Nueva era en la relación China-EE.UU.

Washington y Pekín acordaron enfrentar múltiples desafíos, como la crisis global y la amenaza nuclear de Irán y Corea del Norte
WASHINGTON.- Para los ojos de esta superpotencia, no cabe duda de que el mundo ha terminado de darse vuelta.

Hace cuatro décadas, el presidente Richard Nixon hizo un histórico viaje a China, considerada entonces "un gigante a punto de despertar".

Ahora no sólo ha despertado, sino que se sienta de igual a igual en una Casa Blanca donde -según reconoció sin matices Barack Obama- es "inimaginable" avanzar sin que los dos gigantes, China y Estados Unidos, se pongan de acuerdo en cómo dar cabida a sus intereses en el mapa del siglo XXI.

Esa voluntad de entendimiento -a la que el humor político ya ha reconocido y bautizado "el G-2 o Chinamérica"- es lo que cristalizó ayer tras una extraordinaria ronda de dos días de negociaciones en el más alto nivel, en Washington.

"Tenemos el compromiso de adoptar los próximos pasos de este viaje juntos", fue la elocuente expresión con que la secretaria de Estado, Hillary Clinton, sintetizó la clausura de un encuentro en el que, tal como subrayó, contó con la presencia del propio Obama.

Desde el costado económico, el acuerdo principal es haber llegado a un "marco de trabajo para enfrentar la crisis global, lo que incluye construir sistemas financieros más estables", explicó el secretario del Tesoro, Timothy Geithner.

El viceprimer ministro chino, Wang Qishan, dejó claro lo que este acuerdo significa: "China se concentrará en el aumento de la demanda doméstica y en la demanda de los consumidores". Con eso, Washington pareció haber avanzado en el reclamo a Pekín para que modere sus apetencias exportadoras en Estados Unidos, que padece un desempleo en alza.

Son pasos. En los hechos, el primer Diálogo Estratégico y Económico entre China y Estados Unidos concluyó ayer con acuerdos en materia de finanzas, comercio internacional, medio ambiente y seguridad.

"Pero lo más importante no son los acuerdos en sí mismos, sino la voluntad de ambos países de abrir un foro permanente para coordinar sus pasos", evaluaron ayer funcionarios del equipo de Obama.

Eso es lo más novedoso en dos países que no se imaginan separados pese a las enormes diferencias y el reconocido recelo que los separa.

Por caso: "Ustedes deberían ser cuidadosos con los dólares que emiten", reprocharon autoridades del gobierno chino a Geithner. Este encajó el reproche: China no sólo es un gigante que ha despertado hace tiempo, sino que, hoy por hoy, es el principal prestamista de Estados Unidos: más de 800.000 millones de dólares de bonos del Tesoro norteamericano están en manos chinas.

Pekín no quiere que semejante inversión peligre por una economía inflacionaria y en recesión. Y Washington necesita que China le siga comprando deuda para poder financiar un déficit que, según se estima, llegará a fin de año al récord absoluto de 2 billones de dólares.

"Como un país emisor de la principal moneda de reserva del mundo, Estados Unidos debería equilibrar adecuadamente el impacto de la oferta de dólares en su economía y en la economía mundial", soltó Wang, al inaugurar la conferencia.

Geithner no podía dejar de escucharlo: estaba a su lado. El secretario del Tesoro norteamericano ya ha visitado Pekín con el mensaje de que las inversiones denominadas en dólares mantendrán su valor. Y que el déficit estadounidense "disminuirá pronto". Pero, al parecer, eso no fue suficiente.

Washington, a su vez, intenta avanzar en un acuerdo político con Pekín pese a las enormes diferencias que declara en valores democráticos y de derechos humanos. "Los derechos de las minorías étnicas y religiosas tienen que ser respetados", dijo Obama al comenzar el diálogo con un gobierno que aquí y en buena parte del mundo se considera autoritario. La referencia se interpretó como una alusión a lo ocurrido en la provincia de Xinjiang, donde hubo más de 150 muertos durante una revuelta de la minoría huigur.

Clinton, en tanto, se centró en buscar la cooperación de Pekín en un amplio rango de temas diplomáticos, desde Corea del Norte y el cambio climático hasta las enfermedades infecciosas y los mercados de energía.

Hubo acuerdo para actuar "de modo conjunto" ante las ambiciones nucleares de Corea del Norte, algo que en Washington se consideró crucial para persuadir al régimen de Pyongyang a un ánimo "dialoguista" en la materia, según se indicó.

"Estamos muy satisfechos con el resultado de discusiones que fueron rigurosas, exhaustivas, abiertas, francas y extremadamente útiles", dijo Clinton.

En particular, Washington quiere un mayor apoyo de China, que tiene poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, para controlar los programas nucleares de Corea del Norte y de Irán.

Geithner, en tanto, se comprometió a respaldar un mayor juego de China en el manejo del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Fue el propio Obama quien, anteayer, ya había señalado la importancia de lo acordado. "La relación entre Estados Unidos y China dará forma al siglo XXI, lo que la hace tan importante como cualquier relación bilateral en el mundo", dijo.

Ambos tienen interdependencia. Pekín necesita acceso a los mercados estadounidenses, mientras que Washington depende de que China siga ayudándolo a financiar el déficit. Y ambos necesitan impulsar el crecimiento para generar empleo.

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