San Nicolás: La nueva Atlántida Crónicas de la tierra media

La tierra comienza a devorarnos. La ciudad que no supimos cuidar se hunde en sus cimientos cada vez que el cielo nos riega. Calles y veredas son engullidas por una obra de cloacas mal hecha. Es en este neo Apocalipsis donde aparecen los héroes, las profesiones destacadas. Trabajos en los que la vida pende de decisiones rápidas. Hoy haremos mención a los nuevos gladiadores del asfalto: los deliveries de pizza en un día de lluvia.
Existen varias profesiones de riesgo, trabajos únicos, solo para aquellos que desafían las leyes naturales de supervivencia y arriesgan la vida para cumplir con su función. Estos héroes contemporáneos, dedican el punto más álgido de su adrenalina para cumplir con tareas que otro mortal no haría. Pero, ¿qué sería de nosotros sin ellos? ¿Quién se encargaría de esas tareas imposibles si no fueran éstos amantes de la aventura? Rescatistas en las montañas, limpiavidrios de edificios, portero de embajada en Irak, dentista de tiburones, novio de Silvia Süller, etc. Todas estas profesiones implican poner en riesgo la existencia en cualquier momento, enfrentar cara a cara a la muerte a cada instante y decirle ¿con o sin aceitunas?, porque la profesión a la que nos vamos a referir hoy, es la de delivery de pizzas en San Nicolás, un día de lluvia.

EL NORTE se reunió con estos paladines de la fugazetta y compartió con ellos un día en los terrenos más escabrosos, más rebuscados e impredecibles que se puedan encontrar: nuestras calles.

Del Carmen

“Recuerdo cuando tuve que ir a Barrio Del Carmen a llevar dos de muza y una de palmitos“, rememora uno de los chicos levantando la vista al techo y reviviendo vaya a saber qué clase de momentos. “En realidad era uno de mis primeros trabajos y me gastaron una broma“. El resto de los entrevistados comenzó a reír y preguntamos cuál fue la misma. “Estos vagos (ponemos vagos pero en realidad dijo otra cosa, se imaginan) me dijeron que vaya tranquilo porque por calle Brown hicieron un mejorado para que pasara el colectivo”. Estalló una carcajada entre todos.

“¿Pero no es cierto que hay asfalto ahí?“, preguntamos inocentemente

“Sí, pero es preferible que sea de tierra nuevamente, me quedo mil veces con la carbonilla y no con eso. Está llena de cráteres papá, hacé de cuenta que estás cruzando en jeep por la frontera de Gaza. Y eso no es todo, cuando vi cómo era, me mandé por Morteo en la que están trabajando para hacerle asfalto”.

“Bueno, ¿esa estaba mejor?“ preguntamos tímidamente.

“Esa obra lleva más demoras que la construcción de las pirámides querido, había llovido hacía un par de días y parecía que me había metido en una pista de skate, empecé a colear y tirar barro para todos lados. ¿Sabés cómo quedaron las muzzas? Parecía que eran dos especiales de chocolate y granizado”.

La aventura está en la piel de estos intrépidos, dialogar con ellos es sumergirnos en ese mundo inesperado, en donde cualquier cosa puede pasar. Da envidia verlos hablar tan risueñamente de lugares que cualquier ciudadano común no podría lidiar. Las cicatrices y rengueras que denotan al moverse, nos dan la idea de que nadie sale inmune en este oficio.

San Cayetano

“Recuerdo cuando llevé una especial y una cuatro quesos a Barrio San Cayetano“, empezó a rememorar otro de los deliveries, “no había llovido mucho así que encaré confiado por Chacabuco, pensé que el envío era una papa“, enseguida lo corrige uno de sus compañeros -con más edad y experiencia, una especie de gurú para quienes trabajan sobre dos ruedas- “nunca hay que confiarse, cuando creemos que está todo resuelto, es cuando aparecen los problemas“; el resto asiente en silencio las sabias palabras.

