De nuevo lo viejo

La historia vuelve a ser la misma en el US Open, el último Grand Slam del año: con Federer otra vez en la cima y en busca de su 6° título seguido aquí, todos le apuntan a su reinado
La constelación de figuras del tenis ya vive un nuevo choque estelar a gran escala, a tono con la magnitud de una de las grandes metrópolis del mundo. El US Open, último Grand Slam de 2009, está listo para recibir una invasión masiva en el inmenso complejo Billie Jean King, en Flushing Meadows. Aquí están Roger Federer, Rafael Nadal, Andy Murray y Novak Djokovic, el póquer que domina el circuito masculino de las raquetas, y también nuestro Juan Martín del Potro, que busca hacerse un lugar dentro de esa elite, con la trascendencia de lo que ello significa.

Acorde con estos tiempos de máxima velocidad, el circuito se mueve con intensidad. Hace doce meses, Federer llegaba aquí con aire vencido, aún sin digerir la caída de su reinado a manos de Nadal, que encima se trepaba a lo más alto del podio olímpico. Pero el suizo salió airoso de aquel momento de incertidumbre y, cuando parecía que su brillo declinaba, en esta ciudad encontró un éxito reparador. Suelen resaltarse sus victorias en Wimbledon y la importancia de quitarse la espina en Roland Garros, pero Nueva York ha sido un bastión decisivo en el récord de Grand Slams de Federer: un tercio de los 15 títulos con los que batió la marca de Sampras los cosechó aquí. El pentacampeón está próximo a cumplir seis temporadas sin caídas sobre el cemento neoyorquino, desde que David Nalbandian –uno de los grandes ausentes de este año– lo derrotó en los octavos de final de 2003. Por estas razones, afirmado, además, en la seguridad de su tenis exquisito, y también por su reciente cátedra en Cincinnati, Federer es el gran candidato para quedarse con el trofeo principal y llevárselo a sus gemelas Charlene y Myla. "Ya gané dos Grand Slams este año y eso me quita presión. Y estoy con buenas sensaciones", dice, lleno de confianza.

Al acecho hay varios retadores. En un par de meses, a Nadal se le han ido de las manos el número 1, Roland Garros y Wimbledon. Recién recuperado de una tendinitis en ambas rodillas, el zurdo de Manacor busca retomar el ritmo ideal para su estilo de combate intenso. "Yo me veo capacitado para ganar. Soy consciente de que aquí nunca he pasado de semifinales, pero vine a ganar; si no, no vendría", señaló. A diferencia de Federer, Nueva York aún le es esquiva. Casi siempre le tocó desembarcar en esta orilla con un fuerte trajín a cuestas; esta vez, Nadal viene con el hambre de recuperar lo que ha perdido y persigue otra hazaña: convertirse en el séptimo jugador en la historia que obtiene los cuatro Grand Slams, tras los pasos de Andre Agassi, Don Budge, Roy Emerson, Fred Perry, Rod Laver… y Federer.

Murray ha crecido muchísimo. Sólo resta saber si ha alcanzado el punto de madurez ideal para capturar un título grande. Llegó a su primera final mayor aquí, el año pasado, pero la sombra de Federer todavía era demasiado larga. Subido ahora al segundo escalón del ranking, el escocés es algo más que una amenaza para el "doble comando" que gobernó el tour durante las últimas cuatro temporadas. Un poco más atrás, Djokovic intenta recuperar aquella versión que le permitió conquistar Australia en 2008, cuando parecía convertirse en el tercero en discordia, aunque luego no haya dado el asalto final a la vanguardia. Y unos pasos después asoma Andy Roddick, siempre protagonista en este terreno, y que además ha tenido un año excelente, como lo demostró la épica final que perdió con Federer en Wimbledon, con un tenis igual o mejor que el que jugaba en sus tiempos de número 1.

Y entonces llegamos a Del Potro, la gran esperanza argentina. El tandilense responde a su condición de sexto hombre del mundo del tenis: busca dar batalla de igual a igual con aquellos que están por encima y suele imponerse a quienes están por debajo. Desde su meteórica escalada de mediados del año pasado, ha evolucionado en juego y en mentalidad. En 2008 protagonizó aquí un memorable cruce en cuartos de final contra Murray; el choque podría repetirse esta temporada en la misma instancia. Este es el torneo que más les sienta a sus posibilidades y tiene capacidad para pensar en grandes objetivos.

Por el lado femenino, hay que pensar en las Williams –quizá Serena sea ahora un poco más que Venus– como favoritas, dentro del panorama inestable que se impone en el tour de mujeres en los últimos tiempos. A las hermanas no les va muy bien en las pruebas menores, pero siempre aparecen en las citas grandes. El US Open representa algo especial: aquí, Serena asombró al mundo consagrándose hace una década, cuando todavía no había cumplido 18 años. Las rusas también aportan lo suyo: allí estarán Elena Dementieva, Svetlana Kuznetsova, Maria Sharapova y Dinara Safina, la número 1 que aún busca un título grande para prestigiar su posición. Y habrá que ver qué sucede con Kim Clijsters, reincorporada hace algunas semanas al tour.

Se vienen dos semanas cargadas de intensidad, con muchos desafíos: inmensos, enormes como esta ciudad de rascacielos que se funden entre nubes; de sueños que apuntan bien alto en la tierra en la que todo es posible. El cosmopolita show del US Open ya comienza…

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