Una nueva elección, un viejo anhelo

Lita y Manfredo se parecen, y no tanto. Acaso por eso se haya mantenido esta sociedad política en Tucumán durante más de 10 años. Largos silencios anteceden las declaraciones de la referente del Movimiento Socialista de los Trabajadores. Casi podría decirse que, cuando uno indaga en su pasado, "Lita" viaja en mente pero vive en cuerpo los recuerdos. De allí las lágrimas cuando recuerda a Nahuel Moreno.
Héctor, en cambio, es más verborrágico. Su gruesa voz porteña casi reclama un megáfono; cada tanto, durante la charla, suelta un chiste y deja que su carcajada rompa el formalismo del ambiente. Pero el contenido de ambos discursos es el mismo. Reniegan de los partidos tradicionales, de las consecuencias de su política; pero también cuestionan a la izquierda "que no se une". Incluso, fuera de grabador, Manfredo advierte que "el marxismo no puede anquilosarse". Héctor y Alberstein tienen diferencias, pero no tantas. Quizá por eso funcionan como una suerte de matrimonio político que, al igual que el enlace civil, a veces atraviesa crisis, a las que suelen sucederles reconciliaciones. Ambos desenrollan un curriculum de luchas, que comenzaron a escribir desde muy jóvenes, en Buenos Aires, y confrontan sus pequeños éxitos a los resultados de la "vieja política". "Lita" y Manfredo enfrentan juntos una nueva elección, y lo hacen con un viejo anhelo: que, por fin, la ciudadanía dé el golpe de revancha con la izquierda.

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