"Nosotros o el caos" es la apuesta K

"Nosotros o el caos" es la apuesta K
El gobernador bonaerense justificó su postulación en nombre de la "gobernabilidad". Un ministro nacional confirmó la estrategia del miedo.
"Si no gobernamos nosotros, ¿quién va a gobernar? ¿Con crisis internacional, con caída en el empleo, con todo en contra?". La frase, que pertenece a un ministro del Gabinete de Cristina Fernández de Kirchner, blanquea el tono de la estrategia que el oficialismo adoptará de cara al inicio formal de la campaña.

El gobierno nacional vuelve a plantear los comicios como la instancia que pondrá en juego el futuro. Hasta antiguos enemigos de las definiciones extremas ahora apelan al miedo como argumento electoral. En una entrevista que le concedió ayer a Clarín, el gobernador bonaerense, Daniel Scioli, habló de la urgencia por "fortalecer la gobernabilidad". La fórmula remite a una famosa muletilla, agitada cíclicamente por los sucesivos gobiernos de turno: "Nosotros o el caos".

No es la única apelación que hace el oficialismo en busca de definiciones tajantes. "El Gobierno perdió definitivamente a la clase media. Pero se encamina con claridad a convertirse en el gobierno de los pobres", le dijo a Crítica de la Argentina un ministro que estuvo todo el fin de semana repasando sondeos del conurbano bonaerense. En la Quinta de Olivos, citan trabajos de encuestadores como Ricardo Rouvier, Roberto Bacman y hasta Julio Aurelio. Aseguran que Kirchner mide 53 puntos entre la clase media baja y la clase baja, pronostican que el 86% de los votantes peronistas promete volver a votar al oficialismo el 28 de junio. "La fórmula es Kirchner-Scioli. No tengas dudas", afirmó la fuente. De acuerdo con los números que manejan en la residencia presidencial, la candidatura de Scioli a diputado nacional le suma al menos siete puntos a la del ex presidente. Por eso, el diputado ultrakirchnerista José María Díaz Bancalari llegó a sugerir ayer que Scioli podía llegar a encabezar la lista, incluso sin Néstor. Si antes el oficialismo ganaba por entre 5 y 9 puntos –de acuerdo con los escenarios más o menos optimistas de Olivos–, ahora el margen de la victoria se amplía a entre 12 y 16 puntos de diferencia. La euforia es tal que afirman que Francisco de Narváez y Margarita Stolbizer van a rondar los veinte puntos.

"Vayan buscando otro método para echarnos. Con elecciones no van a poder", le respondió ayer a este diario el dirigente del Movimiento Evita, Emilio Pérsico. Consultado por este diario, el analista político Rosendo Fraga consideró que el riesgo de que el gobierno nacional quede muy debilitado tras los comicios es real: "Existe mas allá de los usos políticos que se le quieran dar. La historia muestra que una derrota en las elecciones legislativas luego puede hacer perder la gobernabilidad, en especial cuando ese factor se combina con una crisis económica: tales fueron los casos de Alfonsín y De la Rúa", dice. Un alto funcionario de Scioli reafirma ese punto de vista: "La historia reciente demuestra que las elecciones de término medio condicionan la recta final de todos los mandatos. De la Rúa no se quiso involucrar en las elecciones de 2001: dijo que no ganaba ni perdía porque él no se postulaba, y así le fue". Ése es el mensaje que Kirchner le trasmitió con éxito a la mayor parte del PJ bonaerense.

Sin embargo, Fraga disiente con la estrategia plebiscitaria del kirchnerismo: "Plantear las elecciones en términos de referéndum lleva a Kirchner a una derrota segura. El oficialismo va a sacar menos votos que en la última elección, eso está claro. Le queda sólo la chance de que la oposición llegue dividida, como está ocurriendo". Ese aspecto aún sigue en observación entre los operadores del Gobierno. "Si Jorge Macri va con una lista propia, el PROperonismo pierde ocho puntos más", le aseguró ayer a este diario un operador presidencial.

Los sectores conciliadores explican el "todo o nada" oficial con otras palabras. Como le dijo ayer a este diario un diputado bonaerense que se mueve bajo el paraguas oficial: "Sin el poder de hacer y deshacer, el pingüino no sabe gobernar. No está acostumbrado a que le pongan condiciones, como hizo el campo el año pasado". Fraga abona la misma hipótesis: "Las crisis requieren de consensos, pero el kirchnerismo tiene una cultura política que no es apta para la formación de consensos. Sólo con esos consensos se va a poder gobernar. La historia muestra que los políticos pueden cambiar sus inclinaciones ideológicas, según los momentos y las conveniencias, pero lo que no cambia es su personalidad".

