Nuevas formas de (des)financiamiento de las empresas

Después de la eliminación del sistema de capitalización, al principio la Anses impulsó el crédito, pero ahora prima el de corto plazo y a tasas altas, un panorama que complica por igual a grandes compañías y pymes
Si los anuncios se convierten en hechos, en estos días empezarán a fabricarse en Brasil 20 aviones Embraer que Aerolíneas Argentinas compró al fabricante brasileño. La empresa argentina no tiene acceso al crédito, pero la operación, que tendrá un costo de US$ 700 millones, será financiada por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes) de Brasil.

Diego Meischenguiser es socio gerente de Perramus, la empresa que desde hace 80 años es conocida por sus impermeables. Lejos de los montos que necesita Aerolíneas, también ha buscado dinero para financiar la expansión de sus locales. Acaba de abrir uno en el shopping Dot. "Las soluciones que tenemos nosotros son dos. Una es que el proveedor otorgue un plazo de pago para los productos que entrega. La otra, descontar cheques de pago diferido en los bancos", cuenta. El primero les da alrededor de 90 días, y los bancos, 180.

A un año de la sanción de la ley que promovió el cierre de las AFJP, principales tomadoras de deuda corporativa de otros años, las empresas argentinas, ya sean grandes, medianas o chicas, están en problemas para conseguir financiamiento. El mercado cambió desde entonces. Ahora los plazos son menores, los inversores son otros y las emisiones se tienen que trabajar más. De cualquier manera, la comparación entre el año pasado y éste puede prestarse a confusiones. Sucede que en 2008 estalló la peor crisis financiera global desde la depresión de los años 30. Durante un tiempo, todas las colocaciones se frenaron. "Esperar y mirar" fue la idea que imperó. Pero llegó 2009 y de a poco empezó el descongelamiento.

Hasta su eliminación, las AFJP invertían alrededor del 45% del flujo de fondos anuales, algo así como $ 4000 millones, en diferentes instrumentos, como acciones, obligaciones negociables, plazos fijos o fideicomisos. Desde la estatización, según datos de la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses), este organismo destinó aproximadamente $ 2200 millones al sector privado (el 22% de sus ingresos). Y lo hizo en herramientas similares a las que usaban las AFJP. Además, mantuvo el stock que heredó de éstas.

El grupo Eurnekian está a punto de abrir un aeropuerto en Carrasco (Montevideo) que seguramente será la envidia de todo argentino que pase por él. Logró un crédito por US$ 165 millones. El mismo grupo tiene un proyecto aún más ambicioso para Ezeiza, pero el dinero para las obras no llega. "Confío en que eso se va a destrabar", dijo Eduardo Eurnekian cuando inauguró la terminal de Carrasco, que todavía no está operativa. No es lo mismo conseguir dinero para una obra en Uruguay que en la Argentina, comentaban los asistentes a la ceremonia.

Adolfo Bucher es uno de los dueños de Heladería Adaggio Gelato e Caffe. La firma tiene la casa central en Villa Urquiza y planea una expansión en Zona Norte. Acaba de inaugurar un local en Olivos. "¿Crédito? Imposible. Para cada apertura incorporamos un socio nuevo que es accionista sólo de ese local", cuenta Bucher.

A fines de septiembre de 2008, Pampa Energía, dueña de varias generadoras, de parte de Transener y de Edenor, colocó en el mercado US$ 178 millones mediante una obligación negociable. El ahorro público que se captase iba a usarse para terminar la central termoeléctrica neuquina de Loma de la Lata, que pasaría de tener un ciclo abierto a uno combinado, con el consiguiente aumento de capacidad instalada. Fue la última suscripción que hicieron las AFJP. Poco después desaparecieron. "Fue una operación exitosa. Se colocó a una muy buena tasa, a un plazo de siete años y se suscribió la totalidad. Además, hay que tener en cuenta el momento de salida al mercado, que fue en medio de la caída de los bancos en Estados Unidos", dijo el abogado Emiliano Silva, de Nicholson & Cano, el estudio que armó la operación.

