevos tiempos son demasiado nuevos

Hay un escenario diferente, pero nada dice que vayan a instalarse cambios profundos por ahora en la vida argentina. La gran responsabilidad de los que tienen poder.
Seis años después comienza otra historia en la Argentina. Una oposición con fuerza modificará las relaciones institucionales del país. El jueves quedó demostrado en la sesión preparatoria de la Cámara de Diputados cómo es la distribución de poder que hizo la sociedad el 28 de junio pasado.

Hubo dos imágenes que llamaron la atención en el recinto: 1) Néstor Kirchner sentado en una banca. Era uno más de los 257 diputados. Allí todos son pares y tendrá que sentarse a consensuar, a acordar, dos verbos que durante los últimos años no figuraban en el diccionario K. Su investidura de ex presidente no le da anticuerpos a que los demás diputados lo puedan zamarrear como a cualquier otro. Néstor Kirchner se va a preguntar más de una vez si sentarse en la Cámara baja no ha sido un error estratégico. 2) La algarabía y la sensación de venganza de los opositores después de más de un lustro de soportar la agresividad y la fuerza de la mayoría. La oposición fue más humana que nunca y dejó la parsimonia en un cajón para dar rienda suelta a la bronca contenida.

Ilusiones riesgosas

A pesar de los festejos y de la satisfacción que causó a muchos sectores la sesión de Diputados del jueves no será normalidad lo que vendrá en la vida democrática argentina. Fue una sesión contra Kirchner. Radicales, conservadores, progres, peronistas disidentes y otros actuaron como esos chicos del barrio que cuando lo atrapan al cabecilla de otro vecindario le refriega la cara contra el barro.

Pero no va a durar. Es muy difícil imaginarse a Victoria Donda (libres del sur), a Felipe Solá, a Federico Pinedo, a Claudio Lozano, a Pino Solanas y a Ricardo Alfonsín firmando un mismo proyecto. Habrá coincidencias, pero es imposible pensar que se llevarán de las narices al kirchnerismo, que además, ha demostrado, aún en retirada, tener varias vidas, como el gato.

Kirchner entró al Congreso sabiendo que todas las miradas -y todos los cachetazos- eran para él. Llegó con el corazón frío, como un gladiador derrotado, y le pidió a los suyos que bajaran al recinto de sesiones con la frente alta. Cuando algunos diputados le contaron cómo creían que iba a ser la golpiza, les advirtió: "hay que aguantar; después iremos negociando ley por ley. No hay que desesperar", cuentan que recomendó.

En medio del tsunami, el oficialismo K se protegía de los chirlos, pero no podía disimular una sonrisa. Había consensuado cinco cosas y la oposición le cumplió a rajatabla. Así consiguió la presidencia de la Cámara para Eduardo Fellner y la titularidad en las comisiones Presupuesto, de Juicio Político, de Asuntos Constitucionales y de Peticiones, Poderes y Reglamento. En un sistema presidencialista como el de la Constitución argentina, estos espacios son clave para que Cristina Fernández de Kirchner gobierne, tal vez no en paz, pero sí con obstáculos salvables. En esta Argentina clientelista y de convicciones que se rinden fácilmente no faltarán los diputados que por un cargo más tuerzan sus principios, especialmente en el peronismo disidente. Ese será el cardumen que saldrá a pescar K y para ello la caña de Fellner que maneja los aparejos de Diputados será fundamental.

Con el manejo de aquellas comisiones se podrán frenar investigaciones contra la Presidenta y sus ministros; se controlará la caja oficial y también se administrará cualquier cambio electoral que se plantee.

De todos modos nada le asegura una navegación en aguas calmas ya que en cualquier comisión de Diputados el oficialismo tiene la mitad menos uno de los integrantes como mínimo.

Debilidades a flor de piel

La oposición se destapó como una olla a presión. Se desahogó. Pero también desnudó sus falencias y cometió errores innecesarios. Por un lado forzó el reglamento y, de esa manera, deslució su discurso legalista. No hacía falta porque los votos estaban a su favor, sin embargo apuró las designaciones de una sola vez y no con la parsimonia y orden que indica el reglamento de la Cámara de Diputados. La decisión de proponer la composición de las comisiones de una sola vez y casi en bloque desnudó cierta debilidad que seguramente se produce por la heterogeneidad de sus huestes. La oposición no debe confundir que está disfrutando el triunfo del amontonamiento y no de una ordenada construcción.

