Ningún candidato duerme en paz: ya van a la pelea por los indecisos

Por: Eduardo Aulicino

De manera temprana, las principales fuerzas políticas de la Provincia siguen de cerca qué ocurre con los indecisos y ajustan estrategias para dar pelea por esa franja del electorado. Puede parecer curioso, porque ese rubro figura en las encuestas con cifras razonables y hasta bajas, según la mirada de algunos consultores, pero la preocupación de los candidatos refleja un dato central de esta pelea: si los pronósticos son acertados, la disputa podría definirse por diferencias escasas.

No vale, entonces, descuidar ninguna pieza en el juego bonaerense. Los llamados indecisos, heterogéneo grupo donde se anotan desde los que no definieron su voto hasta quienes podrían no pasar por el cuarto oscuro, oscilan entre el 10 y 12 por ciento. Según una consultora que suele hacer trabajos para el Gobierno, esa cifra es similar en el desagregado por nivel social y resulta un poco más alta en el interior y en algunos centros urbanos grandes, dos geografías difíciles para el kirchnerismo.

El oficialismo exhibe de manera más notoria los cambios de formas con la idea de tentar a esos votantes para afirmar las diferencias a favor, que hoy parecen acotadas en la pelea provincial. Son unos pocos puntos, entre 2 y 5 según la mayoría de los sondeos, los que separan a Néstor Kirchner y Daniel Scioli de la lista que encabezan Francisco De Narváez y Felipe Solá. Más atrás, aparece la boleta de Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín.

El ex presidente aplacó formalmente su discurso, logró forzar la incorporación de jefes territoriales a las listas y se apoya sobre todo en el gobernador. Esas decisiones son parte del cambio de estrategia que se impuso en las últimas semanas el oficialismo frente a encuestas con pronóstico complicado para el 28 de junio. Por entonces, algunos relevamientos indicaban que la mayoría de los indecisos, ante repreguntas de los encuestadores, mostraba tendencia opositora.

"Hace un mes, se veía ese tendencia entre quienes no habían decidido su voto. Ahora hay que dejar decantar la nueva situación, con listas ya presentadas, cambios de estilo y la campaña en marcha", explica Eduardo Fidanza, de la consultora Poliarquía. Y agrega que habrá que ver cómo se mueve en su interior la franja decidida a no va a votar a Kirchner, que tiene dos opciones centrales y otras menores, y que en conjunto podría sumar dos tercios del electorado.

En la misma línea, surgen las hipótesis sobre los votantes que se vuelcan en las encuestas por algún candidato, pero admiten que podrían cambiar de opinión de aquí al día de las elecciones.

"No hay que mirar sólo al indeciso clásico, sino también a los que pueden variar de opinión por distintos factores, en una elección que no tiene el clima de una presidencial y permite mayor juego", dice Enrique Zuleta Puceiro, de OPSM. "El problema no son únicamente los indecisos, sino más bien los tironeados", apunta Hugo Haime, de Haime y asociados, en alusión a las franjas disputadas por varios candidatos.

En el caso de la lista K, aparecen en discusión con De Narváez votantes de tradición peronista. Pero el kirchnerismo no sólo debe cuidar ese costado: también tiene que ocuparse de lo que ocurre en lo que con sentido amplio se denomina centroizquierda, como el sector que postula al intendente Martín Sabbatella. En una disputa apretada, todos los "votos, de verdad, se cuentan de a uno", ironiza un legislador bonaerense.

Del mismo modo, en la vereda de enfrente se da una pelea que reedita la idea del voto útil: ¿el peronismo disidente o el acuerdo opositor Coalición Cívica-UCR es la mejor vía como opción frente al Gobierno?

Zuleta señala otro elemento sobre los cambios que aún pueden producirse en las tendencias de voto: son campañas de candidatos antes que de partidos. Eso, claro, en términos de imagen y publicidad. En otro plano, siguen pesando las viejas estructuras. Kirchner lo sabe: hace rato decidió privilegiar al PJ bonaerense y los caudillos locales.

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