Un nuevo perfil para una nueva policía

Un nuevo perfil para una nueva policía
ngenieros agrónomos, bioquímicos y técnicos en computación son profesiones de algunos aspirantes a integrar la fuerza porteña
"En mi casa me dijeron que estoy loco, pero bueno... hoy quiero ser policía." Fernando Adversente es un guardavidas de 29 años que, en diciembre próximo, se recibirá de ingeniero agrónomo en la Universidad de Buenos Aires.

"El vecino no confía en la policía, pero uno puede cambiar la historia", dice Adversente, que fue seleccionado entre otros 200 aspirantes sin experiencia en fuerzas de seguridad para integrar la Policía Metropolitana, que estará en la calle a fin de año.

Todos ellos ya pasaron satisfactoriamente dos entrevistas decisivas: la psicológica y la reunión con funcionarios del gobierno. Según se pudo saber, el 75 por ciento de los entrevistados hasta el momento no pudo superar esos requisitos.

Cuando faltan dos meses para que 400 aspirantes comiencen la capacitación para convertirse en policía de la ciudad, autoridades porteñas se reunieron con los más calificados, que realizarán un curso intensivo de 1500 horas antes de salir a la calle. El lunes pasado, el ministro de Justicia y Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, recibió a 12 de ellos en la sala de reuniones de su despacho, donde también estuvo LA NACION, para conocer sus inquietudes y darles las primeras directivas.

"El que viene acá por trabajo se equivoca; esto es pura vocación. A mí también mi familia me dijo que estaba loco cuando decidí dejar la Justicia para ser funcionario", les dijo Montenegro, ex juez federal con un lenguaje coloquial, que mantuvo a lo largo de toda la reunión y que sirvió a los futuros policías para abandonar la tiesa postura que los mantenía casi atados a las sillas.

Según datos procesados entre los 7942 postulantes que se inscribieron para ingresar en la fuerza, el 40,5% tiene un nivel superior al secundario y el 16,8% cuenta con estudios universitarios. En tanto, el 62,5% son hombres, mientras que el 80,2% del total tienen menos de 30 años. Además, el 73% son solteros y el 60,2% no tiene hijos. Eso sí: el 80% actualmente reside en la Capital y en la provincia de Buenos Aires.

"Soy perito en balística y licenciada en criminalística, y mi motivación es integrar un equipo en el área científica para ejercer lo que estudié", cuenta Natalia Soledad Nieves, de 24 años, que no tiene familiares en las fuerzas de seguridad y que sostiene que el problema de la violencia en la calle se resuelve "con un proyecto firme y a largo plazo. Hoy es un problema salir a la calle. Hay que encontrar una solución. Yo -aclaró- no tengo miedo de portar un arma".

Miradas inquisidoras

La desconfianza sobre la policía surge de manera espontánea en la conversación entre Montenegro y los futuros agentes. "La responsabilidad de ustedes es doble, porque serán los primeros en salir a la calle. Y cuando eso ocurra, todas las miradas estarán sobre ustedes: cómo se visten, cómo hablan, si mandan o no mensajes de texto, si son correctos... Tienen que estar atentos a todo, si no, no sirve de nada. Vamos a ser distintos, hay que dar un salto de calidad y ganarse la confianza del vecino. Les pido honestidad y sacrificio", les dijo Montenegro.

Federico Marquínez, de 29 años, está a punto de recibirse de bioquímico. Es docente en un colegio privado, donde trabaja como ayudante de laboratorio, y pretende calificar para la sección científica de la Policía Metropolitana. "Pero todavía no tengo claro qué haría si tuviera que salir a la calle para combatir el delito; lo iré analizando paso a paso. Mi salario actual es el mismo que ganaría en la policía (3000 pesos), pero creo que vale la pena el desafío", asegura Marquínez.

En cambio, Marcos Daniel Díaz, que abandonó la carrera de abogacía, dijo que renunciará al salario que hoy gana en una empresa privada para conformar la Policía Metropolitana. "Hoy gano unos 5000 pesos mensuales. Por eso, digo que mi presencia aquí es por pura vocación de servicio. Creo que puedo portar un arma y sumar para la prevención del delito. No me da miedo la inseguridad que hay", cuenta este hombre de 27 años que tiene familiares en la Policía Federal y en la Gendarmería Nacional.

"En mi caso, tengo el apoyo de mi familia para ser policía. Dejo a mi hija de dos años y saben que me arriesgo al salir a la calle, pero es así", dice Marisol Surge Oliver, de 29 años, que había comenzado la carrera de periodismo en Taller Escuela Agencia (TEA). Mabel Pereira, de 23 años, viene de una familia de policías. Cursa la carrera de perito en balística y reconoce que "si bien hay cierto descreimiento de la policía, esto es algo que se puede cambiar. Depende de nosotros", aseguró.

La última palabra en el encuentro de los aspirantes con Montenegro fue del propio ministro. "Acá no hay que ser guapos, sino inteligentes. Tienen que dejar todo. Tengan en cuenta que no hay posibilidades error. Se espera mucho de ustedes, sépanlo."

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