Un nombramiento inesperado.

Por Adrián Ventura.

La presencia de Julio Alak en el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos fue inesperada y abre varios interrogantes sobre las necesidades que tiene el Gobierno de completar el nombramiento de importantes jueces y mejorar la seguridad.

No puede cuestionarse el desembarco de Alak en Justicia, reprochándole algún hecho de su pasado o falta de experiencia política, pues es un hombre fogueado. También su personalidad puede facilitarle la gestión: es, sin duda, un hombre razonable y, tal vez, menos confrontativo que su predecesor, Aníbal Fernández, el nuevo jefe de Gabinete, que en varias oportunidades mantuvo una relación tirante con Ricardo Lorenzetti, el presidente de la Corte Suprema. Las dudas surgen, más bien, de la inicial falta de conexión de Alak con el área que ocupará.

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La cartera de Justicia tiene injerencia en varias áreas. En materia de designación de magistrados, los nombramientos se cocinan en el Consejo de la Magistratura y recibe la santificación de la Secretaría Legal y Técnica y en la Presidencia, sobre todo en lo que se refiere a los cargos más delicados ?como los de jueces contencioso administrativos y los penales?. En esa tarea, Justicia es sólo un lugar de paso de los pliegos de jueces.

Por eso, si se espera que Alak, un hombre que en Aerolíneas Argentinas reportaba a Julio De Vido, pueda llegar a tener un peso decisivo en la designación de magistrados, la propuesta parece superflua. Salvo, claro está, que la oposición lograra en el Congreso revertir la composición del Consejo de la Magistratura, en cuyo caso, sí, Alak podría ser visto como una salvaguarda de los intereses del Gobierno. Pero ésta es una jugada a mediano plazo, impropia de un Gobierno que está cada vez más aislado y que, por ahora, atina sólo a abroquelarse sobre los pocos hombres fieles que le quedan.

Alak tampoco parece tener suficiente conocimiento de las sutilezas que caracteriza la relación con el mundo judicial. La secretaria de Justicia, Marcela Losardo, desempeña esta fina labor con mucho éxito desde hace años. Sería un acierto de Alak aprovechar su experiencia.

Donde Alak tendrá la posibilidad de mostrar una gestión eficiente será en el área de seguridad. Fernández, antes de ser ministro de Justicia, se había desempeñado en la cartera de Interior. Por eso, durante seis años tejió una interesante relación con las fuerzas de seguridad. La clave que usó fue la de negociar con las cúpulas de esas fuerzas y respaldarlas, mientras no surgieran escándalos. Alak posiblemente recorra el mismo camino, con la ayuda de Fernández, con quien se conoce desde hace 25 años y con su propio aprendizaje.

Pero, para avanzar, deberá abordar dos asuntos: por un lado, darle transparencia a las estadísticas sobre inseguridad, que durante los últimos años fueron ocultadas por el Gobierno con más esmero que los datos del Indec y, por el otro, solucionar los graves problemas de inseguridad.

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