¿Por qué se van?

Por Mariano Grondona

Uno por uno, ex gobernadores que son también destacados legisladores como Solá, Reutemann, Romero y Obeid, así como un número significativo de otros senadores y diputados justicialistas, han abandonado o están abandonando al kirchnerismo tal como también lo ha hecho el vicepresidente Cobos. Impresionados por este vasto movimiento que se amplía cada día, los observadores han salido en busca de dos metáforas bíblicas para determinar si lo que está ocurriendo ante de nuestros ojos es una "diáspora" o un "éxodo".

Aunque ambas reconocen el mismo origen bíblico, estas dos palabras tienen diferentes alcances. La "diáspora", que significa "dispersión", alude a las numerosas veces en que el pueblo judío debió esparcirse por el mundo a consecuencia de las persecuciones. "Exodo" es en cambio el título de un libro del Antiguo Testamento que narra una única y larga hazaña: la huída de Egipto de "todo" pueblo judío en busca de la Tierra Prometida.

Estas dos metáforas bíblicas tienen impactos diversos según se las aplique a lo que hoy le ocurre a Néstor Kirchner. Si sufre una "diáspora", los adherentes que pierde se están dispersando en diferentes direcciones. Si sufre al contrario un "éxodo", es todo el kirchenrismo el que empieza a emigrar en masa hacia una nueva dirección. En la primera hipótesis, Kirchner pierde pero no se sabe aún en favor de quién. En la segunda hipótesis, Kirchner pierde pero en dirección de una nueva versión del peronismo que, después de haber sido sucesivamente menemista, duhaldista y kirchnerisista, ahora prepara su regreso bajo algún nuevo nombre.

Antes de saber "adónde" van los ex kirchneristas, convendría saber "por qué" se van. Aquí reinan tres conjeturas. Una, la menos elegante, es que se van por cálculo, ya sea porque el menguado liderazgo de Néstor Kirchner ha dejado de convenirles en cuanto lo ven como un probable perdedor en las elecciones de octubre, ya sea porque la "caja" de Kirchner se ha vuelto exigua. Otra, más "humana", es porque ya no toleran el trato despótico, humillante, al que los ha sometido su antiguo jefe.

Esta última conjetura se abre a una tercera que lleva consigo semillas de esperanza. Al no tolerar más el trato autoritario del ex presidente, ¿no están redescubriendo acaso los que ahora emigran las bondades de un sistema alternativo? Es que Kirchner no es sólo un hombre. También es un sistema al que podríamos llamar "dictadura intrademocrática": una dictadura nacida en el seno de la democracia. Los que se hartaron del estilo kirchnerista del mando y el pensamiento único, ¿no han empezado a añorar impetuosamente, entonces, las bondades de la división de los poderes y la fecundidad del pluralismo? Si esto es así, lo que está renaciendo en medio de nuestras tensiones cotidianas es nada menos que la república.

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