Noruega, el ejemplo de cómo enfrentar la crisis y ganar

Durante años ahorró y fortaleció su Estado, mientras en el mundo se imponía el derroche
OSLO.? El año pasado, cuando el capitalismo parecía al borde del colapso, la ministra de Economía de Noruega, Kristin Halvorsen, una vieja escéptica del libre mercado, hizo mucho más que alardear.

Mientras los inversores del mundo entero vendían en medio del pánico, Halvorsen decidió nadar contra la corriente: autorizó al Fondo Soberano de Inversión de Noruega (tiene activos por 300.000 millones de dólares) a incrementar su programa de compra de acciones en 60.000 millones de dólares, un 23% del volumen total de la economía noruega. "La oportunidad no era nada mala", dijo Halvorsen, con satisfacción, por el repunte que comenzaron a experimentar los mercados a partir de marzo.

La crisis financiera global ha puesto de rodillas a las economías de casi todos los países del planeta, menos a la de Noruega.

Con esa desobediencia excéntrica tan característica del país como los fiordos de su escarpado territorio, Noruega ha prosperado haciendo la suya. Mientras los otros derrochaban, Noruega ahorraba. Cuando los otros buscaban limitar el papel del gobierno, Noruega fortalecía su Estado benefactor, que proporciona cobertura desde el nacimiento hasta la muerte.

Y en medio de la peor crisis mundial desde la Gran Depresión, el crecimiento de la economía noruega se ubicó el año pasado apenas por debajo del 3%. El gobierno goza de un superávit presupuestario del 11% y su balance contable no registra deudas.

En contraste, se espera que Estados Unidos registre este año un déficit fiscal igual al 12,9% de su PBI y que su deuda total trepe a los 11 billones de dólares.

Noruega es un país relativamente chico, con una población de 4,6 millones de habitantes y todas las ventajas de ser un importante exportador de petróleo. En 2008, cuando el precio del barril alcanzaba precios récord, los ingresos por petróleo superaron los US$ 68.000 millones. Aunque los precios se han derrumbado, el gobierno no está preocupado. Eso se debe a que Noruega no cayó en la trampa que condenó a muchos países ricos en recursos energéticos.

En vez de dilapidar sus ganancias, Noruega aprobó una ley que garantiza que los ingresos por petróleo vayan directamente al fondo soberano, dinero estatal que se usa para hacer inversiones en otras partes del mundo. Actualmente, ese fondo está cerca de convertirse en el más grande del mundo.

La relativa frugalidad de Noruega está en franco contraste con Gran Bretaña, que gastó sus ingresos petroleros del Mar del Norte durante los años del boom económico. "En Estados Unidos y Gran Bretaña no existe el sentimiento de culpa", dijo Anders Salund, experto en Escandinavia del Instituto Peterson de Economía Internacional, de Washington. "Por el contrario, en Noruega existe un sentido de la virtud. El que ha recibido mucho tiene una responsabilidad."

El economista noruego Eirik Wekre describe de esta manera lo que sienten los noruegos: "No podemos gastar este dinero ahora. Sería como robarles a las generaciones futuras".

Wekre, que pagó su casa y su auto en efectivo, atribuye este consenso generalizado a la iconoclasia noruega. "El hombre más fuerte es el que se para solo en el mundo", dijo, citando al dramaturgo noruego Henrik Ibsen.

De todos modos, hasta Ibsen estaría de acuerdo en que es más fácil pararse solo en el mundo cuando el país de uno tiene reservas de petróleo que lo convierten en el tercer exportador del mundo. El flujo de dinero procedente del oro negro que ingresa al país desde principios de la década de 1970 ha permitido que hasta los noruegos más duros disfruten de su prosperidad. El PBI per cápita es de US$ 52.000 al año, sólo detrás de Luxemburgo entre las democracias industrializadas.

Al igual que en la mayor parte del resto del mundo, los precios internos aquí también se han disparado. Pero en Noruega no se ha producido colapso inmobiliario, ya que los créditos hipotecarios desmedidos eran muy escasos. A diferencia de Dublín o Riad, donde la construcción de rascacielos se ha interrumpido a medio camino y las grúas inmóviles dominan el paisaje, Oslo conserva una apariencia modesta que recuerda más a una aldea pesquera que a una capital de Occidente, y el edificio de la Opera, que costó 800 millones de dólares, es uno de los pocos signos de opulencia.

Los bancos noruegos, dice Arne J. Isachsen, economista de la Escuela de Administración de Empresas de Noruega, siguen siendo sólidos y nunca perdieron la prudencia a la hora de prestar. Los bancos representan apenas un 2% de la economía nacional, y la estricta supervisión estatal de sus políticas crediticias ha impedido que corran los mismos riesgos que sus pares de Islandia. Pero no han cerrado sus puertas a quienes buscan un préstamo. Isachsen, como tantos otros noruegos, tiene una casa de fin de semana y una línea de crédito abierta por su banco, que utilizó para comprarse un barco nuevo.

Aunque una cabaña en el bosque o un velero no es comparable a los excesos vistos en Nueva York o Londres, algunos noruegos temen que las riquezas que reportó el petróleo y la prodigalidad del Estado hayan terminado por corromper la estricta ética noruega del trabajo.

"Este es un programa de ocio a cambio de petróleo", dijo Knut Anton Mork, economista del Handelsbanken, de Oslo. Un estudio reciente, señaló Mork, concluyó que los noruegos trabajan menos horas que los ciudadanos de ninguna otra democracia industrializada. "Nos hemos vuelto complacientes", agregó Mork. "Tenemos más vacaciones que la mayoría, y beneficios y licencias por enfermedad extremadamente generosos. Un día de éstos, el sueño va a terminar."

Pero ese día está todavía lejos. Por el momento, el trabajo abunda y la mano del gobierno es omnipresente, incluso para los marginales.

A la vuelta de la esquina del Banco Central de Noruega, por ejemplo, Paul Bruum se inyecta una jeringa entera de anfetaminas. Sus llagas y ulceraciones delatan muchos años de adicción. Bruum dice que los 1500 dólares que recibe del gobierno mensualmente alcanzan para mantenerlo bien alimentado y abastecido de drogas.

Bruum, de 32 años, nunca tuvo trabajo, y reconoce que no está en condiciones de tenerlo. "No culpo a nadie -dijo-. El gobierno de Noruega se ha ocupado de mí."

Para Halvorsen, hasta el costado más oscuro del sueño noruego es mejor que la pesadilla económica que se vive en otros países.

Noruega

* Población: 4.600.000 habitantes

* PBI: US$ 250.000 millones

* Ingresos: US$ 52.000 per cápita

* Gobierno: monarquía constitucional

* Religión: cristianos (91%)

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