Nietos nuestros

Al Ciclón la paternidad le queda chica: hasta relegados y resistidos se lucen y el destino lo asiste para que se regodee ante Boca. La fiesta que ya es clásica
Algo tiene que haber. Algún conjuro cósmico, un complot interplanetario, el gualicho de una señora despechada. Algo tiene que haber. Para que la imagen termine, la mayoría de las veces, con el maxipoderoso deglutiendo polvo, en el único historial que lo encuentra en inferioridad ante otro grande. Para que el desarrollo le permita a sus seguidores, otra vez, acunar a Boca de tribuna a tribuna, con 38 minutos de anticipación, ya desde el tercer grito. El gesto técnico más preciso lo pudo realizar el hincha que, anticipándose a los astros, le robó la muñeca a la sobrina (o prima, o hermana) y la enfundó en azul y amarillo. Folclore con premeditación y alevosía...

Algo tiene que haber. Para que San Lorenzo, con el contundente 3-0 de ayer, estire a nueve la ventaja en los enfrentamientos (incluidos internacionales) contra el Xeneize, para que la cortina de sonido del epílogo sea un clásico, el "hijos nuestros" que no pasa de moda en Boedo, como contra Huracán (terminó 5-0 entre los dos derbys consecutivos en goles a favor y en contra). Para que la historia le cuadre para la gastada completa. Porque es difícil pensar que alguien azuzó al can para que ingresara onda casual al campo en el entretiempo para que recibiera una ovación por ósmosis, al son del "Paleeermo, Paleeermo". O que existió una planificación para que Bordagaray, uno de los danzarines de vestuario junto a Alejandro Gómez, convirtiera el tercer tanto, de modo que el baile fuera más allá de la pelota en el festejo.

Algo tiene que haber. Para que justo contra Boca vuelva Cristian Leiva a la titularidad, que juntaba poca acción, y salteada, después del suceso de su faltazo post cruce ante Vélez, y encima se erija como una de las figuras del match, patrón con derecho a la ofensiva, al punto de que casi corona su faena con un derechazo que le sacó Abbondanzieri. O para que el Papu, ayer casi linchado verbalmente, del que ya se hablaba como emigrado después del ida y vuelta con la Platea Norte ante el Rojo y sus consecuencias, se retire reverenciado luego de una asistencia, en una jornada con altibajos pero, qué va, si las luces de la paliza alumbran hasta al último rincón del Nuevo Gasómetro. Sí, incluso el lateral izquierdo, aquél donde habita Aureliano Torres, el long play de los resistidos, quien arrancó con la falla en la doble jugada en la que se perdieron el gol entre Medel y Palermo, cosechando los silbidos habituales, y finalizó bañado en los aplausos generales, un banquete en su situación.

Algo tiene que haber. Para que con Romagnoli sólo en dosis homeopáticas no sufra en la generación, para que con apenas tres cabeceadores netos (Aguirre, Bottinelli, Pintos) gane en todas de arriba, y Tongas clave dos pepas cuando cantaba tres en el Ciclón; para que, cebados, los fans llegaran a soñar con un final a todo trapo con el simpático Orode. Algo tiene que haber. Y debe ser fuerte, che...

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