Ningún Papelito

Banfield se ilusiona como nunca por el gol de Fernández, las delicias de Erviti, la seguridad de Lucchetti y la solidaridad de todos. Es puntero y candidato por la suma de sus partes.
El sol pega fuerte pero no lastima. Tampoco encandila. Los cuerpos transpiran, se abrazan, no resbalan en este sueño que va más allá de un amor de verano. Banfield está ahí, firme, fresquito y con piel de candidato. Se la banca. Y su gente se ilusiona, claro, en cuero, como debe ser, remeras en helicóptero, ese vuelo que te vuela la cabeza, que te lleva al éxtasis y sin escalas. Los hinchas están para eso, viejo, para vivir de emociones, siempre con el papel picado a mano. Aunque si quieren tirar esos papelitos al final de este cuento con aromas encantadores, lo principal que les puede pasar es que su equipo no sea un papelito.

El de Falcioni anda muy lejos de serlo. Su único papel es el protagónico, el que asumió desde el amanecer del Apertura. Julio César le imprimió su sello de entrada y encontró los intérpretes ideales para lo que él considera jugar bien. "No sé lo que es jugar lindo", avisa el padre de esta criatura, al mismo tiempo que Erviti, de los players más exquisitos de este fútbol argentino, se convierte en el patrón del único equipo invicto del torneo.

Sí, ya pasaron 13 fechas y nadie pudo con Banfield, un cuadro que se hizo imbatible a base de solidaridad, de sacrificio, de pasarle la pelota a un compañero, con todo lo que eso significa. No siempre ilumina la vista, casi nunca deja de ser efectivo. Y la efectividad no se reduce apenas a los que hacen goles. Luccheti, en el descuento de una final como era la de ayer, se estiró para arañar un balazo de Menseguez y eso valió tanto como cualquiera de los suficientes festejos simpáticos que aportan los uruguayos Silva y Fernández. Y Víctor López ya había metido otro de ésos que no se gritan, cuando le atrofió el olfato a Romeo. También Bustamente se la sacó en la línea a Civelli.

Es la suma de sus partes lo que hace puntero a este Banfield. Y esas partes, sin caer en la fanfarronada barata, creen interiormente que está naciendo un campeón. Al Taladro le quedarán todas finales, cierto, pero ya pasó dos de las más ásperas. Por caso, fue hasta el Nuevo Gasómetro y rompió el maleficio del 13, de los 13 años sin triunfos en dicha estancia. Y lo hizo sin el aporte goleador de Silva, quien esta vez se vistió de partenaire en la celebración de su compatriota yorugua, un Fernández como tantos, al que le dicen Papelito pero no es ningún Papelito.

Recién luego del triunfo ante el campeón de América, en la fecha pasada, los fanas se animaron con un tímido "que de la mano de Julio César, todos la vuelta vamos a dar". El canto se repitió ayer, aun sosteniendo esa mesura que obligan las cábalas. Las que no dejan decir más que un "estamos ilusionados".

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