*Neuquén tiene un lío bárbaro con los precios

Los colectivos son malos, aunque supuestamente baratos. Los taxis no alcanzan, pero son asimismo lo más barato que se puede aparentemente conseguir. La electricidad de CALF también cumple con estas premisas. Todo está bajó el control y decisión de un grupo de concejales que son dueños de los precios para proteger al pueblo. El pueblo, mientras, no cesa de quejarse amargamente.
Neuquén tiene un lío impresionante con los precios de los servicios, y una vez más vuelve a evidenciar la dificultad (y los perjuicios) que ocasiona a la sociedad aplicar un régimen de control estatal sobre los precios.

Ocurre con la tarifa de colectivos, la de los taxis, y ahora con la discusión sobre otro eventual aumento de la tarifa de electricidad que cobra CALF. El sistema político vigente, que consiste en que los precios de los servicios del transporte y de la electricidad (por ser una cooperativa) los fija el Concejo Deliberante, provoca inevitablemente demoras, frenos guiados por una presunta "justicia social" que defiende a los más débiles, y precios que finalmente terminan provocando un fatal desenlace: los servicios nunca alcanzan siquiera la categoría de "buenos", y la gente (el pueblo) que los concejales supuestamente protegen, viven quejándose y padeciendo servicios deficientes.

Cuando se menciona que eventualmente los precios podrían ser desregulados, es decir, fijados por el propio mercado y la competencia entre empresas antes que por un organismo político representativo como el Deliberante, se encrespan los ánimos del populismo vigente. Se vuelve a hablar del siniestro neoliberalismo, y de la década del '90 (donde los precios de servicios estaban igualmente regulados, como hoy).

Sin embargo, hay más gente de la que uno pudiera suponer que votaría por un control de calidad firme del Estado, con un ente controlador y un marco regulatorio para estos servicios (transporte, gas, electricidad, agua), pero dejando librado a la libertad de comercio el precio.

No hay que espantarse por esta posibilidad. Es lo que pasa con el pan, la carne, las verduras, las frutas, los automóviles, la ropa, los medicamentos, la quiniela, los cigarrillos, los vinos, las cervezas, los anteojos, los calzoncillos, los zapatos, las sillas, las mesas, los televisores, las clínicas privadas, los laboratorios, los anestesistas, los insecticidas, la prostitución, los paraguas, los preservativos, los teléfonos, las computadoras, la leche, la manteca, la margarina, el queso (¡qué caro está el queso!), los yogures para el tránsito lento, las lámparas, etc, etc.

Es decir, si se puede vivir y exigir calidad en todos los productos del universo global capitalista que pueden ser comprados por las personas, sin necesidad de que haya un concejal que lo decida ...¿porqué no se puede con los taxis, los remises, los colectivos, la electricidad?

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