La nueva estrategia con el campo

Por Nicolás Wiñazki.

Ya no quiere tenerlos de rodillas. Los quiere tener, a secas. Néstor Kirchner modificó su estrategia con “el campo”.

Ordenó a los ministros que cambien las críticas públicas contra los ruralistas e instalen la idea de que el Gobierno quiere solucionar como sea la crisis agraria. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, ahora dice que “si le va mal al campo, le va mal al país”. El jefe de Gabinete, Sergio Massa, repite que la “decisión es no soltarle la mano al productor”. Frases de esa clase, dichas por funcionarios de jerarquía en medio de la guerra gaucha del año pasado, hubiesen causado una crisis interna dentro del oficialismo. Ya no. El campo golpeó a Kirchner donde más le duele: la caja y las encuestas. La recaudación cae porque caen las exportaciones de los granos, y la imagen de los candidatos K sube a medida que se diferencian de la política de Olivos. Demasiado para Néstor, que, así como necesita para las elecciones a los ex “traidores” del peronismo (ver nota aparte), también analiza cuáles son las mejores opciones para reencauzar aunque sea un poco la relación con la dirigencia rural, ahora que la discusión –al menos la mediática– ya no gira más sobre las retenciones a la soja sino en torno a las urgencias que genera la sequía más cruenta en medio siglo.

Un grupo de “moderados” del gabinete le acercó algunas ideas. La principal es que la presidenta Cristina deje de encabezar los actos de anuncios para el campo porque su imagen genera rechazo entre los chacareros: proponen que la cara pública de esos temas sea el secretario de Agricultura, Carlos Cheppi. Otro de los ítems es que se liberen las exportaciones de la carne para que los productores puedan comercializar sin límites su ganado antes de que se muera de sed y hambre bajo el sol. Esa opción la impulsa el secretario de Asuntos Agrarios bonaerense, Emilio Monzó.

Mientras el Gobierno decide qué hacer, algunos de sus operadores empezaron a intercambiar información con las agrupaciones rurales. El ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, como siempre, prefiere al establishment: su interlocutor es el presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati. Cheppi se encarga de la Carbap y la Federación Agraria. Del lado de los chacareros no aceptan de ningún modo que Guillermo Moreno siga intercediendo en la política agraria. Kirchner, a su vez, no quiere saber nada con Alfredo De Angeli y Mario Llambías: está convencido de que son “manejados” por la oposición.

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