El norte también existe

Primero inundaciones, ahora dengue. Políticos, sojeros y TV debieron asumir el drama norteño. Por Rosa Bertino Periodista.
A pesar de los avances tecnológicos y de los esfuerzos de las emisoras regionales, la TV dista de ser un espejo nacional. Mostrar todas las realidades es la asignatura pendiente del canal estatal que, por una vieja puja de intereses, llega por cable a la mayoría de las provincias y a veces con mala señal.

En una alegoría centralista, salvo excepciones, canal 7 (ex ATC) sólo se ve por aire en Capital Federal y un radio determinado de las provincias de Buenos Aires y La Pampa.

El resto del país sabe lo que pasa en su casa (un enorme avance, habida cuenta de que hasta los noticiarios eran porteños) y de todo lo que incumba al puerto y a la pampa húmeda.

El auge turístico y petrolero, y el hecho de que los Kirchner sean de Santa Cruz, lograron darle cierto espacio a la Patagonia. Hasta por ahí nomás, ya que las noticias sureñas suelen venir bastante "filtradas". Las que tienen que ver con la industria pesquera o con los glaciares, por ejemplo.

Desinformación. Desde el punto de vista socio-informativo, hace tiempo que el ancho norte argentino dejó de existir. Salta y Misiones (Cataratas del Iguazú) también son un polo turístico, pero con otro perfil.

La desinformación es un tema que tocamos cada vez que Jujuy trata de que alguien se entere del hambre que pasan. No lo consiguen ni encadenándose al cerro de Siete Colores, con cura y todo.

A lo sumo, la tele va, muestra la montaña y esquiva a los collas que arruinan el paisaje. Y enseguida vuelve al conflicto agropecuario, las huelgas docentes, la sequía pampeana y santafesina, la violencia en el conurbano bonaerense y las interminables internas políticas.

El norte en foco. Sin embargo, cual mandato bíblico, el norte revienta cada tanto y no hay más remedio que verlo. Primero fueron las fatales inundaciones en Tartagal que, junto con Orán y otros departamentos salteños, queda al norte del norte.

Hubo mucha solidaridad ciudadana, pero la tele se volvió enseguida a Buenos Aires, para atender los reclamos del campo. Y ahora el dengue en el Chaco.

Por alguna razón, Formosa ya ni siquiera produce malas noticias.

Oveja blanca. Aunque la cobertura de los diarios es más amplia que la televisiva, la pantalla chica se anotició del dengue y entró en pánico. A lo mejor es porque el mosquito ya está picando en Buenos Aires.

La ministra de Salud de la Nación, Graciela Ocaña, viajó al Chaco y corroboró que casi la mitad de los 2.500 y pico de casos registrados oficialmente en el país, corresponden a la zona de Charata.

Ocaña es una rareza del kirchnerismo, algo así como la oveja blanca. Es idónea, tenaz y le mete para adelante.

Con razón Néstor quiere que lo acompañe en la lista para diputados nacionales, con lo cual perderíamos a un buen funcionario. "¿Así que te aprietan para hacerte saltar?", le preguntó "Chiche" Gelblung en alusión a la embestida sindical para sacarla del medio.

"16 millones de argentinos pagan una obra social y muchos ni siquiera reciben el Programa Médico Obligatorio (PMO)", blanqueó "la Hormiguita". Y después hizo números: entre 50 y 500 pesos por cabeza se pierden en alguna tramo del trayecto Estado-Salud-afiliado.

Impacto. La entrevista Gelblung-Ocaña fue realmente interesante, porque ninguno tiene pelos en los oídos. Si hubieran ido aún más lejos, los espectadores sabrían que la bonanza sojera no sacó de la "malaria" a una gran franja del interior del país.

Los desmontes en la zona de Tartagal, para ganar hectáreas de sembradío, son al menos parcialmente culpables de los aluviones. Llovió y la tierra no tuvo de dónde agarrarse.

Chaco es aún más emblemático: en plena amenaza viral, la ministra de Salud, kinesióloga Sandra Mendoza, se tomó licencia tras discutir con su marido, el gobernador Jorge Capitanich. Éste supo participar de un pool de inversión sojera.

Charata ha sido uno de los escenarios del boom que llegó a relegar al tradicional y manual cultivo de algodón. Pero sigue sin agua potable (las napas están muy contaminadas), juntándola en aljibes y sobreviviendo a la buena de Dios. Casi como cuando todos eran wichis.

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