"Noventa mil brasileños nos aplaudieron de pie...".

Burru evoca los 25 años de la última Libertadores del Rojo, en la que el equipo de Pastoriza le dio "un baile en su casa" al Gremio. ¡Qué tiempos aquéllos!
Esa boca tan llena de gol. Esos brazos abiertos para remontar vuelo y quedarse a vivir en el cielo, alojado en el firmamento de estrellas inolvidables de Independiente. Esa imagen que dos años después también regaló a los argentinos en la final de México 86. El recuerdo hoy marca 25 años del último festejo del Rey de América. Y en Olé lo evoca el héroe, Jorge Luis Burruchaga, autor del único gol de la final de la Libertadores 84 ante Gremio de Porto Alegre. "¡¿25 años ya!? Estamos viejos, ¿no? Y pensar que entonces, en 20 años, se habían logrado siete".

-¿Otra época?

-Es todo distinto. Las Copas de antes y ahora son como las Eliminatorias, eran más complicadas. Antes jugaban los campeones, nada más. No como ahora. Hoy la verdadera Copa arranca con los playoffs y antes te mataban en el grupo nomás. De cuatro clasificaba uno solo. La segunda fase, de tres, pasaba uno.

-¿Cómo fue en el 84?

-Tocó Estudiantes, bravísimo en esa época, Olimpia de Paraguay, un grande sudamericano, y Sportivo Luqueño. Primera fase tremenda, la ganamos con lo justo y jugando buen fútbol... En la salida a Paraguay sacamos dos puntos de cuatro. Y luego las batallas con el Pincha. Empatamos en La Plata y goleamos en Avellaneda. Ahí ya veíamos que estábamos para grandes cosas. Aún así tuvimos que definir con Olimpia, perdíamos 2-1 faltando siete minutos. Pateé el penal, el más difícil de mi vida, y lo ganamos sobre la hora, gol de Bufarini.

-¿Por qué el más difícil?

-La hinchada atrás, del lado de la Visera, con Almeida enfrente, atajador de penales, experiencia... Si fallaba nos dejaba afuera. Era otro golpazo para la gente.

-¿Y luego?

-Nacional, otro histórico, y la U. Católica. Partidos muy cerrados. Ganamos bien pero con lo justo. En esa Copa a mí me tocó algo grande, hacer muchos de los goles clasificatorios...

-¿Ves más diferencias?

-Antes eras visitante en serio, no había televisación. Ibas al Centenario o al Defensores del Chaco y cobrabas, te escupían. Hoy están las cámaras ahí, nadie te agrede. La policía también intervenía fuerte. Era duro. Los vestuarios eran trompadas van, trompadas vienen...

-Y llegaron a Brasil...

-Otra lección. Fue 1 a 0 pero merecimos un 3 a 0. Noventa mil brasileños nos aplaudieron de pie, reconociendo la superioridad. Esa noche, en el hotel, los periodistas brindaron en honor a lo que habían visto... Les dimos un baile a los brasileños en su casa. ¡Cómo lamentamos que no se haya televisado!

-Contá algún secreto.

-No había misterios. El equipo en dos años sólo cambió a Enrique por Killer y Percudani por Morete. Jugábamos de memoria.

-¿Y el gol de la final dónde lo ponés?

-Detrás del que le hice a Alemania en la final en México 86. Los dos, a nivel club y Selección, los más importantes de mi vida.

-¿El hincha del Rojo extraña mucho esa gloria?

-El hincha primero quiere estar bien a nivel local. No piensa más allá. Lamento que Independiente esté así, y me duele. Se va a recuperar, pero le va a costar mucho a corto plazo. Ni hablar en el plano internacional. Es mucho 25 años. Pero cuando le toque jugar la Libertadores, que se agarren los demás: van a explotar los estadios.

-¿Cuándo será?

-El fútbol es impredecible, hoy estás abajo, mañana arriba... Pero le costará.

-¿Tenés un diagnóstico?

-Todo es consecuencia de algo. Se da cuando no se hacen las cosas bien. No se analiza por qué pasa lo que pasa, y si encima seguís el mismo camino... Yo estoy tranquilo porque le dije a Comparada lo que se podía venir, y está sucediendo. Independiente está errando los caminos. Pero ya es un problema de ellos, eligieron otras cosas. Y los costos están a la vista.

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