Nuestro pueblo no carece de alimentos, sino de educación

CARLOS ALBERTO CORDOBA

DNI 12.172.315

La Rioja 1245

Resistencia

Señor director de NORTE:

El título de esta nota es un fragmento de un mail que llegó a mi correo que quiero compartir y reflexionar con usted y los lectores. Fue escrito por un periodista muy famoso que todos conocemos y nos describe de una manera asombrosa y puntual a los argentinos.

Dice así su nota: Los medios de protección que la constitución nos proporciona, son la libertad y los privilegios y recompensas conciliables con esa libertad.

Los argentinos hemos sido ociosos por derecho y holgazanes legalmente. Se nos tentó a consumir sin producir.

Nuestras ciudades capitales son escuelas de vagancia de quienes se desparraman por el resto del territorio después de haberse educado entre las fiestas, la jarana y la disipación.

Nuestro pueblo no carece de alimentos sino de educación y por esos tenemos pauperismo mental. En realidad nuestro pueblo argentino se muere de hambre de instrucción, de sed de saber, de pobreza de conocimientos prácticos y de ignorancia en el arte de hacer bien las cosas. Sobre todo se muere de pereza, es decir de abundancia.

Quieren pan sin trabajar, viven del maná del estado y eso les mantiene desnudos, ignorantes y esclavos de su propia condición.

El origen de la riqueza son el trabajo y el capital, ¿Qué duda cabe que la ociosidad es el manantial de la miseria? La ociosidad es el gran enemigo del pueblo en las provincias argentinas. Es preciso marcarla de infamia: ella engendra la miseria y el atraso mental de los cuales surgen los tiranos y las guerras civiles que sería imposibles en medio del progreso y la mejora del pueblo.

Sabe señor director y señores lectores quien fue el periodista que escribió esto?

Fue Juan Bautista Alberdi, nuestro gran prócer y excelente jurista quien escribió estas reflexiones en Sistema económico y Rentístico de la Confederación Argentina, en el mes de marzo de 1855, sí señor director, hace ya de esto 154 años.

Me parece verlo a Alberdi caminando por las calles de la Argentina y mirando la realidad de todas nuestras ciudades. Me parece verlo también caminando por la plaza 25 de Mayo y tomando apuntes para su famosa nota, viendo a toda esa gente joven, desperdiciados, tirados sobre el pasto tapados con una frazada y tomando mate, a otros jugando a las cartas, otros al fútbol y algunos animando el "acampe" con música brasilera como scola do samba. En realidad no hemos aprendido nada a través de nuestra historia, seguimos siendo los mismos que describió Alberdi. Lo que me pregunto señor director es ¿hasta cuándo seguiremos así?, ¿Cuánto más aguantará nuestra patria con estos mecanismos de obtener migajas de un gobierno que creó estos "monstruos", que ahora no sabe cómo manejarlos? O será como me dijo un familiar mío cercano al gobierno: "Dejalos nomás que pidan y pidan, ahora ya terminó la elección, pueden hacer todo el quilombo que quieran". Hasta cuándo seguirán usando a esta pobre gente con escasa o ninguna instrucción para sus fines electorales y después los tirarán como se usa y se tira un elemento que todos conocemos?

Después cuando cortan calles, puentes y rutas no saben cómo pararlos, porque si le dan más y más, son insaciables, pero si los "reprimen", pagan un costo político, entonces por actuar siempre dentro de la ilegalidad y el facilismo, la justicia, muchas veces presionada por los políticos y gobernantes, no quiere actuar, siendo que tendrían que aplicar las leyes vigentes, que sí las hay, no hacen falta más, sólo hay que aplicarlas, y el corte de calle, de un puente, de una ruta, o robo de energía o de terrenos privados, son delitos que están tipificados y bien claros en los códigos respectivos, y también previstos y penados. Se deberían hacer cumplir las leyes, para eso pagamos nuestros impuestos. Y que no crean señor director que nos es fácil cumplir con todos los gravámenes, pero lo hacemos o por lo menos luchamos para estar al día. Por eso exigimos que la Ley sea cumplida, que se apliquen las sanciones que correspondan por cada delito cometido. Aprendamos de Chile, un país que tiene poco o nada de presencia geográfica, pero que en pocos años más será considerado como un país de desarrollado. Pero es un país, donde tiene un gobierno coherente, legal, con muy poca o ninguna corrupción, y si la hay, el sistema judicial funciona a la perfección. Y no digan que es por obra de la represión de Pinochet, porque el pueblo chileno es muy trabajador y tienen una cultura del trabajo que aquí no la tenemos.

Quiero también dejar señor director para que reflexionen los lectores acerca de una carta escrita por el famoso científico inglés Charles Darwin, a quien todos conocemos, y que estuvo por nuestro país cuando realizó un viaje científico a bordo de la fragata inglesa Beagle, al mando del capitán Fitz Roy entre los años 1831 a 1836, y que describe a los habitantes de la Argentina de la siguiente manera:

"La justicia y la policía son completamente ineficientes. Si un hombre comete un delito aunque pueda ser encarcelado y fusilado, si es rico y tiene amigos en quien confiar nada pasará..." "...las clases más altas y educadas que viven en las ciudades se mofan de toda religión y practican las corrupciones más groseras, su falta de principios es completa. El concepto de honor no se comprende. Todo funcionario público es sobornable, no se puede esperar justicia si hay oro de por medio. Con esta extrema carencia de principios entre los dirigentes tienen la esperanza de que el gobierno democrático perdure. En mi opinión, antes de muchos años temblarán bajo la mano férrea de algún dictador, 20 de noviembre al 4 de diciembre de 1833. Los textos son de Charles Darwin Diary of the voyage of H.M.S Beagle.

Hace de esto señor director 176 años y cualquier coincidencia con nuestra realidad argentina no es pura coincidencia como dicen los encabezados de las películas.

Por todo lo escrito, es evidente que no hemos aprendido nada ni mejorado en nada respecto a la escala de valores que debe guiarnos, sólo me resta decir: Que Dios nos ayude y proteja del futuro que vendrá.

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