Estamos en una Argentina diferente. Lo que se debió vivir en 2009 ocurrirá en 2010 por las argucias kirchneristas. Y no hay que olvidar que 2010 es el prólogo de 2011, año en el que los argentinos volverán a las urnas para definir su futuro. Serán dos años no institucionales y de una potencia política inusitada. La responsabilidad y la cautela tanto de opositores como de oficialistas va a ser fundamental para reconstruir un tejido social maltratado por la prepotencia y por el avasallamiento.

No hay que olvidarse que un peronismo que siempre apostó a ganador va a estar olfateando hacia dónde se mueve el poder para no perder la casilla del medio. No se puede desconocer que los mismos que adhirieron al liberalismo menemista hoy calientan sus manos en la hoguera kirchnerista.

¿El gobernador tucumano es uno de los tantos dirigentes de este contradictorio movimiento peronista?

Sin dudas. Seguramente por esto es que José Alperovich tuvo una semana de gran prudencia hacia afuera, es decir hacia lo nacional y trató de fortalecer sus lazos hacia adentro, en Tucumán.

El silencio es salud

El mandatario provincial vivió, en los últimos días, en el "sube y baja". Comenzó la semana insistiendo que la re-re es irrefutable. Apoyándose en la Constitución que supieron encorsetarle le advirtió a la Justicia que no hay nada para que se le objete si él quisiera ser gobernador un período más. Luego se llamó a silencio. Tanto que en sus acostumbradas salidas matutinas se abstuvo de hablar de la situación nacional y el viernes -el día después de la gran derrota K- ni siquiera se mostró ante los periodistas. Alperovich eligió la prudencia y la cautela porque sabe que en el escenario futuro de la Argentina él tiene comprados muchos números de esa lotería nacional.

¿Cuánto tiempo va a durar el "sí Néstor", en estas arenas movedizas de la política?

El "no, Néstor" se va a empezar a oír. Hasta en Famaillá ya andan organizándose reuniones mellizas.

¿En este escenario, dónde se para Alperovich? o ¿Hasta cuándo seguirá en el escenario K? Ni el propio gobernador tiene la respuesta. Por eso apuesta a seguir consolidando su poder provincial.

Por eso mismo se entiende la composición de la nueva mesa directiva de la Cámara legislativa. ¿Qué tienen en común Regino Amado, Armando Cortalezzi y Manuel Fernández, los legisladores que asumieron como presidente subrogante (vicegobernador de hecho) y vicepresidentes primero y segundo respectivamente? La respuesta no se va a encontrar en el código de méritos, salvo en el Manual de "Sijosesismo". Estos tres hombres de perfil bajo y casi de obsecuencia alperovichista dejaron afuera de la conducción de la Cámara a tres pesos pesados como Sisto Terán, Roque Alvarez y José Alberto Cúneo Vergés. Este último trío tiene un gran desgaste en sus fojas de servicio, pero son independientes y capaces de armar cualquier barullo a la hora de decir "no, José". La vieja guardia debe estar dolida y seguramente va a estar expectante para cobrar estos desaires cuando lo crean necesario.

Otros aires

Alperovich, quien después de haber zafado de la protesta médica piensa tomarse unos días de vacaciones, tendrá que adaptarse a los nuevos tiempos nacionales.

El kirchnerismo deberá acostumbrarse a verse perdedor; tendrá que olvidar aquellos antagonismos innecesarios y desterrar la idea de imponer su voluntad porque sí.

Estos hábitos que seguramente van a oxigenar las relaciones institucionales no han figurado en la rutina alperovichista. De todos modos el gobernador tucumano corre con ventaja en la provincia porque la oposición ni siquiera es un amontonamiento.

Además la vida política de la provincia se ha trasladado a los claustros universitarios y en las propias narices de Juan B. Terán andan alquilando voluntades y promocionando la obscenidad del clientelismo tanto 'cerisolistas' como 'hernandistas'. Y a esta compulsa se suben todos como un primer round de la pelea de fondo que se hará en 2011.

Los nuevos tiempos todavía son muy jóvenes para desterrar las viejas mañas.

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