Silencios que no son silencios

Por Roberto Dabusti

La situación que se está viviendo en el país hermano de Venezuela nos llena de dolor. Ver cómo, día a día, recrudece la violencia da impotencia y la incógnita de cómo se saldrá de esta crisis, genera angustia. Muchos medios de comunicación, sobre todo los que no son de Venezuela, muestran situaciones que reflejan cómo son violados a diario los derechos humanos y la cantidad de muertos aumenta día a día.  

También se dio en estos últimos días una situación que es para analizar con detenimiento. Se lo señala al Papa Francisco de haber mantenido silencio e inacción ante esta dolorosa situación del país americano. Quienes conocen bien a Jorge Mario Bergoglio saben que estas situaciones no pasan inadvertidas para él, y su actuar generalmente se da alejado de los flashes y del registro de las cámaras y de los medios de comunicación. Esto se acentúa más en situaciones tan dolorosas y extremas donde el derecho a la vida es vulnerado. Así lo hizo en varias circunstancias ocurridas en la Arquidiócesis de Buenos Aires; siendo pocos los que saben que fue él quien logró destrabarlas o evitar acontecimientos más graves aún a los ocurridos.

Para analizar esta situación tomaré tres aspectos que pueden servir para ver con detenimiento las situaciones que demuestran que Francisco se preocupa y ocupa de la grave situación de Venezuela.

En primer lugar no es verdad que el Papa mantuvo silencio. Quizás algunas personas y medios de comunicación parece que solo oyeron pero no escucharon varios de los mensajes brindados por él en público. Por ejemplo en el Ángelus del domingo 2 de abril de este año, Francisco ya advertía: “Sigo con viva atención cuanto está ocurriendo en Venezuela y en Paraguay. Rezo por su población, muy querida para mí, e invito a todos a perseverar sin cansancio, evitando toda violencia, en la búsqueda de una solución política”. Más adelante, el domingo 2 de julio el Papa volvía a pedir la Paz en Venezuela y la pronta solución del conflicto al remarcar que "se acabe la violencia". Otro domingo que pasó desapercibido para quienes los critican, fue el del 16 de julio cuando en el Ángelus expresó “Deseo dirigir un saludo especial a la comunidad católica venezolana presente en Italia, renovando la oración por vuestro amado país”. 

Algunos medios de comunicación hicieron difusión tibia de estos mensajes de Francisco, pero si vemos las publicaciones de los últimos días, parece que no los han registrado.

En segundo lugar, la figura del Secretario de Estado del Vaticano Pietro Parolin es clave para entender la estrategia y las diversas acciones que el papa Francisco viene realizando para contribuir con la paz en Venezuela. El cardenal Parolin, de vasta trayectoria en el servicio diplomático de la Santa Sede, fue Nuncio en Venezuela por cuatro años y conoce bien los actores de ese país. Fue testigo y protagonista de años duros vividos en Venezuela, ya que fueron el centro del avance de la revolución bolivariana llevada adelante por Hugo Chávez y los conflictos con la Iglesia Católica fueron intensos. A la hora de analizar el actuar del papa Francisco conviene tener en cuenta que por algo y para algo hace las cosas, aunque a veces, en el corto plazo, no se lo logre interpretar. Lo que sí está claro es que si Parolin está cumpliendo un rol tan importante en ese lugar, en este momento, es porque existe un “para qué”. 

El servicio Diplomático de la Santa Sede ha realizado diversas gestiones a lo largo de los años, impidiendo, en algunos casos, guerras entre pueblos hermanos. Nadie puede olvidar la disputa entre la Argentina y Chile en el año 1978. La figura del cardenal Samoré fue clave para impedir un enfrentamiento armado entre naciones hermanas. Gracias a la intervención del papa Juan pablo II y a la gestión del cardenal Samoré, la paz fue firmada en 1980 entre ambos países en la Sala del Consistorio del Vaticano.

Por último y en tercer lugar, se cae de maduro que el papa Francisco siente mucho y le duele lo que está ocurriendo en Venezuela. El papa que trabaja de lunes a lunes y que invierte muchas horas de trabajo para solucionar conflictos  en el mundo, dedica horas de oración para pedir por la paz y la solución definitiva para el pueblo venezolano. Quizás, como ya lo ha hecho en otras circunstancias ocurridas en la Argentina, Francisco  guarda un último recurso para dar solución a la grave situación que vive Venezuela, no sería la primera vez ni tampoco la última.

Quienes acusan a Francisco de inacción y silencio claramente no lo han observado a lo largo del tiempo, no lo conocen, no leen sus escritos y menos aún, escuchan lo que dice. Quizás sea hora no sólo de oírlo sino también de escucharlo. En Francisco no basta con preguntarse el “por qué” sino que convendría ver el “para qué” de sus palabras, de sus gestos y de sus silencios.

La situación vivida por el país hermano de Venezuela debe ser un llamado de atención a los diversos organismos internacionales. Resulta llamativo que se señale y ponga la mirada sobre el papa Francisco en este momento, ya que es un líder religioso. No se mide con esa misma exigencia a los organismos internacionales como las Naciones Unidas, el Mercosur y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para nombrar algunos. Señalar al papa Francisco puede ser una solución simplista y hace esquivar la mirada y las responsabilidades sobre quienes realmente han colaborado para que esta situación se esté viviendo, ya sea por acción o por omisión.

Esperamos la pronta solución de este conflicto tan doloroso y que la sangre derramada no sea en vano, sino que por el contrario sirva como aprendizaje para que situaciones similares no ocurran nunca más. 

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