El Norte ya tiene su guerra por el agua

La batalla contra el calor y la lluvia que no llega también se da entre vecinos. Denuncian que Santiago del Estero retiene caudal del Salado.
Como un reflejo triste de las guerras eternas entre tribus del desierto africano que comparten Somalía y Etiopía, donde vida y muerte se definen en el control del pozo de agua más cercano, las administraciones de Santa Fe y Santiago del Estero comienzan a mirarse con recelo por el dominio del cauce del río Salado, oasis que atraviesa la zona afectada por la sequía más cruda de los últimos setenta años.

“Por convenio entre ambas provincias debería llegarnos un caudal de tres metros cúbicos por segundo a través del Salado, después del paso de Colonia Dora en Santiago del Estero. Pero según los registros, ellos están dejando pasar sólo un metro”, aseguró el secretario de Sistema Agropecuario, Agroalimentos y Biocombustibles, Carlos Sartor, a Crítica de Santa Fe.

El intendente de Tostado, Enrique Fedele, aclaró que ahora el cauce es normal, pero cuando en la provincia vecina utilizan el aliviador de Colonia Dora como dique y sobrealimentan sus canales de riego, la bajante se nota veinte días después. “Sabemos por gente que fue a observar que otra vez están cerrando el paso y en poco tiempo lo vamos a notar acá, cuando ya sea tarde”, alertó el jefe municipal de esa pequeña ciudad ubicada en el noroeste santafesino.

El secretario provincial de Aguas, Hugo Orsolini, fue más cauto y señaló que existe “la hipótesis” de que se está reteniendo parte del caudal que corresponde a Santa Fe. Por eso, esta semana el funcionario sostendrá una reunión con sus pares de Santiago del Estero para chequear que la situación no esté fuera de los términos acordados.

Pero el intendente de Tostado advirtió: “Los santiagueños son unos mentirosos. Ya le avisé al gobierno de Hermes Binner que tenga cuidado porque dicen que van a dejar pasar el agua y no lo hacen. Para ellos, primero están sus vacas y el riego, no los seres humanos”.

La rivalidad en esa zona de límites entre provincias es histórica. Tanto, que hace cinco años en Tostado –cuando el Salado estaba seco– algunos pensaron en armar “brigadas” para cruzar a la provincia vecina y romper el dique santiagueño. Esa espiral de bronca se resolvió en el Ministerio del Interior de la Nación cuando en 2004 se firmó un compromiso entre Salta, Santiago del Estero y Santa Fe por el manejo del río. El acuerdo consiste en que lleguen a estas tierras los tres metros cúbicos que ahora se estarían regateando al otro lado de la frontera.

La disputa no es menor en medio del déficit hídrico que, de a poco, convierte al norte provincial en una zona no apta para la producción agropecuaria y también hostil para la vida humana: el agua potable escasea hace semanas en localidades de los departamentos de Vera y 9 de Julio y los camiones cisterna que llegan gracias al plan de emergencia que implementó el gobierno provincial no siempre alcanzan. Se trata de tres bombas instaladas en la zona de Tostado que suministran dos millones de litros de agua por día. Desde esta semana funcionará una cuarta bomba sobre la ruta 13 y el Salado. Unos 100 camiones se cargan con agua del río para repartir además entre 100 mil cabezas de hacienda comprometidas por la seca.

El principal movimiento en las rutas de la zona lo constituyen hoy los camiones que llevan agua a los campos, largas extensiones de tierra agrietada, rodeadas de yuyos secos y osamentas de ganado.

Primera llovizna del 2009. “El jueves pasado cayeron apenas unas gotas, nosotros necesitamos una lluvia de 150 ó 200 milímetros que llene las lagunas y cañadones. Desde marzo del año pasado que la esperamos y no llega”, lamentó Sartor, el secretario del Ministerio de la Produccción que debe remitirse, como cualquier vecino del norte provincial, a esperar una ayuda del clima. “El pronóstico no es alentador y en el verano los días son largos, con temperaturas de 40 grados”, reconoció.

Binner prorrogó esta semana la emergencia en los departamentos del norte y lo extendió a otros nueve del centro sur. Por lo pronto, nadie sabe cuánto más se puede agravar esta sequía que parece no tener fin.

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