El nuevo año arranca acelerado

Por: Néstor O. Scibona.

La pausa que imponen los meses de verano al arranque de cada año tal vez sea más que relativa en este flamante 2010. Ni en el Ministerio de Economía ni en el Banco Central (BCRA), que celebra su 75º aniversario, hay planes de largas vacaciones.

El inminente canje de deuda con los holdouts y el uso de reservas capturadas por el polémico Fondo del Bicentenario antes de que el Congreso retome su actividad en marzo ya ocupan la atención de los funcionarios. Tampoco estará inactivo el secretario de Comercio, Guillermo Moreno, sobre todo después de que el ministro Amado Boudou admitió que el Gobierno volverá a ensayar nuevos acuerdos de precios, durante un año que se perfila con varios puntos más de inflación que 2009.

Esta dinámica económica tendrá su correlato en el plano político. Algunos analistas (como Rosendo Fraga y Carlos Fara) sostienen que la transición hacia la campaña electoral de 2011 será mucho más acelerada de lo que muchos suponen. El razonamiento es que después del receso estival la atención de la opinión pública estará puesta en el debut de la mayoría opositora en el Congreso y los festejos del Bicentenario; pero que en junio comienza el Mundial de fútbol de Sudáfrica, luego vienen las vacaciones de invierno y en agosto faltará sólo un año para las internas abiertas y obligatorias que definirán las candidaturas presidenciales, con lo cual la política electoral volverá a ocupar el centro de la escena.

Con este calendario por delante, dos son las prioridades inmediatas del ministro Boudou. Una de ellas es completar cuanto antes la normalización de la deuda con los bonistas que no aceptaron el canje de 2005, anunciar una adhesión superior al 70% e intentar una colocación de títulos ?aunque sea simbólica? aprovechando el buen clima de los mercados internacionales, para que la Argentina vuelva a obtener financiamiento voluntario después de casi tres años de ostracismo.

La otra prioridad está relacionada con la anterior y consiste en estrenar a la brevedad el Fondo del Bicentenario, constituido por 6569 millones de dólares de las reservas líquidas del BCRA. Aquí la estrategia es que en marzo ya sea un hecho consumado para anticiparse a las crecientes presiones de la oposición en el Congreso, que rechaza que este mecanismo haya sido dispuesto a través de un sorpresivo decreto de necesidad y urgencia (DNU) apenas seis días después de que se cerrara el período de sesiones ordinarias del año pasado. De ahí que Boudou ya haya anunciado próximas licitaciones para el rescate anticipado de títulos en dólares, con quitas, o sondeado la posibilidad de adelantar pagos de vencimientos de obligaciones externas a distintos organismos, lo cual ciertamente no es necesario ni mucho menos urgente. Los únicos escollos para esta intención podrían ser un dictamen desfavorable de la asesoría jurídica del BCRA o bien una medida cautelar de la Justicia en pleno verano.

Sin embargo, el apuro de la Casa Rosada por utilizar aquellas divisas se vincula también con la sospecha de que de esa manera libera además recursos internos (o eventuales créditos externos) para financiar un gasto público que no para de crecer (30% en 2009), aunque el año pasado consumió más de 3 puntos de PBI de superávit y por primera vez en seis años las cuentas públicas entraron en zona de déficit. Elípticamente, Boudou admitió aquel propósito cuando afirmó (en el último reportaje con La Nacion) que no habrá ningún ajuste fiscal en 2010. Esto supone que difícilmente se cumpla con la pauta de aumento de gasto prevista en el presupuesto de este año (12%). En la concepción kirchnerista, esa desaceleración significaría una restricción fiscal que enfriará la reactivación de la economía. La consigna oficial es entonces gastar más a cambio de recursos extras y de financiamiento, aunque ello signifique pagar deuda con stocks y complicar la sustentabilidad fiscal a mediano plazo. La última (?) moratoria de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) también va en la misma dirección. Todo es un pasaje de ida.

La contracara de la aceleración del gasto estatal, en una economía que se recupera a marcha lenta y con bajo nivel de inversiones privadas, es la reactivación de expectativas y presiones inflacionarias. Incluso en este esquema, una de las pocas opciones a que podría echar mano el Gobierno para moderar el gasto en 2010 serían nuevas reducciones segmentadas de subsidios (a tarifas de servicios públicos y precios de alimentos básicos). Pero esto complicaría el problema en el corto plazo, por más que no se refleje en los índices oficiales.

No hace falta que el Consejo Asesor Académico que creó el ministro Boudou para mejorar la deteriorada imagen del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) haya calificado de insatisfactoria la información recibida. Lo mismo podría afirmar cualquiera que trate de buscar datos en las estadísticas de precios, cada vez más genéricas y escuetas, y contrastarlas con la realidad.

Comparación

Sólo el Indec puede sostener que en los primeros once meses de 2009 el rubro alimentos y bebidas mostró una suba acumulada de apenas 4,3 por ciento. En cambio, un relevamiento directo que se realiza periódicamente en esta columna sobre los precios de una canasta fija de treinta productos de consumo masivo, en el mismo local porteño de una cadena líder de supermercados, arroja un alza promedio de 27,7 por ciento. La misma compra que costaba 300,49 pesos en diciembre de 2008 pasó a 383,73 pesos el mes pasado, sin considerar eventuales descuentos o promociones.

Un dato significativo es la enorme dispersión de los aumentos. Sobre 30 productos, 20 registran subas de dos y tres dígitos anuales. Sobresalen algunos cortes de carne vacuna (como la milanesa cuadrada, que aumentó 200%, y la carne picada especial, con 58%, mientras el lomo sólo lo hizo 4,5%) y de pollo en bandeja (51,5% las supremas y 64,5% pata y muslo). También hay incrementos del orden de 20% anual en productos básicos como pan francés (23,8%); fideos guiseros (19,7%); azúcar (33,1%); yerba mate (22,9%); café (22,2%), y queso en barra (27,7%). Las bebidas sin alcohol subieron entre 5% y 21% (gaseosas y agua mineral) y hasta 27,7% (amargo serrano). Las alzas más moderadas (menos de 5% anual) corresponden a jamón cocido, postres dietéticos, queso rallado y papel higiénico. Sólo hubo bajas en tres productos: detergente cremoso (-5,4%); leche para bebés (-1,1%), y zapallito redondo (-11%), aunque otras hortalizas, como berenjenas, papas y pimientos, muestran en ese orden subas de 42 a 150% de un año a otro.

Fuera de los supermercados y del índice de precios al consumidor (IPC), también es notorio el aumento de los combustibles. Entre enero y noviembre de 2009, la nafta premium subió entre 10 y 11% según las marcas; la súper, 17%; el gasoil, entre 16 y 47% y el gasoil premium, entre 3 y 74%, también según marcas. Paradójicamente, el Gobierno también alienta esta recomposición de precios y márgenes, que genera fricciones entre productores y refinadores no integrados: dos terceras partes de los valores de los combustibles están constituidos por impuestos, mientras las retenciones a la exportación de petróleo crudo siguen firmes aunque desalienten una mayor producción.

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