Una nueva ronda de intervencionismo

Por Jorge Oviedo

SI el Gobierno quería triunfar en las últimas elecciones para "profundizar el modelo" no parece haber cambiado de opinión porque las haya perdido. Las decisiones de los últimos días muestran además una multiplicación de las intervenciones estatales que han causado enormes problemas y distorsiones. La Argentina, que, según el Papa, tiene niveles escandalosos de pobreza, ¿puede seguir cobrándoles tributos a esos mismos pobres para financiar un déficit enorme de Aerolíneas Argentinas y ahora comprar los derechos de televisación del fútbol?

La Asociación Empresaria Argentina vio con preocupación la intervención del Estado en el negocio de la televisación del fútbol. Ha sido leído como una nueva intromisión en negocios entre privados. La situación será evaluada en las próximas horas.

El Gobierno, además, se empeña en crear la imagen de que hace algunas modificaciones y atiende algunos reclamos. Acaba de lograr media sanción en Diputados de una prórroga de facultades delegadas que le da más superpoderes presupuestarios de los que tenía. Ha sido presentado por el oficialismo y sus aliados como una "limitación" que no es tal. El límite para los manejos discrecionales fijados es tan alto que ni siquiera los Kirchner, que han marcado todos los récords en la materia, han estado ni siquiera cerca de alcanzarlo.

Y el Estado sigue entrando en el terreno empresarial. "Lo de Guillermo Moreno manejando la papelera Massuh es escandaloso; la compañía la ofrecían en venta y no tuvieron éxito porque la deuda bancaria era irremontable; el Gobierno paga un alquiler por esa compañía, distorsiona los mercados y encima vendió la marca; están creando el terreno fértil para un colosal reclamo judicial por daño, que va a terminar siendo un gran negocio", señaló un industrial.

La maniobras con el Indec tampoco merecen confianza alguna. "Boudou está intentando generar confianza en los mercados porque necesita volver a tomar préstamos; si canjea los bonos atados al CER por otros actualizados por tasas de mercado es muy probable que tenga éxito", dice un banquero.

La idea sería retirar los controvertidos títulos para quitar la preocupación de los mercados por el índice de inflación falsificado. Algunos creen que entonces la inflación se medirá bien. "Con la recesión, que ataja los precios, y cuando no esté la idea de que si se dice la verdad se paga más por intereses, medirán más o menos en serio; van a diseñar un índice que varíe poco, pero entonces la discusión será metodológica y no como ahora, que está en el terreno del delito", señala un economista.

Un hombre de empresa, en cambio, descree. "Jamás van a decir la verdad, porque desaparecido el problema de la deuda estará el de que, si dicen la verdad de la inflación, saldrá a la luz la verdad de la pobreza y los Kirchner no van a tolerarlo, van a separar a los mercados de la mentira, pero van a seguir mintiendo ¿para qué si no pusieron a un hombre de Moreno al frente del Indec?", razona.

En tanto, los parches en las tarifas de luz y gas volvieron a dejar muy dañada la imagen de De Vido, quien hasta horas antes del volantazo presidencial defendía el esquema que él mismo diseñó.

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