Nuevo espacio para los consensos productivos

Por Marcelo Bonelli

El Gobierno decidió promover la implementación del Consejo Económico Social, el cual contaría con la participación de la dirigencia gremial y empresarial.

Cristina Kirchner tomó la decisión ayer: el Gobierno va a acelerar la instrumentación del Consejo Económico Social. Se haría a través de una ley, y su principal objetivo será político: que la CGT y la UIA asesoren y participan en futuras iniciativas para mantener el empleo. Con esto se buscaría generar mayor consenso sobre las medidas de la Quinta de Olivos contra la crisis económica.

La propuesta obligó a que Carlos Tomada viaje a Madrid, para participar de una cumbre secreta con Hugo Moyano y Juan Lascurain. La propia Presidenta habló con la CGT y la UIA en el avión que la trasladó a Buenos Aires. Cristina Kirchner caminó durante el vuelo hasta el final de la cabina, donde estaban Moyano y Lascurain, para hablar con ellos durante dos horas de la crisis internacional y su impacto doméstico. La CGT avaló la iniciativa de inmediato, pero en la central fabril existen dudas. Sus líderes condicionan el proyecto a su propio contenido: un documento interno de la UIA sostiene que sólo funcionará si se incluyen medidas concretas para preservar la producción nacional. Así lo dijo Lascurain: "No queremos un Consejo sólo para la foto y que después no pase nada".

En otras palabras, la UIA pretende que ese Consejo sirva para instrumentar correcciones macroeconómicas sobre las pautas generales de precios, salarios, valor del dólar y de la tasa de interés.

También la central fabril exige una decisión política: incorporar al Consejo a los dirigentes del campo, una sugerencia que parece de compleja realización, aunque la postergación de las medidas de fuerza del agro abre la posibilidad de diálogo.

Aunque nadie lo reconoce, Clarín confirmó que hubo contactos informales entre funcionarios y los caciques del campo. Julio De Vido intentó abrir una negociación con Hugo Biolcati, que no prosperó después de los desplantes de Guillermo Moreno.

Ayer la Mesa de Enlace finalmente decidió posponer el paro, dando una señal política al Gobierno. El agro se encuentra lejos de la bonanza que tenía el año pasado, pero su dirigencia parece haber apostado a la apertura de canales de diálogo, en medio de múltiples necesidades financieras del sector. La sequía y la crisis internacional no tienen precedentes y afectan severamente a los productores.

La clara desorientación de los líderes internacionales sobre cómo encarar el problema genera algo que ya conoció la Argentina: los gobiernos de los países centrales están siempre atrás de los acontecimientos, sin brújula y sincronización. La cuestión será tratada este fin de semana en una reunión de urgencia del Grupo de los 7. Los ministros de Inglaterra, Alemania y Francia insisten en que la gran responsabilidad la tiene EE.UU. En Washington, para colmo, existe una disputa entre los principales asesores de Barack Obama sobre cómo encarar la crisis. Paul Volcker -asesor personal de Obama- quiere que se profundice la recesión, para que después haya un supuesto rebote sano en la economía. Larry Summers considera suicida esa receta e impulsa la intervención.

Otra interna existe en el Fondo Monetario. Dominique Strauss-Khan todas las semanas predica un futuro siniestro, para tapar las proyecciones más optimistas de su segundo John Lipsky, quien en enero afirmó que lo peor ya había pasado. Strauss-Kahn reelaboró cinco veces las proyecciones económicas para sostener que la economía mundial estará peor.

El flamante representante del FMI en Buenos Aires estuvo el miércoles reunido con el Jefe de Gabinete. El economista portugués Gaston Gelos trasmitió el deseo del Fondo de reencauzar las relaciones con el país y trató -sin suerte- de evitar que Argentina se sume a la condena del organismo que, en Londres, formulará el G-20. Massa le comunicó la posición oficial: no se quiere negociar con el Fondo.

El matrimonio presidencial tiene en cambio la decisión de llevar adelante una fuerte tarea de acercamiento a la Casa Blanca. En la Quinta de Olivos dicen que eso facilitaría el acceso a la financiación externa, una vez que termine el temblor internacional. No sólo el nombre de Obama aparece con ponderación en los discursos del matrimonio Kirchner, también hubo señales concretas: a instancias de Olivos el Palacio de Hacienda flexibilizó para la gigante estadounidense Kraft Foods las duras normas de ingresos de capitales a la Argentina. Se trata de la disposición que obliga congelar un 30% de las divisas.

Héctor Timerman es el nexo oficial y coordina las negociaciones. El embajador tiene buena llegada a la Casa Blanca, por su relación personal con el vicepresidente Joe Biden. En Washington también le abrieron las puertas porque la inteligencia norteamericana confirmó que Timerman es un canal de acceso político directo a la Presidenta. Cristina Kirchner -a su vez- lo nombró interlocutor político para preparar la cumbre del G-20.

Pero la estrategia también recorre caminos informales. El abogado J. Alters - uno de los encargados de las finanzas de la campaña demócrata en Miami- es un nexo importante, y Susan Segal del Council of the Americas hace otro tanto con el Departamento de Estado. Segal tiene estrecho vinculo con Thomas Shannon, sobre quien se especuló en los centros financieros que reemplazaría a Earl Wayne, un embajador que fracaso en su tarea de aceitar las relaciones con la Casa Rosada. Tampoco logró fortalecer a la oposición. Shannon fue ratificado en su cargo y por ahora manejará la relación desde Washington. Timerman obtuvo comprensión en el Departamento de Estado, pero su gestión mantiene una cuenta pendiente: los malos vientos siguen soplando para la Argentina en el Tesoro norteamericano.

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