La noche en que el poder se divirtió

La noche en que el poder se divirtió
Empresarios, políticos y artistas acompañaron con algarabía a la Presidenta en la cena de la Casa Rosada
Florencio Randazzo agitaba los brazos en busca de mozos. "Champagne para todos", pedía, sentado en el lugar que apenas unos minutos antes había ocupado nada menos que Cristina Kirchner. Amado Boudou se sumaba al alboroto final del gabinete pegado a la modelo Valeria Mazza, que con su marido, Alejandro Gravier, se prendieron a la tertulia trasnochada del Bicentenario.

Eran las dos de la mañana y la mesa presidencial, que todavía conservaba un gran arreglo de rosas blancas y un círculo de pequeñas velas, se transformaba así en una barra de bar ante la ausencia del matrimonio Kirchner, que a esa hora ya se había retirado.

Mientras los ordenanzas levantaban los manteles y los candelabros con caireles que decoraron todo el salón, un grupo de funcionarios aprovechó para cerrar a todo jolgorio los festejos patrios. Se fueron recién pasadas las tres.

Guillermo Vilas, sentado del otro lado de Boudou, disfrutaba del champagne Barón B que la Casa Rosada había comprado para la esperada ocasión, mientras el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, se retiraba de la Casa Rosada hablando de la conformación de un fideicomiso con el empresario de Medios Sergio Szpolski. Un supuesto acuerdo que se negó a explicar a LA NACION.

"¡Siempre tan mal vestida usted!", le disparó en broma el actor Enrique Pinti a una Presidenta radiante, vestida de negro con el pelo recogido. La jefa del Estado largó una carcajada cuando lo escuchó, y le agradeció el chiste y la gentileza. "A mi me encanta. Siempre está divina", decía Pinti cuando se iba, apenas la Presidenta se había despedido de sus invitados, pasada la 1.30. Temeroso de sentirse ajeno en una cena más bien kirchnerista, el actor contó a LA NACION que se iba conforme. Lo sentaron en una mesa con amigos: estaba Graciela Borges, Nacha Guevara, Jorge Luz, Susana Rinaldi, China Zorrilla y los diseñadores Roberto Piazza y Gino Bogani.

"A mi me encantó. Con apenas tocarle la tela me di cuenta de que era genial", decía Piazza sobre la vestimenta de Cristina Kirchner, y preguntaba en su mesa quién sería el diseñador. No encontró respuesta. La ropa de la Presidenta suele ser un secreto de Estado.

Incomodidad

Anteanoche se la vio elegante, pero algo incómoda para caminar. La falda extremadamente acampanada, que formaba como un tutú de bailarina, le hacía complicado moverse con soltura.

Un hombre bajo y de andar sereno se le acercó a Ricardo Alfonsín, parado frente a la puerta espejada del Salón Blanco. "No lo quiero molestar, pero ¿usted se acuerda de mí?", le preguntó. Ante la negativa del diputado radical, que asistió a la cena como autoridad de la Cámara baja, el hombre se le arrimó al oído y se presentó. "Soy Enrique Eskenazi, mucho gusto", le aclaró el presidente de YPF, para su sorpresa.

Alfonsín salía jocoso de la cena. "Cristina me dijo que yo había sido el más lindo de la noche. Y el próximo habitante de la Rosada", se entusiasmó el hijo del ex presidente ante LA NACION.

Mauricio Macri, que sólo se llevó un frío "¿Cómo le va, ingeniero?" de parte de la jefa del Estado, se mostraba ofuscado por la demora en el ingreso a la Casa Rosada. Había sido citado a las 21.30 pero sólo pudo ingresar a las 23. Al salir, escribió en Twitter que había estado en una mesa "agradable" con los gobernadores de La Pampa, Oscar Jorge, y el kirchnerista de Formosa, Gildo Insfrán.

Pero la Presidenta, para sorpresa del jefe de la ciudad, también estuvo unos segundos a su lado. Fue cuando otro de los comensales, el empresario y rey de la soja Gustavo Grobocopatel, la invitó a sentarse.

Mesa de empresarios

Como no podía ser de otra manera, la mesa de Julio De Vido hablaba por si sola del poder del ministro de Planificación. Estaban junto a él los empresarios Eskenazi, de YPF; el ultrakirchnerista Cristóbal López; José Rodríguez Zarco, de Telefónica; Juan Carlos Lascurain, de la UIA; Enrique Wagner, de la Cámara de la Construcción; José Sanfeliu, de gas Natural BAN y Luis Morales, presidente de la Federación de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas. El único político que estaba allí presente fue el jefe del bloque de diputados kirchneristas, Agustín Rossi.

Sin lugar a dudas, la mesa de mayor algarabía en la cena que ofreció antenoche la Casa Rosada fue la de la pareja Mazza-Gravier. En ese lugar se sentó la ministra de Desarrollo Social y hermana del ex presidente, Alicia Kirchner. Varias veces los comensales alzaron las copas para brindar. Algunos con champagne, otros con vino Luigi Bosca.

Después aparecieron allí los ministros Randazzo y Boudou y cuando la Presidenta se fue junto con Néstor Kirchner, se los llevaron a la mesa central. Los cuatro, junto con Vilas, se embarcaron en un festejo final hasta que casi los alcanzó el amanecer en la soledad de la Casa Rosada.

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