Tres hipótesis sobre Daniel el disciplinado

En el peronismo bonaerense circulan tres hipótesis –no excluyentes– respecto de por qué Daniel Scioli se somete con mansedumbre a una estrategia electoral riesgosa y cuyo único motivo conocido es que Néstor Kirchner no gana solo la elección de junio:

1) Scioli rehén: Por la crisis mundial, los tropiezos que ya se sienten en la economía nacional y el déficit provincial, su gestión como gobernador bonaerense dependerá cada vez más de los recursos desde la Casa Rosada. Un final convulsivo de su mandato acabaría con la buena estrella política que lo ilumina en todas las encuestas y le permitió sobrevivir a su fidelidad con Menem, Duhalde y –quizá– Kirchner.

2) Scioli conducción: Hipótesis íntimamente ligada a la anterior. A las dificultades que se avecinan, se suma desde el plano político la posibilidad de perder las mayorías en la Legislatura bonaerense y no contar siquiera con chance de quórum propio. Scioli jugaría entonces todo su caudal electoral para conservar el manejo de las riendas políticas de la provincia.

3) Scioli presidente: Ante la convicción instalada de que Néstor solo no gana, si el PJ triunfara, la lectura inmediata será que ganó gracias a Scioli (vaya primero o segundo en la lista, da igual, dicen en su entorno). Esa potencia electoral (decisiva para encolumnar detrás a los caciques peronistas de todo el país), combinada con lealtad K, le aseguraría el apoyo pingüino a su ambición de desembarcar en la Casa Rosada el año 2011.

Capitanich suma otro no

"No he tenido ninguna comunicación. Y mi prioirdad es resolver el tema del dengue". En forma escueta, el gobernador de Chaco, Jorge Capitanich, alargó la columna del "no" en las listas que lleva el kirchnerismo sobre los dirigentes dispuestos a acompañar las candidaturas testimoniales. Capitanich, uno de los mandatarios más fuertemente alineado con la Casa Rosada, remató: "Nadie me llamó".

OPINIÓN

El brochazo de Alfonsín

Guillermo Alfieri

Raúl Alfonsín lo llamaba "el brochazo". Sintetizaba su idea de que toda elección se define por un trazo grueso, una consigna que condensa la opción principal. Algo así como decirle a la población: "Señores, esto es lo que verdaderamente está en juego".

Con paciencia y mates, una larga mañana de 1995 en su departamento de la avenida Santa Fe, donde fui citado para discutir por primera vez en un reportaje el Pacto de Olivos, Alfonsín me explicó su teoría. No despreciaba las plataformas ni los programas de gobierno –aunque sabía que casi nadie los lee– ni tampoco el abanico de asuntos en discusión (ecónomicos, educativos, sociales, institucionales) que propone cada comicio. Pero su experiencia probaba que la carta ganadora estaba en acertar el brochazo. Su campaña del ’83, tras la dictadura más feroz, ofertaba democracia, vida y paz frente al peligro de una reedición de la violencia interna peronista y el poder de un presunto pacto militar-sindical. La gaffe bestial de Herminio Iglesias quemando en público un ataúd radical fue la confirmación de que el brochazo había sido preciso. Y Alfonsín quedó en la historia como el primer político que derrotó en elecciones limpias al imbatible PJ.

¿Qué fue sino un brochazo la histórica opción "Braden o Perón"?, ¿o Menem presentándose como la alternativa al caos de la hiperinflación?, ¿o De la Rúa ofreciendo la austeridad aburrida frente a la "divertida" corrupción menemista? Néstor Kirchner también supo ubicar el punto G del electorado cuando se encaminaba a aplastar a Menem en una segunda vuelta. Era lo nuevo frente al regreso del pasado que había germinado el estallido en 2001.

El peligro del brochazo aparece cuando no sintoniza con los temores profundos de una sociedad. Y se convierte así en dramática anticipación de un apocalipsis que para el común de la gente no está en el horizonte. A Elisa Carrió le ha pasado. Al matrimonio presidencial le pasó cuando alarmó con los "comandos civiles destituyentes". Esta nueva y desesperada apelación de la fórmula Nestor-Scioli que amenaza "vótenos o no habrá gobernabilidad" corre el mismo riesgo de saltar la delgada frontera que separa un brochazo certero de un mensaje sin eco

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