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"Eso no tiene nada que ver", le contestó Cristina Fernández de Kirchner a alguien que le había planteado que el desastre que vivió Tartagal había sido causado por la deforestación para la produccion.
En un recorrido aéreo aguas arriba por el Río Tartagal, El Tribuno pudo constatar, como lo hiciera ayer la Presidenta de la Nación, que no existen desmontes que hayan podido ocasionar el desborde.

Es tan evidente lo que se observa desde las alturas, que esa teoría no sólo suena a disparate, sino que también parece esconder intenciones desconocidas y mal intencionadas.

La mayoría de las deforestaciones tienen el objetivo de generar campos de cultivo. Pero está patente, que en esas laderas ni los mismos Incas hubieran conseguido sembrar algo. Por la pendiente y por la inaccesibilidad desde tierra pensar que se puede trasladar maquinaria pesada al lugar es simplemente inviable.

"Los expertos que fuimos llevando estos días han coincidido en afirmar que se produjo un amontonamiento de agua, tipo diques, producto de la lluvia. La arena y las maderas han formado como una compuerta que por la presión explotó", le dijo a El Tribuno el piloto de Aviación Civil de la Provincia Alejando Sagristá, que desde hace 15 años "vuela" esta zona y en particular esta cuenca. "Desde el aire se ven la huellas. No se de qué desmonte me están hablando".

Para graficar la situación: río arriba desembocan en el cauce principal una infinidad de quebradas, los afluentes por los que baja el agua con cada lluvia. Se nota claramente el desmoronamiento de muchísimas de estas laderas que dejaron manchas gigantes de tierra en el infinito y escarpado verde. En particular, se destaca un "piletón", a unos pocos kilómetros del puente ferroviario que dejó una marca imborrable e inmensa en el monte.

Se pueden ver varios troncos "pelados", sin corteza, que son señal de que llegaron rodando desde lejos y se fueron "descascarando" en el trayecto. Los pilotos Gabriel Muñoz y Sagristá le dijeron a El Tribuno que pudieron ver 10 autos arrastrados por la corriente. Uno de ellos quedó a 15 kilómetros de Tartagal.

"Que lo haya trasladado a esa distancia te da la pauta de la magnitud y el poder de la crecida. Recién acabamos de realizar un vuelo, ordenado por el Gobernador, para ver si se podía ver algo que pueda ayudar a encontrar a estas dos señoras desaparecidas. Fuimos al final del río. Hay mucha arena y muchos palos", dijo Sagristá resignado.

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