Nuevo capítulo del apriete a los diarios

Joaquín Morales Solá

El omnipotente secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, despidió al jefe de la Sindicatura General de la Nación, Carlos Pacios, porque éste no cuestionó (ni hizo cuestionar) el último balance de Papel Prensa. Hay que decirlo de ese modo frontal para entrever hasta dónde llega el proyecto oficial de tomar el control de la principal empresa productora de papel para diarios, la mayoría de cuyo paquete accionario está en manos de La Nacion y Clarín.

Aprobada ya una ley que le asegurará al Gobierno una vigilancia constante sobre los medios de comunicación audiovisuales, todo indica que les llegó la hora del apriete kirchnerista a los medios gráficos, cuyo principal insumo es, precisamente, el papel.

La ofensiva contra Papel Prensa no es nueva, pero tampoco es vieja. Comenzó hace un mes, cuando Moreno nombró en el directorio de la empresa a la más conocida de sus operadoras, Beatriz Paglieri, que antes ya se había ocupado de la destrucción del Indec. La llegada de Paglieri a Papel Prensa fue contemporánea de la renuncia de todos los anteriores representantes estatales en la empresa, luego de que éstos fueron sometidos a una brutal reprimenda por parte del secretario de Comercio.

En esa explosiva reunión, que motivó una denuncia judicial de parte de uno de sus oyentes, Moreno expresó la intención del gobierno de extenuar a Papel Prensa hasta que el Estado esté en condiciones de expropiarla o de comprarla a precio vil.

El vínculo de la salida de Pacios con la ofensiva sobre Papel Prensa se hace evidente si se repara en que junto con él fueron eyectados los síndicos del Estado en la empresa papelera, Carlos Manuel Vidal y Alejandro Turri. La Sindicatura General de la Nación, un órgano de auditoría interna del Gobierno, puede supervisar a Papel Prensa porque la empresa tiene un porcentaje de su paquete accionario (el 27 por ciento) en poder del Estado. Hace poco tiempo, también debió dejar su cargo, empujado por el mismo funcionario, el ex titular de la Comisión Nacional de Valores Eduardo Hecker, acusado de no haberse prestado a la persecución de la papelera.

Pacios y Hecker constituían, tal vez sin quererlo ellos mismos, la última frontera antes del probable desembarco del kirchnerismo en Papel Prensa. De ahora en más, el gobierno de los Kirchner, extrañamente derrotado en elecciones de hace cinco meses, estará en condiciones de cumplir el viejo anhelo de poder presionar sobre la prensa gráfica, sometida ya durante seis años al sistema de premios y castigos con la publicidad oficial.

También Moreno es sólo un símbolo, aunque un símbolo feroz del poder que emana de la residencia de Olivos. Moreno se autodefine como un "soldado" de un ejército cuyo "general" es Néstor Kirchner. Resulta imposible imaginar que semejante embestida contra los dos principales diarios del país esté siendo ejecutada por la decisión personal del secretario de Comercio; es Kirchner, digámoslo de una buena vez, quien lo mandó a hacer lo que está haciendo.

Control

En el cruel instante de la decadencia, el proyecto político de los Kirchner consiste en tomar el control de los medios periodísticos, de enlazar a los intendentes del conurbano con dinero contante y sonante y de quebrar a la oposición mediante la cooptación de sedientos gobernadores. Como se ve, ni la Presidenta ni su esposo se ocupan de los problemas que afligen a vastos sectores de la sociedad argentina.

El relevo de Pacios por Daniel Reposo, un ex directivo de la Anses (convertida en los últimos tiempos en una cantera inagotable de genios tan kirchneristas como desconocidos), merece además una reflexión de enorme gravedad institucional. La Sindicatura es el órgano que audita a la administración desde el interior de ésta. Por su lado, la Auditoría General de la Nación es la institución que ejerce la auditoría externa del Gobierno. Ninguna de las dos agencias funciona como corresponde.

La Sindicatura debería tener una autonomía técnica homologable dentro y fuera del país. Pero el Gobierno no tuvo mejor idea que nombrar en la cúpula de la Sindicatura a la esposa de Julio De Vido, que es el ministro que controla y maneja una incomparable cantidad de recursos del Estado, durante cuatro años y medio. Luego fue designada en su lugar la esposa del actual titular de la Anses, pero ésta no soportó mucho tiempo. Las casualidades son, por lo general, obra de las intenciones.

La Auditoría

La Auditoría General de la Nación es un organismo constitucional; la Constitución indica que su titular debe ser un representante de la oposición. Actualmente es el radical Leandro Despouy, pero el Gobierno hizo también ahí algunas travesuras. Nunca actualizó las reglamentaciones a la Constitución de 1994. Como consecuencia de viejas leyes, Despouy está rodeado por un colegio de auditores con clara mayoría oficialista, que le ha hecho la vida imposible.

Despouy ha resistido con un eficiente equipo propio, pero debió enfrentar hasta la pretensión oficialista de prohibirle que diera informes públicos sobre su gestión.

Lo que está sucediendo con la Sindicatura General de la Nación es una calamidad institucional, se lo vea por donde se lo vea. Es una agresión a la libertad de prensa que el Gobierno haya decidido controlar, mediante la intervención a Papel Prensa (que es lo que realmente quiere), la producción nacional de papel para diarios. Y es una agresión a cualquier noción de transparencia democrática que el kirchnerismo esté dispuesto a someter, remover y designar funcionarios en los organismos que nacieron para controlar a los gobernantes.

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