Según estadísticas del Instituto Argentino de Mercado de Capitales (IAMC), este año las grandes empresas emitieron US$ 584 millones en obligaciones negociables, contra 404 millones del año pasado. Es decir, este rubro creció 44% frente al año anterior. Sin embargo, si la comparación se hace contra 2007, los números hablan por sí solos. En ese año, las emisiones, que en su mayoría fueron compradas por las AFJP, llegaron a 3250 millones. Al año siguiente, la ventanilla del mercado, afectada por la crisis financiera internacional y por la eliminación de las AFJP, sólo tomó el 12% de aquel monto. En 2009 las cosas no fueron mucho mejor: apenas se tomaron $ 18 por cada 100 que se colocaban en 2007. Los fideicomisos financieros, una de las herramientas preferidas para conseguir dinero a corto plazo, cayeron 21% en los primeros 11 meses de 2009 frente al mismo período del año pasado. Con la excepción de Invap, la sociedad estatal rionegrina de innovación tecnológica, que emitió una obligación negociable a siete años, ninguna de todas las otras empresas que salieron al mercado pudieron lograr plazos mayores a los cinco años. Más aún, de las 24 colocaciones, 16 fueron a menos de 24 meses. "Esto muestra que en la plaza hay un cortoplacismo extremo. No hay nada de financiamiento a largo plazo", dice el economista Manuel Solanet (h.), de la consultora Infupa.

Ante la falta de facilidades para fondearse en el mercado local, aumentaron las emisiones de valores de corto plazo (VCP), un instrumento de tiempos exiguos y que pocas veces sirve para financiar inversión. En lo que va del año se emitió un 21% más de valores de corto plazo que en todo el año pasado.

El fin de las AFJP ha dejado mal parados a los empresarios pymes que se le animaban a la Bolsa. Por ejemplo, los fideicomisos financieros emitidos por empresas más pequeñas totalizaron US$ 162,9 millones el año pasado, y en los 11 primeros meses de 2009 se colocaron 71,7 millones, un 56% menos. La emisión de ON, que es un mercado marginal para las pymes, también cayó: pasó de US$ 3,46 millones a 2,38 millones.

Siempre según los datos del IAMC, los cheques diferidos, un mercado de cortísimo plazo en el que se transaron US$ 193 millones en lo que va del año, se han mantenido como la herramienta preferida para las pymes.

Ruego a los proveedores

La voz de los empresarios pymes es casi de resignación frente a las posibilidades de crédito. Meischenguiser, de Perramus, cuenta que los proveedores de materias primas se han constituido en la principal fuente para comprar dinero a plazo. "Ese financiamiento no te sirve para pensar en una expansión o una inversión productiva. Es apenas capital de trabajo, pero ayuda mucho", dice.

Bucher, de Adaggio, coincide, pero advierte sobre el sobrecosto que trae aparejada esta situación: "Si bien es cierto que los proveedores terminan financiando mucho, al imposibilita poder negociar algún precio o alguna ventaja. Entonces se convalidan valores mucho más altos."

El ejecutivo de Perramus recuerda, con un dejo de nostalgia financiera, que hubo un momento de este año en el que recibió llamados de su banco. Le ofrecían dinero. "La Anses estaba colocando fondos en los bancos para que a su vez éstos los prestaran a las pymes. Eso ayudó, y mucho. Pero de cualquier manera, no son líneas que se mantengan en el tiempo."

Desde los escritorios de los bancos surge ahora una luz de optimismo. El economista Federico Sturzenegger es el hombre que Mauricio Macri sentó al frente del Banco Ciudad. Es un buen momento para visitar a Sturzenegger, por dos cosas. La primera, porque para llegar a su despacho hay que toparse con decenas de obras de arte y antigüedades que decoran el banco, uno de los principales compradores y vendedores de arte del país. Segundo, porque el economista formado en Harvard es optimista. "Los bancos están teniendo mucha liquidez, especialmente en el último mes y medio. Y eso se va a volcar al crédito. Además, yo creo que paulatinamente va a bajar la tasa de interés y los créditos se van a tornar atractivos."

Los bancos públicos podrían ser la llave del cofre de la felicidad financiero. Un informe del Banco Nación indica que esta entidad incrementó en los primeros nueve meses del año su cartera de crédito en pesos al sector privado un 17%, mientras que la del sistema en general se elevó sólo el 4%. "El Nación compensó la baja generalizada del sistema", destaca en un informe la entidad que preside Mercedes Marcó del Pont, la economista de Yale. Su desempeño se basó principalmente en los créditos a empresas y en gran medida (50%), a pymes, a tasas del 14%, la mitad que en la banca privada. El 20% del financiamiento fue para cooperativas, otro tanto para grandes empresas y el 25% para individuos.

Cuando estalló la crisis financiera internacional, el Nación emprendió una política contracíclica para suplir el cierre de las canillas de la banca privada y se concentró en préstamos para capital de trabajo ($ 9600 millones, frente a 5600 millones para inversión), pero en los primeros ocho meses de 2009 concedió más para maquinaria (10.800 millones, frente a 6100 millones para gasto cotidiano), se lee en el informe.

