Nuevas revelaciones sobre los últimos minutos del empresario

El fiscal general Sotelo acusó a un funcionario de "una clara obstrucción de la Justicia"
Las gomas de la camioneta oficial rechinaron contra el asfalto en la puerta de la residencia del gobernador. "¡Vayan y encuéntrenlo!", había ordenado Arturo Colombi al director de Información Pública de esta provincia, José Luis Zampa, y al jefe de su custodia, el comisario inspector Juan Geraldi. Minutos antes, el mandatario había recibido una llamada alarmante de Hernán González Moreno, el empresario que apareció muerto en la madrugada del viernes pasado.

Como hizo en el resto de sus últimas ocho llamadas, incluida una a su esposa, el joven de 28 años le sugirió al gobernador que se iba a suicidar, le dijo que había recibido amenazas y le pidió que no lo buscaran. Sólo detalló que estaba en un lugar solitario, "rodeado de palmeras".

Ese relato figura desde ayer en la causa que investiga la misteriosa muerte de González Moreno, quien era director de una empresa que distribuía la publicidad del gobierno provincial y denunciante de Ricardo Colombi, gobernador electo y primo del actual mandatario, en un caso de corrupción. Apareció muerto adentro de su auto, un Toyota Camry negro, en un campo de su familia, sólo 48 horas antes de los comicios del domingo pasado. Primero se creía que había sido un suicidio, pero ahora, luego de un peritaje, no se descarta un crimen.

Zampa y Geraldi debían declarar anteayer ante la fiscalía de Goya, pero se ausentaron por motivos personales y sólo se presentaron ayer. Al primero no le fue bien. El fiscal general de Corrientes, César Sotelo, afirmó que González Moreno y Zampa eran "socios" y que éste alentó la idea del suicidio: "Y eso lo usaron con fines electorales. Veo una clara obstrucción sobre el accionar de la Justicia", estimó.

De acuerdo con los relatos de Zampa y Geraldi, coincidentes con los de los testigos que declararon hasta el momento, ambos llegaron hasta la estancia Del Medio, a unos 60 kilómetros de Goya, después de la medianoche. Zampa solía ir a cazar al campo de González Moreno y recordó que allí había zonas llenas de palmeras. Antes habían pasado por la casa del funcionario, que llevó su propio revólver. Los acompañaba un suboficial de la policía provincial.

En el casco de la estancia se toparon con otras dos camionetas. Allí iban Lisandro Mantilla, primo de González Moreno; un peón de apellido Ojeda, que también declaró ayer, y otros amigos de la víctima, como Juan Manuel Saloj y Gustavo Guevara. La mayoría dijo haber recibido llamadas de González Moreno, en las que les anticipó el desenlace y les repitió la pista de las palmeras. "Me quebraron; se metieron con mis cachorros", contaron que dijo en referencia a supuestas amenazas contra sus hijos. La intimidación fue atribuida por Zampa al sector político de Ricardo Colombi.

Mantilla afirmó que fue el último que había visto a su primo con vida. Relató que comieron y tomaron unas cervezas, pero que después él se fue a dormir y González Moreno se internó solo en el campo, tras decirle que se iba "a cazar unos chanchos". Mantilla explicó que se despertó sobresaltado por fuertes golpes a su puerta. Eran los amigos de su primo, preocupados por las llamadas que habían recibido. "Hay que ir a buscarlo", le dijeron.

Luego de casi dos horas de rastrillaje, Zampa contó que volvió hacia el punto de partida y que, entonces, vio venir, a gran velocidad, la camioneta en que viajaba Mantilla, que frenó de golpe al lado de la suya. "Lo encontré. Me parece que está muerto", le dijo el primo de la víctima. Los tres vehículos se dirigieron al auto de González Moreno, al que iluminaron con los faros de las camionetas.

Según su relato, encontraron el cuerpo después de las 3, en el asiento del conductor, echado hacia adelante. Tenía sangre en la frente. La bala calibre 45 le entró justo encima de la oreja derecha y salió por arriba del parietal izquierdo. Al lado de la palanca de cambios había un vaso con whisky Johnnie Walker Blue Label a medio tomar. Una bolsa de hielo se derretía sobre unos documentos en el asiento del acompañante.

Zampa relató que se acercó e iluminó la herida con la luz de su teléfono celular y que les dijo a sus acompañantes "no hay nada que hacer". Luego de unos minutos, el comisario Geraldi logró comunicarse con la policía. Los peritos que llegaron después de las 6, junto con el fiscal Guillermo Barry, encontraron la vaina de una bala en la alfombra de los asientos traseros y otras dos, afuera, a pocos metros del auto. Ese es sólo uno de los elementos que alimenta un misterio que aún no se resuelve.

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