El nuevo elenco de Cristina juró en un ambiente que desafió a la Gripe A

El nuevo elenco de Cristina juró en un ambiente que desafió a la Gripe A
A pesar de que se mostró distendida, la Presidenta evitó hablar en la ceremonia. Moreno y Moyano, ausentes. Notorio faltazo del establishment empresarial y de los barones del conurbano que no le garantizaron el triunfo a Kirchner.
Felices por la relevancia que alcanzaron como hombres públicos pero conscientes de que el futuro que los espera será turbulento, asumieron ayer los nuevos ministros del gabinete de Cristina Fernández de Kirchner. Fue un capítulo más de la sangría que sacude al gobierno nacional desde que la derrota sorprendió al matrimonio presidencial el 28 de junio pasado: nadie se anima a asegurar que se trate del último.

La Presidenta les tomó juramento al jefe de Gabinete, Aníbal Domingo Fernández; al ministro de Economía, Amado Boudou; al ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Julio Alak, y al secretario de Cultura, Jorge Humberto Coscia.

Los únicos rostros de algarabía en Casa Rosada fueron los de los hombres que juraron ser leales al kirchnerismo hasta el fin. Aníbal Fernández estaba exultante y no podía ni buscaba disimular su felicidad por haber alcanzado finalmente un viejo objetivo. Ayer mismo, el ex intendente de Quilmes comenzó a trasladar sus carpetas y objetos personales al despacho que ocupó entre 2003 y 2008 su amigo Alberto Fernández.

Los funcionarios salientes estuvieron presentes. Sergio Massa, Carlos Fernández y José Nun se sentaron a la izquierda del escenario y se mostraron incluso de buen humor. Fue una especie de admisión de que los cambios –más allá de los reemplazantes– eran necesarios para darle aire al gobierno de Cristina. Massa se despidió largamente de todo el mundo y se dijo feliz de volver a Tigre.

Después de la asunción, el flamante jefe de ministros recibió a su sucesor, Julio Alak, y a su familia. Consultado por la prensa, el nuevo ministro de Justicia reconoció que hasta él se "sorprendió" con su designación, pero buscó aclarar que "la Presidenta sabe manejar los tiempos y tiene un pensamiento estratégico". Alak, que fue uno de los últimos en sumarse a las filas del oficialismo, se definió ayer como "un leal soldado de la causa de Néstor y Cristina". "Éste es un gabinete integrado por gente con mucha capacidad, experiencia de gestión y absoluta lealtad a la Presidenta", afirmó. En su entorno, no se animaban a confirmar si el ex intendente de La Plata conoce los nombres de los doce jueces federales de los tribunales de Comodoro Py, pero aseguraban que sabe bien quiénes son los miembros de la Corte Suprema.

A diferencia de otros actos en los que la primera fila estaba ocupada por empresarios, intendentes del PJ, sindicalistas y miembros de los organismos de derechos humanos, esta vez el Salón Blanco de la Casa de Gobierno estuvo colmado sólo por funcionarios, legisladores y militantes que fueron a expresar su respaldo al nuevo gerente general de Aerolíneas Argentinas, Mariano Recalde, y se quedaron hasta el final cantando la marcha peronista. El hijo del abogado laboralista que acompaña a Hugo Moyano desde hace años se cansó de que lo saludaran y le pidieran –un poco en broma y un poco en serio– pasajes para viajar en avión. Héctor Recalde, mientras tanto, repetía que mañana mismo iba a ir a comprarse un babero. La otra figura joven que se incorporó al gabinete fue Diego Bossio, el nuevo titular de la ANSES que contó con el respaldo de un sector de la ortodoxia pejotista que se enrola detrás de Juan Carlos Mazzón.

El jefe de la CGT estuvo entre las ausencias más elocuentes. El camionero ganó terreno en el nuevo elenco ministerial, pero su faltazo indica que aún no está conforme. Moyano, sostén principal de la gobernabilidad oficialista, es consciente de que la derrota de Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires le subió el precio. El secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, tampoco apareció por Balcarce 50. La lealtad incondicional de Hebe de Bonafini no pudo disimular ausencias como la de Estela Carlotto.

Sólo diez gobernadores dieron el presente encabezados por el bonaerense Daniel Scioli; Jorge Capitanich, de Chaco; Sergio Urribarri, de Entre Ríos; de Formosa, Gildo Insfrán; de Jujuy, Walter Barrionuevo; de La Rioja, Luis Beder Herrera; de Misiones, Maurice Closs; de Río Negro; Miguel Saiz; de San Juan, José Luis Gioja. La sorpresa fue la presencia del gobernador de Santa Fe, Hermes Binner.

¿Y LA GRIPE A? El temor por el contagio a la gripe A no hace efecto en lo más alto del poder. Ayer, en el Salón Blanco, hubo hacinamiento y casi nadie tomó las medidas preventivas que se difunden desde el propio Ministerio de Salud. Aunque la semana pasada la propia presidenta Cristina Kirchner había pedido en un acto que nadie se acerque a darle besos "porque hay que dar el ejemplo", ayer olvidó esa prédica y volvió a la costumbre de saludarse muy efusivamente con sus dirigentes. El único K que pareció tomarse en serio el tema fue el ex secretario de Agricultura Javier de Urquiza, un pingüino de estrecha relación con los Kirchner: fue uno de los pocos presentes que se embadurnó sus manos –y también su cara– con alcohol en gel.

LOS EMPRESARIOS LE DIERION LA ESPALDA. Fue una jura atípica para un ministro de Economía. Los empresarios y banqueros brillaron por su ausencia y los principales dirigentes gremiales también. Apenas se vio tras bambalinas al multimillonario Eduardo Elsztain, jefe de IRSA y dueño de los shoppings más concurridos del país, quien departió amablemente durante un rato largo con el jefe de Gabinete saliente, Sergio Massa.

El faltazo de los demás popes del establishment se produjo en el peor momento de la relación entre el Gobierno y el empresariado. Igual algunos argumentaron que las invitaciones no llegaron a tiempo y que el Salón Blanco sólo estaría reservado para funcionarios y sus familiares.

"Lo veo bien. Tiene todo para asumir", comentó escuetamente Elsztain a este diario sobre Amado Boudou, tras retirarse de la Rosada apenas concluido el acto. En rigor el financista no lo iba a ver a él sino a Diego Bossio, quien asumió al frente de la ANSES y seguirá como director en el Banco Hipotecario, donde IRSA convive con el Estado como accionista y encargado de la gestión operativa.

Al margen de Elsztain sólo se vio en el Salón Blanco a dos caras conocidas del empresariado, aunque sin el peso del dueño de los Altos en la dirigencia patronal. En la segunda fila estaba el presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), Osvaldo Cornide. En la sala adyacente, apretujado entre la multitud, estaba el textil Guillermo Gotelli, directivo de la Unión Industrial Argentina.

A la UIA, las invitaciones de Ceremonial para el acto de asunción llegaron a las 17.30, aunque la cita era menos de dos horas después. El desaire, tal como lo interpretaron allí, coincidió con la preparación por parte de la central fabril de un boceto de plan económico para presentarle al Gobierno.

Algunos empresarios aprovecharon esa improvisación para hacerse los distraídos y no asistir. La mayoría de los ejecutivos tenía previsto abandonar la ciudad por el fin de semana largo. En casos de ministros anteriores, de todos modos, muchos de ellos llegaron a interrumpir vacaciones en el extranjero para besamanos como el de ayer.

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