El nuevo ministerio busca dar una señal política clara

El Gobierno no quiere dejar dudas de que apostará al crecimiento para enfrentar la crisis económica. Se estudian nuevas medidas para revertir la desaceleración.

Por: Marcelo Bonelli

Cristina Kirchner fue directa en la reunión que mantuvieron a solas: "Débora, quiero que seas mi ministra de la Producción". El ofrecimiento se concretó el fin de semana, pocas horas después del regreso de la Presidenta de Africa. La economista aceptó de inmediato: "Para mí, Cristina, es un honor encabezar un ministerio para crecer."

Florencio Randazzo fue el nexo y el encargado de sondear primero a Giorgi. El ministro del Interior compartió con la funcionaria toda la gestión de Felipe Sola .

Miguel Peirano también hizo lo suyo. Envió el mensaje a la Quinta de Olivos de que el nombramiento de Giorgi iba a caer bien y generar un aval político del movimiento empresario.

Los hombres de negocios -efectivamente- respondieron en esa dirección. Hicieron saber de inmediato su conformidad con la apertura política del Gobierno, que implica el nombramiento de Giorgi. Paolo Rocca hizo trascender su beneplácito, y también expresó su conformidad Luis Pagani. Débora Giorgi desde hace una década tiene una interlocución de privilegio con los principales hombres de negocios de la industria, la energía y el campo.

Así lo percibió la Presidenta durante su gira al Africa, donde en secreto sondeó la iniciativa con Carlos Bulgheroni, Ignacio de Mendiguren y el jefe de Techint. Aunque se habló de Ministerio de Desarrollo y no de Producción.

Una cuestión facilita el diálogo entre los empresarios y Giorgi: la ministra está convencida de que la Argentina debe reforzar su clima de negocios y que, frente a la crisis, debe redoblar la apuesta por el crecimiento.

Por eso, de inmediato hubo un cruce de mensajes con la mesa chica de la Unión Industrial. Luis Betnaza, Héctor Massuh, Ignacio de Mendiguren, y Federico Nicholson le trasmitieron la decisión de trabajar en forma conjunta. La Asociación Empresaria Argentina también dejó trascender su apoyo político a la designación. Pero los hombres de negocios acordaron una estrategia: no firmar cheques en blanco y evaluar el acompañamiento a su gestión en función de las decisiones que adopte el Gobierno. En otras palabras: quieren ver las medidas e iniciativas concretas, porque conocen las limitaciones que se imponen a los ministros desde la Quinta de Olivos.

Por eso Débora Giorgi tiene una oportunidad, pero a la vez fuertes desafíos por delante. Así, debe ser capaz de integrar un equipo profesional que articule una política que enfrente la desaceleración económica.

El Gobierno se caracteriza por hacer fracasar iniciativas trascendentes a causa de la falta idoneidad de muchos funcionarios en el área económica. Ejemplos abundan: el altísimo costo que se pagó por la Resolución 125; la continua imposibilidad de acordar con el Club de París y la forma cuanto menos desprolija de estatización de las AFJP.

La ministra -en principio- mantendría a los actuales secretarios y pretende que Beatriz Nofal dé un paso al costado en la Agencia Nacional de Desarrollo de Inversiones. Ayer ambas economistas tuvieron un encuentro a instancias de Cristina Kirchner. En esa reunión la flamante ministra puso su condición: Nofal sólo se quedaría si acepta ser dependiente de Giorgi. La ministra avanza sobre esa área porque quiere tener injerencia directa sobre la promoción de inversiones y, además, conoce que los padrinos políticos de Nofal fueron Julio Cobos y Alberto Fernández.

Giorgi tiene excelente relación con Carlos Cheppi y pondría a prueba la gestión de Alberto Fraguío antes de intentar ubicar a gente de su confianza en Industria.

El nombre de Giorgi rondó por la cabeza de la Presidenta y de Néstor Kirchner al conformarse el Gabinete, en diciembre del año pasado. Kirchner no estaba de acuerdo en fraccionar el Palacio de Hacienda, pero en realidad fue la negativa de Martín Loustou lo que impidió -en ese momento- que Giorgi se convirtiera en la nueva secretaría de Industria de su equipo económico.

También el proyecto del Ministerio de la Producción revoloteó a fines del 2007 y se actualizó en agosto, cuando ingresó al gabinete Sergio Massa.

El jefe de Gabinete -en ese momento- propició el relevo de Carlos Fernández , pero frente a la negativa de Néstor Kirchner alentó sin suerte la división del Ministerio de Economía.

Cristina Kirchner impulsó la iniciativa para dar una señal política clara: que el Gobierno apostará todo al crecimiento para enfrentar la crisis económica. Además, con Giorgi gana a una vocera para enfrentar las críticas de los economistas ortodoxos.

En la Quinta de Olivos se trabaja en mejorar indirectamente el tipo de cambio, un plan de crédito a tasa subsidiada, y en un acuerdo de relanzamiento automotriz.

También el menú de anuncios incluye difundir el Plan Financiero y una estrategia de recompra de bonos.

La irrupción de Giorgi generó un cimbronazo interno. Guillermo Moreno no fue notificado de la movida, y el nombramiento desvaneció su sueño íntimo de ser promovido como ministro. Entre sus adversarios internos se interpreta lo siguiente: que la decisión de dejarlo en la órbita formal del Palacio de Hacienda podría implicar un freno a su expansión dentro del Gobierno.

Así, el actual equipo económico quedó fraccionado en cinco cabezas: Julio De Vido en Infraestructura; Carlos Fernández, como ministro de Finanzas; Martín Redrado, en el BCRA; Moreno, para "tareas especiales" y Giorgi en Producción.

La división obedece y fomenta el criterio radial que tiene la Quinta de Olivos para tomar decisiones clave. Pocas reuniones en equipo y sólo encuentros individuales con la Presidenta.

También esa segmentación ministerial es funcional a una cuestión central: la tarea del ex presidente Néstor Kirchner como principal asesor económico de la Presidenta.

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