“Y qué fue lo que te sucedió“ preguntamos

“Iba bien, patinando un poco pero bien, hasta que llegué a coronel Melián“ De golpe se interrumpe, uno de sus compañeros lo toma del hombro para que pueda continuar su relato, la atmósfera era tan pesada que podía cortarse con un cuchillo. “Ahí, bueno, fue como si hubiera una barranca, caí en un pozo de agua que cruzaba toda la calle, no entendía nada. Eso no era un camino, era como esas pesadillas en las que vas corriendo en calzoncillos por un terreno todo destrozado y que nunca llegás porque tenés un examen y no estudiaste nada“. La verdad que mucho no entendimos el sueño pero sí se percibió lo que era la calle. “Sé que están haciendo una obra de cordón cuneta desde septiembre del año pasado, pero yo pensé que ya tenía que estar terminada“.

El gurú lo corrige “Ya te dije, nunca demos por sentado nada”.

“Bueno, a pesar de la caída, la caja en las que llevamos las pizzas estaba intacta, así que golpeado como estaba, fui caminando todo dolorido por el barro y entregué el pedido. Porque no importa lo que pase, nosotros cuando tomamos este trabajo, sabemos los riesgos y las obligaciones que tenemos. Y nadie merece quedarse sin su porción por actitudes débiles”.

Comenzamos a aplaudir al heroico joven y el gurú se acercó a abrazarlo.

Colombo

“En esta profesión, como verá, vivimos situaciones límite, momentos extremos y la semana pasada, por un momento, creí realmente que era el fin“, el gurú de las pizzas hablaba con palabras lentas, trabajando cada sílaba, dándole el énfasis necesario a cada expresión. “Fue después de la tormenta, tenía que entregar dos de pepperoni y una napolitana en barrio Colombo, eso envíos me los dan a mí porque la zona es muy riesgosa, y no podemos mandar un novato a esos frentes“, se interrumpe para tomar un vaso de agua, visiblemente nervioso por la experiencia padecida.

“Continúe por favor“, pedimos, arriesgándonos a saber cosas que superen nuestra tibia concepción de la realidad.

“Yo amo esta ciudad, es mi terruño, donde nací, me crié y me hice experto en desafiar las leyes naturales de la gravedad al borde de mi vehículo. Pero ese día tuve la sensación de que el cielo nos había castigado“. Los ojos rojos del guerrero que solo merecen nuestro respeto.

“El pedido en particular había sido efectuado en calle Pedro Lista, así que tomando por “rompe-cuellos“ Perón, busqué por dónde acceder”.

¿Por qué “rompe-cuellos?, preguntamos

“¿No viste cómo está? Date un paseíto y vas a ver cómo te queda el cogote después de comerte tantas roturas en el asfalto. Pero lo importante no es eso, lo terrible vino después“. Castigos divinos de los que el hombre no aprende, pensamos al mirarlo desandar su relato.

“Cuando retomo por Pedro Lista, siento que la tierra empieza a temblar, y no era un terremoto. Había pozos de agua por todos lados y comencé a observar aterrado cómo la tierra hambrienta devoraba autos, camiones. La madre naturaleza nos degustaba escupiendo esa obra de cloacas mal hecha”. Había miedo en los ojos del gurú. “Fue un espectáculo desolador. Las veredas desarmándose, las grietas abriéndose paso. En un movimiento instintivo, solté mi moto a tiempo y observé impávido cómo ésta era engullida. Yo estaba bañado en barro y sudor y vi cómo desde las entrañas del polvo volaba el espejito de mi ciclomotor. Lo primero que pensé es que nos estaba pasando lo mismo que a la Atlántida. Que nos hundiríamos en el fondo de la creación“. Y agachó su cabeza dando por concluido el relato.

El mundo forja hombres de temple temeraria para que los simples mortales nos reflejemos en ellos y aprendamos de su ejemplo. Por suerte, la obra de cloacas -que estaba a punto de hundirnos en las entrañas de la esfera terrestre- ha sido suspendida hasta que arreglen el desastre que hicieron. Un punto positivo y de esperanza para aquellos que queremos seguir viviendo en una San Nicolás completita.

Comentá la nota