Nicaragua, polarizada tras el golpe hondureño

Crecen los choques de oficialistas y opositores
MANAGUA.? Los remezones del golpe militar que el 28 de junio depuso al presidente de Honduras, Manuel Zelaya, siguen sacudiendo a Nicaragua, donde los políticos usan el conflicto de sus vecinos como un arma para librar sus propias disputas internas.

Aunque el presidente Daniel Ortega insiste en que en Nicaragua es impensable un golpe debido a las raíces sandinistas de los militares, los sucesos de Honduras han intensificado la polarización política en el país y provocado una ola de violencia en esta ya dividida nación.

Mónica Zalaquett, directora del Centro de Prevención de la Violencia, afirma que la crisis de Honduras se ha convertido en un "instrumento político?? en Nicaragua, usado tanto por los sandinistas como por la oposición para promover sus plataformas. "El problema de Honduras podría ser una oportunidad para cambiar el modelo de resolución de conflictos por medio del diálogo, o podría conducir al caos y la violencia totales??, advierte.

Hasta el momento, no parece que el diálogo lleve la delantera. El 4 del actual, un grupo de cuatro legisladores opositores de Nicaragua intentó viajar a la frontera con Honduras para expresar su incomodidad con lo que llamaron la ??ocupación?? del norte del país durante dos semanas por parte de Zelaya.

Pero se vieron forzados a regresar antes de llegar al pueblo de Ocotal. Simpatizantes sandinistas y partidarios de Zelaya bloquearon su caravana en la ruta y atacaron sus autos con palos y piedras.

Cuatro días después, un grupo de sandinistas atacó una marcha pacífica en Managua y apaleó a un periodista, al que acusaron de apoyar el golpe en Honduras. Aunque la violencia fue condenada enérgicamente por la oposición política nicaragüense, por grupos de empresarios y por la Iglesia Católica, Ortega justificó el ataque al declarar que los manifestantes "gritaron a favor del golpe de Estado??.

Además, ha considerado el golpe en Honduras un ataque contra todos los miembros de la Alianza Bolivariana de los Pueblos de América (ALBA), un grupo de países con gobiernos de izquierda liderado por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

Los líderes de la oposición también están sacándole el jugo a la situación en Honduras, de la que echan mano para obstaculizar los intentos de Ortega de modificar la Constitución para seguir en el poder.

La legisladora María Eugenia Sequeira dijo que la situación en Honduras es "el primer síntoma visible de los abusos que Chávez está promoviendo en otros países". Eso debería servir de "señal de alarma?? para lo que está sucediendo en Nicaragua, agregó.

Los legisladores de la oposición han intentado presentar un proyecto de ley que solicita la expulsión de Zelaya de Nicaragua. Además, la Asamblea Nacional ha iniciado una investigación especial sobre la estadía de Zelaya en Ocotal.

Después de la agresión de los sandinistas a la marcha del 8 del actual, que, según Ortega, estaba a favor del golpe de Estado, las críticas al gobierno han subido de tono.

"[Los sandinistas] hablan de cambiar el modelo del país, pero el modelo que están imponiendo es de terror e intimidación??, dijo Gonzalo Carrión, del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos. Y añadió que Nicaragua necesita evitar por todos los medios entrar en un conflicto armado con Honduras, lo que "beneficiaría el proyecto autoritario de Ortega?? y le permitiría suprimir los derechos humanos en tiempos de guerra.

Ortega insiste en que no quiere una guerra con Honduras. Pero también ha dado señales contradictorias y ha declarado: "Si queremos la paz, debemos prepararnos para la guerra??.

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