La noche de guantes rosas

El triunfo de la Tigresa Acuña sobre la Locomotora Oliveras, por puntos, evocó los grandes momentos del Luna Park
Había pasado más de una hora de la finalización del combate y, en su camarín, la Tigresa Marcela Acuña seguía sonriendo ante las cámaras. Todavía con la ropa de la pelea puesta -short y musculosa forrados de tul celeste con aplicaciones de lentejuelas azules- y las uñas pintadas, apenas unos rasguños en una sien dejaban entrever que un rato antes había peleado durante diez rounds por el título mundial. Ella, sin embargo, firmaba autógrafos, se sacaba fotos con sus fans y respondía una y otra vez las requisitorias de la prensa. Siempre con una enorme sonrisa.

Anteanoche, la Tigresa derrotó por puntos a la Locomotora Alejandra Oliveras y logró la unificación de los títulos supergallo de la Asociación Mundial (AMB) y del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), en una pelea cuyo máximo atractivo estuvo en la escena mediática antes que en el ring. Esto mismo, no obstante, sirvió para que más de 9000 espectadores hicieran que el Luna Park vistiera como en sus noches más gloriosas.

"Esta pelea fue inolvidable, intensa y vibrante desde el principio", dijo la formoseña, exultante, todavía sobre del ringside. "El que ganó fue el público, porque vieron a dos mujeres que dejaron el alma y el corazón. Gracias Luna Park, este título es para todos ustedes."

Dos años tardó en concretarse el anhelado combate entre los dos máximos exponentes del boxeo femenino argentino. Desde aquellas apariciones de la Locomotora en Showmatch , el programa de Marcelo Tinelli, desafiando a su rival que participaba de Bailando por un sueño , comenzó a gestarse una rivalidad que se alimentaba con declaraciones desafiantes y subidas de tono. Distintos contratiempos (económicos, organizativos) dilataban la pelea, y así el cruce se limitaba al terreno de la dialéctica, frente a las cámaras. El carisma de ambas contribuyó a que el público, fuera amante del boxeo o no, se mantuviera en vilo con cada capítulo de la novela. "Somos dos damas. Lo que pasa fuera del ring forma parte de una guerra mediática. Pero arriba, cada una trata de ganar y ser la mejor boxeadora", explicó Acuña.

Finalmente, el esperado día llegó. Tanta expectativa y tanto cruce mediático favorecieron la concurrencia. El Luna Park casi a pleno lucía como en sus épocas de gloria. Es cierto: por primera vez dos argentinos se medían entre sí para unificar dos coronas. Leyendas del boxeo argentino como Santos Benigno Laciar, Juan Martín Coggi y Omar Narváez no quisieron perderse este hecho histórico.

El combate preliminar también tuvo color de rosa. De hecho, Yesica Bopp y la venezolana Ana Fernández usaron guantes rosa brillante. El triunfo por puntos de la diminuta Tuti (48,2 kg, 24 años) la consagró campeona interina minimosca AMB.

La primera en aparecer fue la Locomotora , con la camiseta de Gimnasia y Esgrima de Jujuy (de donde es oriunda) y un short símil pollera. Enseguida, la Tigresa , ovacionada por un público que la tenía como principal favorita. Los guantes dorados chocaron en el centro del ring y el combate comenzó. Como era de esperarse, Oliveras acometía sin dañar y Acuña contraatacaba sin prolijidad. La monotonía se reflejaba en el público, tan expectante como pasivo.

El quiebre se produjo en el quinto round, cuando la estrategia de la Tigresa rindió sus frutos y encontró el espacio en una contra de derecha, que derrumbó a su rival. Los espectadores, contagiados, estallaron. Desde allí, manejó el pleito a voluntad. Hasta se dio el lujo de jugar con la gente. El veredicto del jurado fue unánime.

"Siempre dije que la técnica y la inteligencia iban a poder más que la fuerza. Yo sabía que Alejandra iba a salir con todo y quise conectar mis propias manos al principio, lo que fue un error. Después de que la tiré encontré más blanco y me tranquilicé. Esa mano era la que estaba buscando en los primeros rounds", no se cansó de describir Acuña. "Yo siempre dije: soy la única reina de los supergallos. Esta noche subí como una reina y bajé nuevamente como una reina. Es más, con dos títulos."

En el vestuario ganador, la Tigresa seguía derrochando su carisma. "Ahora tengo que pensar en Jackie Navas [su próxima rival] y sólo después podré concentrarme de nuevo en Oliveras. Sí, va a haber revancha." Hasta entonces, ambas se ocuparán de cargar el ambiente de expectativa. Anteanoche, el Luna Park vivió otro capítulo histórico. Eso, acaso, sea lo que más importe.

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