El nuevo equilibrio del Congreso y de la Justicia

Por Adrián Ventura

Los comicios del próximo domingo arrojarán un nuevo mapa político y, también, un nuevo escenario institucional.

Por eso, es importante la lectura que puedan hacer de los resultados el ex presidente Néstor Kirchner y la actual mandataria, Cristina Kirchner: ello determinará el perfil con el que continúen ejerciendo el poder político pero, también, la relación que mantendrán con el Congreso y con la Justicia.

Sin embargo, en política la racionalidad no es una materia garantizada.

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Una nueva composición de las cámaras legislativas, con menos bancas oficialistas, aconseja que el Poder Ejecutivo comience a buscar consensos en el Congreso.

En ese escenario, la oposición al kirchnerismo imagina la derogación de los superpoderes ?una reforma a la ley de administración financiera?; la modificación del Consejo de la Magistratura, el órgano que controla a los jueces, y eventualmente, los legisladores y las provincias buscarían forzar un nuevo pacto fiscal y una nueva ley de coparticipación.

Ese sería un desenlace racional, en busca de mayor equilibrio de los poderes, porque los abusos que se cometen al amparo de esas leyes, mediante decisiones eminentemente políticas, escapan al control que normalmente puede ejercer el Poder Judicial. En otras palabras, si el Congreso no corrige esos excesos, la Justicia no lo hará.

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Sin embargo, tampoco hay que descartar que el Gobierno, ante la perspectiva de sentirse acorralado, intensifique por vía de decisiones del jefe de Gabinete la transferencia de partidas ?para premiar, castigar o reconquistar a las provincias? o, lo que es aún peor, utilizar en forma creciente los decretos de necesidad y urgencia y los decretos delegados.

Estos últimos dos mecanismos están autorizados por la Constitución Nacional y, especialmente en materia de DNU, el Congreso y la Justicia sólo tienen una injerencia bastante posterior y tardía, con lo cual su poder correctivo, como lo mostró la práctica, es muy limitado.

Por otra parte, si el kirchnerismo sale debilitado, los jueces federales, siempre sensibles a la temperatura del poder de turno, podrán revolver algunas investigaciones judiciales ahora adormecidas.

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