Nosotros, los hijos y los miedos

Por: Osvaldo Pepe

Desde hoy comienza el período de reclusión de los chicos, liberados en forma anticipada, y durante un mes, de sus obligaciones escolares por la pandemia de la Gripe A. Detrás del día a día (Gripe A: usarán a personal de las Fuerzas Armadas), en el que hemos pasado de la negación hasta la admisión de más de 100 mil contagiados, subyace la cuestión de los miedos que se pueden instalar en el inconsciente colectivo de las nuevas generaciones. Quienes tengan más de 50 años, por caso, recordarán los estragos de la epidemia de poliomielitis y las marcas que la misma dejó, incluso entre quienes no sufrieron la enfermedad, la abrumadora mayoría.

Chicos y jóvenes están siendo criados en la cultura de la prohibición: detrás de cada uno de ellos están las omisiones y/o errores de los padres y las decisiones erráticas del Estado. Nuestros chicos recordarán a futuro la "era de los barbijos", pero detrás del pánico escénico de estas horas, aparece perdido el dato oficial de que cada año más de medio millón de chicos menores de seis años no reciben las vacunas obligatorias por dificultades de acceso al sistema de salud.

También registrarán en sus memorias que el sexo, uno de los goces esenciales de la condición humana, vida en estado puro, se asocia a la muerte a través del sida. No es culpa de ellos. Por dar sólo un ejemplo, la Ley de Educación Sexual de la Ciudad, sancionada en 2006, aún no ha llegado de modo sistemático a las aulas.

Y en el orden del juego, núcleo formador de libertad y autonomía, la calle, el espacio urbano, se vislumbra más como un riesgo a la seguridad que como fuente inspiradora de socialización. ¿Cómo será el psiquismo medio de estos ciudadanos de mañana, abrumados por miedos y peligros a su alrededor? Nadie tiene la respuesta. Algo es seguro: nada de todo esto les será gratis.

Comentá la nota