El Nuevo Show de los Gordos y los Flacos

El Nuevo Show de los Gordos y los Flacos
La renovación del Concejo empezó como sainete, pero bastó una sesión para mostrar que el nuevo recinto es un terreno temible. El que regale algo, pierde. Cómo fue el último intento para convencer a Miguel Santellán y cómo el resultado impacta en la Sección.
Al día de hoy, nadie se lo explica. Esa afirmación, pro la negativa y a seis días del incidente, es un dato porque al ver lo que pasó el lunes en la elección de autoridades del Concejo Deliberante, uno duda. Lo primero que hace, ante una situación inexplicable, es dudar: ¿es lo que uno ve? ¿es así? ¿o detrás hubo una jugada maestra que el común de la gente no alcanzó a ver?

A medida que corren las horas, es difícil encontrar a quien pueda explicar de un modo favorable al oficialismo la pérdida de la Presidencia del HCD. A menos de modo convincente. Este cronista escuchó varios argumentos: 1) José Eseverri, de modo hábil, le habría dejado la conducción a Franco Cominotto y los claderistas, sus principales rivales para 2011, para que se expongan "y se incendien ante la gente". Otra, o 2) Eseverri habría hecho un acuerdo secreto con los radicales de Cladera, donde les concede en la primera etapa el Concejo para que luego le allanen el camino al comité. Otra, o 3) el Intendente quiere bajarle el perfil público al Concejo, y por eso decidió instalarlo en la opinión pública como un recinto de rencores, donde no le aprueban las normas por pujas de poder. Y eso le haría ganar respaldos en la gente.

Todas esas versiones circularon desde el lunes a la noche, cuando Franco Cominotto empezó a festejar con los claderistas, saltando en círculos mientras cantaban "volveremos, volveremos, volveremos otra vez; volveremos al Gobierno, como en el 83".

De todas esas explicaciones ninguna es convincente. Lo que se vio, es: el eseverrismo perdió la presidencia del Concejo Deliberante por errores propios, y es un hecho que pagará altos costos políticos por ello. Esta sí es, desde ahora, una punta para analizar lo que comenzó como sainete criollo, pero ya mostró que puede ordenarse en tragedia griega.

La elección, en sí misma, generó el supuesto efecto negativo sobre la nueva conducción, al menos si eso era lo que el eseverrismo buscaba: la sobreactuación de Ernesto Cladera en la jura, los ocho votos aislados, la alta exposición que ganaron dos inexpertos como Franco Cominotto y el nuevo secretario Mariano Ferro.

Pero apenas se revisa lo que pasó adentro y afuera del Salón Rivadavia, uno concluye que no había estrategia en el oficialismo, sino simplemente imposibilidad de sumar más.

Tal dato surge de ver cómo se comportaron los actores. Uno, Carola Patané, que siguió el acuerdo de cúpulas que adelantó este Diario al pie de la letra, pero inauguró una doctrina inédita: votó llorando, algo que varios concejales que estaban cerca de su silla no vieron jamás en sus cortas o en sus largaras carreras políticas según el caso.

Tampoco había estrategia en el pedido de última hora del curismo, para que Julio Alem o Miguel Santellán sumaran su voto a una postulación de emergencia de Ignacio "Nacho" Aramburu a las 19:50 el primero y a las 20:05, empezada la sesión, el segundo. Alem directamente los mandó a freír churros, como lo había hecho Gustavo Alvarez con los voceros oficialistas a las 11:00 de la mañana, cuando se les venía el agua encima.

Santellán fue imperturbable. Silly insistió, de silla a silla, varias veces. El sindicalista parecía un patovica de boliche ante un pibe que no puede pasar: cruzado de brazos, serio y con cara de malo, movía la cabeza de un costado a otro, en clara negativa: "no podemos votar a nadie. Ya consultamos a las bases (por el plenario del viernes anterior) y no podemos cambiar el voto", le repitió dos o tres veces. "Ahhh, Miguel, por favor…", lo chicaneó Silly, con quienes son viejos conocidos del PJ.

Caída esa alternativa, Urlézaga se sentó al lado de Patané (que recibía presiones cruzadas todo el tiempo, incluso una antológica de la diputada Alicia Tabarés, que trató de hacerle creer que había hablado con el mismísimo Mauricio Macri para que apoyara a María Irene Blanco). Cominotto fue claro: "Marcelo, si a Carola la llaman le sacás el teléfono de las manos", le ordenó.

Por eso todos los miembros del acuerdo destinado a sacarle la Presidencia al eseverrismo temblaron cuando Aramburu pidió un cuarto intermedio: "nos c…", se dijeron unos con otros, seguros de que había una maniobra para torcer a Patané.

Pero nada. Nada de nada. El oficialismo ya había dado a esa altura la orden de levantar el pie del acelerador y dejarle la Presidencia al claderismo.

Es difícil que haya habido intención o estrategia. Por más que en la primera etapa Cominotto pueda quedar expuesto ante el electorado, o la gente repudie el modo de elección, es muy relativo que esa sensación persista en el tiempo como para limarle las chances electorales a Ernesto Cladera.

Primero porque la nueva conducción del Concejo puede aprender rápido. Y segundo porque a las grandes audiencias el Concejo Deliberante les resulta ajeno y distante. Es un poco difícil que un debate impropio en una comisión o una modificación de una ordenanza conmuevan a nadie.

De todos modos, el dato más delicado para el eseverrismo, luego de la votación, es el seccional. Ahí es donde no pudo haber estrategia alguna.

Sucede que el espacio del kirchnerismo, o el sciolismo satelital, se está peronizando a pasos agigantados: el crecimiento del secretario de la Reforma Política del Gobierno provincial, Isidoro Laso, marca el correlativo ocaso de la presencia del eseverrismo en la Sección, luego del golpe de las testimoniales el 28 de junio.

En ese sector, la pérdida del control del Concejo Deliberante no ha causado ninguna gracia. Ninguna. E incluso a los propios aliados del Intendente les será complicado frenar la "peronización" del espacio K de cara al armado de 2011, donde la pelea por lugares en las listas legislativas incluirán dientes apretados sobre el cuchillo en la boca, y pases de factura.

La caída del HCD de Olavarría a manos del claderismo será una: si los radicales (con sus variantes provisorias) siguen creciendo en impacto político, va a ser difícil frenarlos en su carrera hacia 2011, donde se dirimen 6 diputaciones en la Sección.

Otro dato adicional, que marca que no hubo plan: el eseverrismo dio una señal confusa al buscar la alianza contra natura (como se vio en los hechos) con Carola Patané, del Pro. El hecho de que no cerrara con los otros referentes más o menos K del Concejo (Migule Santellán y Adriana Capuano, del PJ, o Gustavo Alvarez, del PI) mostró otro dato de desprolijidad que a José no le conviene.

El misterio, ahora: ¿hasta cuándo Eseverri, un armador de lujo en el Senado provincial, conservará estos estrategas de entorno, que ya lo comprometen muchísimo? ¿tiene otros? ¿o entenderá que en la escasez actual de cuadros no solamente debe instruir a su tropa para que pelee a brazo partido cada proyecto sino que necesita, urgente, operadores que puedan levantar un teléfono y decir "Hola (seguido del nombre de pila, o mejor, el apodo de dirigentes que están en la vereda de enfernte, interna o externa)"?

Es la gran pregunta por detrás de la comicidad política de estos días. Que pronto dejará lugar a una lucha sin cuartel.

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