La novela de Duhalde y Reutemann ya la dieron hace siete años

Por: Julio Blanck.

Los hechos que aquí se van a relatar ya sucedieron. Pero, pertinaces, reaparecen hoy, siete años después. Y reaparecen sus protagonistas, que son los mismos aunque el tiempo les haya sucedido también a ellos, como a todos, y ya no sean exactamente los mismos de entonces, sino una versión ligeramente desmejorada.

Así ocurrieron las cosas.

El martes 2 de julio de 2002, en un mensaje por cadena nacional que duró apenas dos minutos, el presidente Eduardo Duhalde anunció elecciones para comienzos de 2003. Una semana antes, los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán habían sido asesinados por policías bonaerenses.

El miércoles 3 de julio de 2002, Carlos Reutemann y José Manuel De la Sota, gobernadores de Santa Fe y Córdoba, dejaron trascender un posible acuerdo para integrar la fórmula oficialista. Se decían representantes de la franja moderada del peronismo, distantes de Adolfo Rodríguez Saa y de Carlos Menem. Duhalde hizo saber que estaba listo para apoyarlos.

El jueves 4 de julio de 2002, Reutemann dijo: "Soy capaz de competir hasta con el Diablo". Le habían preguntado si estaba dispuesto a enfrentar en la interna a Menem, que fue su padrino de bautismo en la política.

El viernes 5 de julio de 2002, Reutemann se recluyó en Los Aromos, su campo ubicado 50 kilómetros al norte de Santa Fe, para meditar su decisión. De la Sota anticipaba: "Si Reutemann es candidato lo voy a apoyar".

El sábado 6 de julio de 2002, un avión privado aterrizó en el aeropuerto de la capital santafesina. Venía de La Rioja. Se dijo que transportó a Eduardo Menem, quien fue recibido por Reutemann. El hermano Eduardo le habría presentado una propuesta para acompañar a Menem en la fórmula. Años después, allegados a Reutemann aseguraron que el pasajero de ese vuelo había sido el mismísimo Carlos Menem.

El domingo 7 de julio de 2002, según una historia poco conocida, Reutemann manejó su camioneta desde Santa Fe hasta la Capital. Fue a la casa de Mauricio Macri, viejo conocido suyo, y le ofreció la Jefatura de Gabinete en su eventual gobierno. Macri le dijo que no. Se cuenta que Reutemann también consultó al embajador de EE. UU. y al nuncio apostólico

El lunes 8 de julio de 2002, funcionarios de Duhalde sostenían que al día siguiente, en la celebración de la Independencia en Tucumán, Reutemann iba a aceptar su candidatura.

El martes 9 de julio de 2002 Duhalde encabezó el acto oficial. Argumentando problemas en su avión, Reutemann no fue a Tucumán. Sus allegados dijeron que quería más tiempo, y garantías de acompañamiento de las principales figuras peronistas porque había que tomar medidas durísimas para salir de la crisis. De la Sota declaró, con cierta ironía: "Reutemann no duda; analiza con seriedad". Enojado, otro precandidato peronista disparó: "Duhalde es el jefe de campaña de Reutemann". ¿Quién era? Néstor Kirchner.

El miércoles 10 de julio de 2002, Reutemann fue a la Casa Rosada. Estuvo con Duhalde apenas 20 minutos. Le anunció que no iba a postularse. Después, en conferencia de prensa, repitió 18 veces que no sería candidato. Ese día surgió una frase de leyenda: "Vi algo que no me gustó". Tenía que ver con aquella visita sorpresa llegada desde La Rioja. Sus amigos explicaron: "Lole le teme a una interna sucia".

Después se encadenaron otros hechos.

Duhalde apestilló a Reutemann al opinar que para ser candidato a presidente "hay que estar convencido, con ganas, con decisión y con coraje". Y ahí nomás lo puso en carrera a De la Sota. Pero el cordobés no consiguió levantar vuelo.

En octubre, Duhalde hizo un último intento para convencer a Reutemann. Buena parte del peronismo y del empresariado le desearon suerte. No la tuvo. "Reutemann ha tomado una decisión. Ya es un tema pasado", concluyó Duhalde.

Desde una clínica, internado por una infección intestinal, Reutemann dictó su carta de renuncia a presidir el Congreso del PJ que debía consagrar la triple candidatura presidencial ideada por Duhalde. Así se evitaba la interna en la que Menem corría con clara ventaja.

Antes que terminara el año, Kirchner se transformó en el candidato de Duhalde. El gobernador de Santa Cruz se pasó la campaña repitiendo: "Yo no soy el Chirolita de nadie".

El resto es historia conocida. Con lo bueno y con lo malo. Quizás ahora estemos a las puertas de repetirla, en todo o en parte. Pero ya sin derecho al asombro ni a la sorpresa.

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