El nuevo jefe de policía ya divide a propios y extraños

Faltan todavía dos semanas para que el diputado Eugenio Burzaco asuma como Jefe de la Policía Metropolitana, pero su nombre ya divide aguas dentro del Gobierno porteño y sobre todo en las fuerzas del Gobierno nacional, donde ha logrado, otra vez, enfrentar a la Policía Federal y la SIDE. Parte de la explicación de este entuerto empezó y terminó en el año 2000, cuando era jefe de la SIDE el banquero Fernando de Santibañes.
Burzaco trabajó ese año como asesor del jefe de los espías, llegó incluso a tener un seudónimo para ocultar su identidad, y se ganó unos cuantos enemigos dentro del mundo de la Inteligencia, donde hoy intentan a toda costa evitar que asuma la conducción de la policía de Mauricio Macri.Por el contrario, Burzaco cuenta con el apoyo de la Policía Federal, nada menos que la fuerza con la compartirá territorio su naciente Metropolitana. En los últimas dos semanas, Burzaco estuvo visitando el Departamento de Policía día por medio, achicando el recelo que tienen los policías de siempre a su nuevo "competidor". "Nosotros vamos a ocuparnos de los delitos contravencionales", se le escuchó decir a Burzaco.

Para muchos, el proyecto de Burzaco intenta delimitar lo más posible el poder de su futura fuerza. "Quiere que sean zorros grises y nada más. O por lo menos es lo que vende", dicen algunos desconfiados comisarios. La historia de Burzaco es breve y rica. Nació en 1971 (tiene apenas 38 años), se hizo bachiller en el colegio St George's, se recibió de licenciado en Ciencias Políticas en la Univesidad del Salvador e hizo un master en el Instituto de Policía de Georgetown. Su primer trabajo fue como periodista en el diario Cronista Comercial y desde 1998 empezó a trabajar en temas de seguridad, hasta convertirse, en 2003, en el referente del macrismo en el tema, de la mano de su padrino político en el PRO, Horacio Rodríguez Larreta. Desde 2005, es diputado. El currículum que Burzaco publica en Internet (diputados.org.ar), oculta dos antecedentes. El de su paso por la SIDE, justificado porque él no puede revelar ese secreto, y el de su asesoramiento en seguridad al gobierno de Jorge Sobich, en Neuquén. Algunos de sus enemigos empezaron a hacer circular este dato en la última semana. Enterado, Burzaco le hizo llegar a Clarín el contrato que firmó con Neuquén, de donde surge que trabajó para Sobich durante 2004, bastante antes del asesinato policial del docente Carlos Fuentealba, el 4 de abril de 2007. Los enemigos que ganó en la SIDE tienen, al menos, dos explicaciones. La gestión de Santibañes, cruzada para siempre por el supuesta pago de coimas en el Senado, realizó un ajuste que incluyó el despido de más de mil agentes. A Burzaco le achacan eso y al parecer un trato poco conveniente para la sensibilidad de los espías. Cerca de Burzaco niegan esto y aseguran que, "si hay enojo, será por lo que representa el macrismo para el Gobierno nacional". Como fuera, el futuro jefe de la Metropolitana tendió ya algunos puentes al menos con el kirchnerismo crítico (si es que existe), por ejemplo con Marcelo Saín, ex jefe de la Policía Aeronáutica, con quien lo une un buen diálogo. Pero los cortocircuitos no terminan ahí. La semana pasada circuló fuerte el rumor de que Burzaco quería sacarse de encima al subsecretario de Seguridad Urbana, Matías Molinero. Esto, que según los que acompañan a Burzaco es falso, fue echado a correr por gente del mismísimo PRO, donde la figura de Burzaco, claramente ligada a Rodriguez Larreta, genera resistencias en el sector más "pejotista" del PRO. Las internas del partido propio son viejas conocidas de Burzaco. En 2007 era el principal candidato para ocupar el ministerio de Seguridad, finalmente a cargo de Guillermo Montenegro. Esta vez tal vez no llegue a tanto y el 10 de diciembre, cuando deje su banca de diputado, pueda asumir. Pero el ruido existe y, se sabe, no silencia o otros: sólo suma.

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