En la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA), que representa a las entidades extranjeras, reconocen los datos del Nación, pero tienen cuatro explicaciones. Primero, señalan que antes de la llegada de Marcó del Pont este banco público "estaba congelado en el mercado de crédito", por lo que ahora está creciendo a partir de una base muy baja. Segundo, desde la crisis del campo, en la primera mitad de 2008, los bancos perdieron depósitos y los privados debieron ser más prudentes a la hora de prestar, mientras que el Nación y el Provincia hicieron política anticíclica.

Tercero, los que crecían eran los depósitos en dólares, que se pueden usar sólo para dar créditos en la misma moneda a la exportación, que también cayó.

Y cuarto, no había demanda de crédito. En el Nación dicen que no la había para los préstamos de tasas muy altas.

Solanet cree que, con el tiempo, sobre todo aquellas empresas que tienen su actividad apalancada con ventas al exterior o con commodities, volverán a otros mercados. "De a poco, muy de a poco, se van a dar suscripciones afuera. No será este año ni el que viene, pero las compañías van a volver a tomar deuda afuera, emitiendo en otros mercados y con reglas de afuera", estima.

Agrega que la plaza local es muy cortoplacista y que si bien hay rumores de emisiones aprovechando la liquidez del sistema financiero, seguramente serán cortas. Recuerda que la Anses, que ahora maneja todos los fondos que antes ingresaban a las AFJP, acompañó algunas suscripciones a comienzos de año, pero después se retiró de los mercados de deuda.

"La Anses destina cada vez más dinero al mundo público y menos a los privados. Creo que esta tendencia va a seguir", dijo Solanet.

Pocas alternativas

Algunas empresas han explorado alternativas de financiamiento, pero el abanico de posibilidades es escaso. "No hay nada", se apura a decir Diego Bunge, abogado del estudio Bunge, Bunge, Smith & Luchía Puig, al ser consultado sobre las herramientas que exploran las empresas a la hora de buscar fondeo.

En ese bufete se armó gran parte de la operación que terminó con el préstamo que el banco Banco de Desarrollo Económico y Social de Venezuela (Bandes) le prestó a SanCor. Bunge dice que ese tipo de financiamiento es muy difícil que se pueda utilizar. "Esta fue una operación aislada, con fuerte contenido político. Pero no creo que se pueda replicar en otras compañías", reconoce. Aquella vez, SanCor recibió US$ 135 millones que usó para refinanciar su pasivo y convino que pagará con leche en polvo.

Bunge recuerda que sí hay cierto financiamiento en Brasil para aquellas empresas que formen algún tipo de alianza con las de ese país. "El Bndes [Brasil] financia a empresas brasileñas en la Argentina. Por ejemplo, a las constructoras que hacen una obra en el país, porque las considera exportadoras de servicios. Entonces, las que se unen a éstas en algunos proyectos logran financiarse", explica. Resulta poco para una Argentina que necesita mucho dinero para la obra pública.

Las empresas locales están ahogadas por la necesidad de financiamiento. Por ahora, el combo que forman la movida coyuntura política, las consecuencias de una crisis económica que aún no se despejó y la falta de un inversor institucional fuerte y previsible tornan casi una utopía el regreso del crédito. Los bancos podrían tener la respuesta con el dinero que por ahora duerme en las cajas fuertes.

20

por ciento

* Es la tasa de interés anual mínima que pagan las empresas de primera línea por los préstamos que toman del sector financiero.

Pago diferido

* El volumen negociado de estos cheques se ha mantenido estable desde 2007, con 190 millones de dólares por año.

Los que caen en default

Hay una combinación explosiva en el mundo corporativo: las empresas privatizadas con fuertes deudas. Hacia allí miran la mayoría de los analistas que siguen los números de las compañías. En las últimas semanas ya empezó a hablarse, y mucho, de este sector que tiene los ingresos congelados y los costos sueltos. Autopistas del Sol se animó a informar a la Bolsa porteña que mañana no podrá hacer frente a un vencimiento que tiene. Para decirlo simple y llano, avisó que caerá en default, con lo que seguirá los pasos que hace casi un año inició Transportadora de Gas del Norte (TGN).

Hay más compañías complicadas. Un director de una privatizada recordaba el caso de Metrogas: "No quiso firmar con el Gobierno y jamás le dejaron subir las tarifas". Esta semana, Standard & Poor´s bajó la calificación de la gasífera: "Enfrentará un elevado riesgo de refinanciación en 2010 y 2011". Fitch calificó con CCC a Inversora Eléctrica Buenos Aires, que controla a la distribuidora bonaerense EDEA.

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