En nuestra ciudad: Sólo dos de cada cien inquilinos construyen su casa propia

Según el Relevamiento Socioeconómico publicado en los últimos días un 69.1% quiere construir pero no puede. De ese porcentaje 9 de cada 10 consultados sostienen que ven frustrados sus sueños por cuestiones económicas, mientras que 8 de cada 10 entrevistados estaría dispuesto a vivir en una casa que forme parte de un plan de viviendas.
La problemática de la vivienda propia es una de las más preocupantes en Rafaela. El ritmo febril que tuvieron las inversiones inmobiliarias hasta el año pasado, cuando comenzó la desaceleración de la economía, elevó los precios de los terrenos a niveles récords. Paralelamente la gran presión de la demanda sobre los alquileres también aumentó los valores de los contratos y ese combo de precios dejó a los inquilinos sin posibilidades concretas de invertir en ladrillos. Según el Relevamiento Socioeconómico Rafaela 2008, cuyos datos se terminaron de procesar y publicar hace algunos días, sólo el 2% de los inquilinos está construyendo una casa propia que le permitirá dejar de alquilar. Del resto, hay un 69,1% que quiere construir, pero no puede: de ese porcentaje, 9 de cada 10 consultados sostienen que ven frustrados sus sueños por razones económicas.

El informe se hizo sobre un universo de 467 hogares elegidos al azar en la zona urbana de Rafaela. El trabajo de campo se concretó en julio del 2008 y la muestra es complementaria de la Encuesta Permanente de Hogares que permite medir los índices de desocupación y otros indicadores sociales. Cuenta con el aval del Instituto Provincial de Estadísticas y Censos y es el Instituto de Estudios y Capacitación para el Desarrollo Social del Municipio rafaelino el organismo encargado de llevarla adelante.

Según los datos recogidos en la muestra, un 79,2% de los consultados son propietarios de sus casas o no pagan alquiler. Sólo el 10% de esos propietarios todavía está pagando la casa. Los números son reveladores de la realidad actual. El bajo porcentaje de propietarios que no pagó totalmente su casa desnuda la imposibilidad de acceder a créditos hipotecarios y la necesidad que tienen los rafaelinos de contar con recursos propios, por capacidad de ahorro o alguna renta importante, para poder acceder a una casa propia.

El estudio no discrimina el impacto de los planes sociales sobre la estructura habitacional de Rafaela. Tampoco queda claro si en el casi 80% de los consultados que se declaran propietarios están incluidos los que viven en casas construidas con recursos del FONAVI o en algunos de los planes del Instituto Municipal de la Vivienda o en el Plan Federal.

Lo cierto es que, sobre un 16,5% de inquilinos consultados, el 69,1% declaró que tiene intenciones de construir o adquirir una vivienda, un 28,9% excluyó esa posibilidad y sólo el 2% afirmó estar construyendo. El 88,1% manifestó que la cuestión económica es determinante para impedirle acceder al techo propio. Y 8 de cada 10 inquilinos contestó afirmativamente a la pregunta de si estaría dispuesto a vivir en una casa que forme parte de un plan de viviendas. De esa porción, 3 de cada 4 personas consultadas opinó que le resulta indiferente el lugar donde se construya, a condición de tener una casa y dejar de pagar alquiler.

Parálisis preocupante

La cuestión de la vivienda es una problemática central en la ciudad. Actualmente, hay una preocupante parálisis en la construcción de viviendas con financiamiento oficial. Desde la entrega de las 150 viviendas del Plan Federal I en el barrio Mora, concretada el 1º de diciembre último, no hay emprendimientos nuevos solventados por el Estado. Esas 150 casas, más las 250 del Plan Federal en el sector Promeba, fueron los últimos planes sociales ejecutados en Rafaela. Sólo se sumaron 17 casas construidas con créditos hipotecarios del Banco Nación y gestionadas por la Comisión de Industrias de Rafaela en el marco de un plan para dotar de viviendas a cuadros medios y personal técnico de industrias de la ciudad, las cuales se ejecutaron en el barrio San José, bajo la supervisión del Instituto Municipal de Vivienda, que también vendió los terrenos para esas casas.

En noviembre de 2007, hace un año y medio, fueron licitadas otras 600 viviendas, que se harían en dos etapas de 300 cada una, en el marco del Plan Federal II. La obra sería pagada por la Nación, pero el contrato y todo el proceso de adjudicación y administración de la obra quedaría en manos de la provincia, de la misma manera que se hizo con el Plan Federal I.

Luego de interminables dilaciones en donde no faltaron los reproches políticos, se llegó a un acuerdo con la empresa oferente, que fijó un precio de más de 100 mil pesos para cada vivienda (incluyendo el terreno y la infraestructura urbana) la Nación concedió la factibilidad para la firma del contrato correspondiente. La provincia acusó por las demoras a la falta de cumplimiento en el envío de los anticipos financieros necesarios para la obra, y la Nación argumentó que en realidad no podía mandar los anticipos porque la provincia nunca firmó el contrato con la empresa adjudicataria.

Tras una intervención del intendente Omar Perotti, que permitió acercar a las partes y acelerar los trámites pendientes, un gesto que fue oportunamente reconocido por la directora de Vivienda y Urbanismo de la provincia Alicia Pino, finalmente parecía que se destrababa todo y se firmaría el contrato. Pero Pino no volvió a hablar del tema y hoy por hoy no se sabe si el contrato se firmó finalmente. Lo cierto es que la esperanza de que las obras comenzaran enseguida -con el consiguiente impacto sobre la ocupación de mano de obra de la construcción (se calcula que unas 200 personas trabajarían en la construcción de las casas durante un año) en un momento donde se necesitan mantener puestos de trabajo- se derrumbó rápidamente. Y la construcción nunca arrancó.

Por falta de financiación también cayeron en el olvido dos planes municipales. Uno apuntaba a la ejecución de viviendas en el triángulo que se forma entre los ramales del ferrocarril Belgrano, en el barrio Villa del Parque, al sur de las casas que el gremio mercantil levantó hace algunas décadas. Otro proyecto que nunca prosperó fue el de construir departamentos en el lote que la Municipalidad compró en un remate, y que está ubicado en Avenida Aristóbulo del Valle, entre Echeverría y Suiza. Y tampoco hubo avances en la promesa provincial de ejecutar 111 viviendas para los beneficiarios del sorteo fallido de las 150 casas del Plan Federal I, a los que tampoco se les pagó el subsidio que se comprometió a abonar el Estado provincial.

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